domingo, 27 de diciembre de 2009

D. Aronofsky: THE FOUNTAIN


Es muy difícil hablar brevemente sobre esta película, una de las pocas en las que la lírica visual se impone a la narrativa; y donde la narrativa sigue el orden de las ideas, de los símbolos, y no de los hechos. Sin olvidar el empuje energético de la música de Clint Mansell.

Es más fácil explicar por qué la he escogido para estas fechas. La "fuente" explica el final. Sigo con la simbología del invierno y del año que se acaba. Algo acaba, algo empieza. En fin, el surtido de tópicos al respecto es, tal vez, interminable.

Pero además, si admitimos eso de que el tiempo y el espacio son conceptos irreales (como apuntan algunas teorías), nuestro principio y nuestro fin son otros, otra cosa. Hay algo que me limita, pero mi límite está en muchas partes, en muchos momentos, en múltiples leyes que acotan mi singularidad.

Entonces, ¿cuánto a mi alrededor está acabado? Lo que tengo delante lo percibo con unos límites ilusorios. Y entre esos límites he de rastrear algo más verdadero, que me permita entenderlo. De eso creo que trata (entre otras interpretaciones) esta película: cómo asumir lo que en esencia es inacabado o inacabable.


«Haya en el firmamento de los cielos luminarias para separar el día de la noche, y servir de señales a las estaciones, los días y los años; y luzcan en el firmamento de los cielos para iluminar la tierra»

(Génesis, 1, 14-15)

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jueves, 24 de diciembre de 2009

QUINO: la originalidad


Es curioso que sea precisamente en la noche más larga del año cuando se celebre la gran festividad del Nacimiento. Luego, será en la noche más corta cuando se idolatre el fuego de la destrucción del pasado:la Noche de San Juan (el joven). Cuando llega el invierno, la esperanza nos adivina una nueva oportunidad para que surja algo distinto, otra noticia, un ser nuevo (que nos redima).

Sin emabargo, ¿quién imagina realmente la dificultad de salir de lo malo conocido? Nuestra sociedad (por hablar en términos suaves) se confabula para que cada cual siga siendo lo que siempre ha sido, lo que se supone que debe ser. Es más, garantizamos que las nuevas criaturas serán tal y como está previsto, como el fondo de nuestro ser desea que sea para nosotros. E insisto: para nosotros.

Generaciones enteras se consideran, una tras otra, libres, llenas de rebeldía, innovadoras. Espejismos que le llevan hacia lo que sus orígenes les han marcado como siguiendo un camino de baldosas amarillas. Sólo unos pocos consiguen salirse de la senda, transitar las regiones inexploradas, la guarida de los dragones.

Y ya sabemos cómo tratamos a quienes miran hacia atrás en la caverna...


¡¡Feliz Navidad!!


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lunes, 21 de diciembre de 2009

Piazzolla: OBLIVION



Creo recordar haber entendido, en alguna revista o en alguna entrevista, que veían activarse las mismas zonas del cerebro cuando una persona rememoraba un acontecimiento o cuando imaginaba unos hechos futuros. Lo cierto es que no sé si lo recuerdo o me lo estoy inventando. Memoria y deseo están unidos: pensar que recordamos lo que somos y no lo que nos gustaría haber sido es una ingenuidad. Y después de tantas historias, dónde realmente empieza la mía.
Más claro que el recuerdo parece el olvido: el lugar en el pensamiento al que no se nos permite acceder. ¿Realmente Piazzolla quería musicar el olvido? No sé si la necesidad de olvidar, el desconcierto de no haber olvidado o la desazón de ser el objeto de un olvido. Querer olvidar es empeñarse en recordar, como esa garúa (##), esa fina lluvia que envuelve de frío hasta lo más profundo... el recuerdo se adhiere como si fuera el olvido.
Platón decía que el alma al nacer olvida todo lo del mundo y debe poco a poco volver a recordar. Eso es el aprendizaje, un volver a encontrar lo que ya estaba pero habíamos olvidado: Borges, Shakespeare, Ende, Li Bai, Miguel Ángel... llevan siglos ahí, y ahora los recuerdo como si siempre hubieran estado conmigo. Nací en la cuna de la ignorancia, moriré amortajado por el olvido.
Oblivion es una música melancólica, cargada de nostalgia. El bajo puntea su ritmo de tango como si pulsara el corazón. Las cuerdas respiran un aire de niebla que va y viene; pasean por el mar, ondulan, y algún rizo arremolina el paso fugaz de ecos extraños. Y sobre ellos, el bandoneón con su fraseo entrecortado, ágil, tal vez irracional. ¿Quién sabe de qué habla? Pero lo más sobrecogedor es su parte central, de una melodía nítida, sencilla y cadenciosa. Las cuerdas imponen su ley y son abrazadas por el bandoneón. Es ahí donde el olvido, o el recuerdo, se vuelve algo maravilloso, donde la tristeza se torna un placer, donde el mundo, a pesar de todo, se sabe hermoso. Y, como suele suceder con Piazzolla, la música va dejándose caer en una profunda tristeza.
Olvídate, un nuevo momento nace en este instante. No ha oído nada del mundo, el olvido lo envuelve como una tibia matriz. ¿Quién sabe qué recordará? ¡Qué hermoso será verlo tejer como una corona su memoria entre las flores!

¡Feliz solsticio de invierno!

domingo, 6 de diciembre de 2009

J. L. Borges: La biblioteca de Babel

El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco[1]. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza uniforme y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice "Oh tiempo tus pirámides". Ya se sabe: por una línea razonable o recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Este dictamen, ya veremos, no es del todo falaz.)

Jorge Luis Borges: La Biblioteca de Babel (en Ficciones)


"El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, tal vez infinito, de Galerías exagonales..." Ya he colocado arriba un enlace para poder leer el texto completo; pero también podéis acceder a una versión digital de Ficciones.
Una vez más, sigo recopilando argumentos que apoyen la labor del comentario de texto; a pesar de que, como veremos, "no es del todo falaz" la idea de que los libros nada signifiquen en sí.
Borges ha deshilvanado el concepto de cuento o de relato para crear algo así como artículo de ficción, exposición ficticia, que a fin de cuentas sólo podríamos llamar "ficción borgiana". ¿Quién como él puede en un sólo párrafo entrecuzar tantas alegorías de tantas cosas: ciencia, política, psicología, religión, filología...
Entrar en el universo Borgiano es entrar en un laberinto en el que puedes encontrar cualquier cosa, lo más inesperado. Y nunca entrarás dos veces en el mismo laberinto, aunque lo hagas desde el mismo relato: éste es sólo la puerta. Intentar aclarar todas las lecturas posibles nos llevaría horas y horas (tal vez lo haga, con el tiempo, a través de los comentarios).
Me voy a limitar a colocar aquí algunos enlaces sobre la estructura del universo y la teoría de la información. En otras ocasiones hemos hablado de la multiplicidad de lecturas y del universo como entrecruzamiento de isotopías.

(Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admita la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor.
Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?)

Jorge Luis Borges: La Biblioteca de Babel (en Ficciones)
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jueves, 3 de diciembre de 2009

Li Bai: Poema báquico


Hay entre las flores un jarro de vino
del que he de beber solo, pues no están mis amigos.
A la luna brillante dirijo mi brindis;
luego invito a mi sombra: ya somos tres.

La luna, sin embargo, no sabe beber,
y mi sombra no hace más que imitarme.
Al menos por ahora, la sombra y la luna serán mi compañía.
¡Hay que divertirse en esta primavera!

Mientras canto, la luna sigue bailando.
Cuando danzo, mi sombra se derrama.
Mientras siga despierto disfrutaremos juntos;
cuando ceda a la embriaguez, cada cual se irá por su lado.

Seamos así siempre, amigos libres de pasiones;
en el gran río de estrellas tenemos una cita.


Li Bai (también Li Po, Li Tai Po), 701-762. Poeta de la dinastía Tang.


 
El vino es uno de los temas emblemáticos de la poesía, y lo es aún más en la tradición china. Y todavía más en el caso de Li Bai, quien confunde autor y personaje en la leyenda de su perpetua embriaguez. El vino es el símbolo del conocimiento misterioso, de la verdad revelada. Para la tradición oriental, el vino es la esencia liberadora, que permite al pensador liberarse y olvidarse de las ilusiones del mundo: vaciarse para llegar al Nirvana budista o al Tao ancestral. Así podemos conectarlo también con el poema de Shuhayd.
No se utiliza el vino como una simple satisfacción hedonista, ni para alejar la tristeza; ni siquiera para aliviar la soledad, como parecería dar a entender este poema. el vino es el símbolo de sabiduría, de la intimidad, de la conexión con la verdad de uno mismo. Como cita Georges Margouliès: «La ebriedad no está en el vino; es el gozo del paisaje lo que penetra el corazón y se manifiesta a través del vino».
Teniendo esto en cuenta, deberíamos entender bien la legendaria muerte de Li Bai, ahogado en el río Yangzi, cuando quería abrazar el reflejo de la luna.


Enlaces de interés:
  • Una página que reúne traducciones de este poema, es realmente estupenda.

  • Un comentario del poema por Gonzalo Vadivia Dávila.

  • Un artículo sobre la figura de Li Bai, por Gotardo J. González.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Shakespeare: Soneto CXLVII

My love is as a fever, longing still
For that which longer nurseth the disease,
Feeding on that which doth preserve the ill,
The uncertain sickly appetite to please.

My reason, the physician to my love,
Angry that his prescriptions are not kept,
Hath left me, and I desperate now approve
Desire is death, which physic did except.

Past cure I am, now reason is past care,
And frantic-mad with evermore unrest;
My thoughts and my discourse as madmen's are,
At random from the truth vainly express'd;

For I have sworn thee fair and thought thee bright,
Who art as black as hell, as dark as night.


De alguna manera, con esta joya monumental del gran maestro inglés, engarzamos varios de los temas que hemos venido arrastrando hasta aquí desde que comenzó el curso. En este poema vemos ilustrado lo que Platón describía en cuanto al exceso de leyes “insanas”. También vuelve aquí la idea de Paul Auster de que el ser humano se alimenta de ideas, de historias, (en este poema, de sus propias pasiones). El enredo del Laocoonte en su deseo, en su placer, en su muerte, se ve aquí enredado en un desengaño que no nos puede dejar de recordar a Catulo y Lesbia, a Cavaradosi y Tosca. La luz y la oscuridad, también juegan aquí y nos recuerdad que lo que creemos real es falso, pero que incluso las mentiras proceden de la Verdad, como el fuego de Shuhayd o la Fantasía de Ende.
Realmente, no lo iba buscando. Shakespeare surgió con su verso rotundo, anudando ideas. Dando lecciones. A pesar de que aparentemente trata un desamor típico de la poesía, no noto en Shakespeare el tono de queja de la mayoría de los poetas. Hay en él siempre como un análisis, como una ironía que desborda el sujeto lírico. Pone un cebo al hombre apasionado para que comprenda, fría y racionalmente, su pasión. Sí, como un barroco desafía las apariencias, pero sus palabras no son las de un descreído. Es un Maestro.
Aporto una traducción lo más literal que he podido, porque la mayoría de las traducciones que he visto se empeñan en el endecasílabo. Son adaptaciones, versiones libres. Lo mejor, por supuesto, es atender al original y sus matices; quien pueda será un auténtico privilegiado.
Apunto aquí una página que se dedica a glosar las referencias y alusiones que va haciendo el poema.
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Mi amor es una fiebre, que se mantiene incesante
Prolongando con cuidados su dolencia,
Nutriéndose de aquello que preserva su enfermedad,
El dudoso apetito nauseabundo del placer.

Mi razón, el médico de mi amor,
Furioso porque no sigo sus prescripciones,
Me ha abandonado, y desesperado ahora lo compruebo:
Deseo es muerte, que el médico apartó.

Ausente de cura estoy, cuando la razón está ausente,
Y una frenética locura me ha quedado para siempre;
Mis pensamientos y mi discurso son como los de un loco,
Al azar desde la verdad vanamente expresados;

Pues juré que eras clara y te creía brillante,
Cuando eres negra como el infierno, oscura como la noche.

domingo, 22 de noviembre de 2009

El cuentacuentos: Hans, mi pequeño erizo


No duden en considerarse afortunados los que crecieron al amparo de esta serie. Una auténtica obra maestra creada por Jim Henson y Anthony Minghella. Bueno, tal vez esté algo influenciado por la emotividad; seducido por el gran John Hurt (el narrador) y el estilo elegante y envolvente de las imágenes, que se transformaban unas en otras al ritmo fluido de las palabras.
Este es, sin duda mi cuento preferido de toda la serie, junto al del "El soldado y la muerte". Nos recuerda a cuentos como "El patito feo", "La Bella y la Bestia": el niño encuentra aquí satisfecha su ilusión de singularidad. Soy especial. Mi torpeza esconde una gran belleza. Quienes me castigan por ser malo acabarán queriéndome, porque en el fondo soy bueno. En fin, esas complacencias que tienen los cuentos.
Pero además, también este cuento apunta hacia la fuerza del deseo, que nos atenaza hasta grabar nuestra figura en el suelo, que nos hace perdernos en bosques laberínticos en busca de quién sabe qué, un deseo de graves consecuencias que nos hacer ser lo que somos. Y el valor de la palabra dada.
Aquí traigo la versión escrita, para poder trabajarla directamente con las palabras, como ha de ser en un cuento.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Frustración y deseo; cuerpo y espíritu. PUCCINI

Es llamativo como el propio director de la orquesa ha frenado en seco la música (una fúnebre coda realmente elegante) para dar rienda suelta a los aplausos. ¿Qué aplauden? Una pieza musical archiconocida, una ejecución perfecta... pero también el simbolismo de esta aria.

En pocos poemas se nos muestra tan claramente el apego al goce, la ilusión magnífica de la imagen femenina. La madre deslumbrante que nos ha sido arrebatada. La angustiosa sensación de que la vida ya está perdida. Y sin una palabra podemos realmente percibir el gesto de lamento, el alma dividida, el pulso de la pasión, la melodía arrebatadora; pocas arias son tan melancólicas como esta... el goce del placer perdido.

Ese es nuestro origen, y el origen de la conciencia. Nuestro verdadero parto al ser.

Mario Cavaradosi:
Y brillaban las estrellas,
Y olía la tierra,
Chirriaba la puerta del huerto,
Y unos pasos rozaban la arena...
Entraba ella, fragante,
Caía entre mis brazos...
¡Oh, dulces besos! ¡Oh, lánguidas caricias,
Mientras yo, tembloroso,
Sus bellas formas desataba de los velos!
Se desvaneció para siempre mi sueño de amor...
La hora ha pasado...
¡Y muero desesperado!
¡Y muero desesperado!
¡Y jamás he amado tanto la vida!
¡Tanto la vida!

Giacomo Puccini: Tosca,
con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa

* * *

Giacomo Puccini: Turandot,
con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni


El príncipe desconocido:
¡Que nadie duerma! ¡Que nadie duerma!
¡También tú, oh Princesa,
en tu fría habitación
miras las estrellas
que tiemblan de amor y de esperanza...!
Pero, mi misterio está encerrado en mí.
¡Nadie sabrá mi nombre! No, no.
Sobre tu boca lo diré
Sólo cuando la luz brille.
¡Y mi beso fulminará el silencio
Que te hace mía!

Voces en la ciudad:
Nadie sabrá su nombre...
¡Y nosotros, ay, deberemos morir, morir!

El príncipe desconocido:
¡Disípate, oh noche! ¡Tramontad, estrellas! ¡Tramontad, estrellas!
¡Al alba venceré!
¡Venceré! ¡¡Venceré!!

Y he aquí el deseo de la luz brillando entre la inquietud de la noche.

En oposición o como continuación del sentimiento del aria anterior, por el mandato de la terrible princesa todos hemos de permanecer despiertos, mientras no se resuelva el misterio. El deseo permanece en tanto lucha por averiguar lo indescifrable. De esa manera, aún sabiendo que la culminación será imposible, la madre irrecuperable y que la muerte inevitablemente dejará incompleta la búsqueda, así triunfa la esperanza. El incómodo mal que nos lleva a la victoria, a la verdad.

También aquí el sentido de la música se envuelve de triunfalismo y confianza. Los tonos severos de la ley principesca se tornan claros y optimistas para conducir al tenor. A diferencia del aria anterior, la música ahora parece empujarse a sí misma y envolverse a un tiempo en una gasa mágica, como de cuento.

Y la música no cesa. Su deseo se impone sobre el goce del público.


domingo, 15 de noviembre de 2009

Multiplicidad de lecturas. Ibn Shuhayd

//Cuando vi que llegaba la noche fría y oscura, que los vientos se arremolinaban,
//y que las manos del cierzo gélido cubrían rápidamente a las calvas colinas con un turbante de nieve,

//yo alcé dos fuegos para el caminante de la noche, quien vio dos rayos de luz converger bajo las estrellas,

//y avanzó con el estómago helado y sin manos para defenderse de los infortunios.

//Le dije: “¿cómo vienes a la humareda?” -Contestó: “¿acaso existe algún fuego que no tenga humo?”

//Lo conduje hacia las brasas que despedían para el huésped un fulgor relampagueante, distinto del yemení.

//Mientras él bebía, yo le daba bocaditos de pollo y de cordero.

//No cesó de comer ni de beber alternativamente, hasta que, saciado su apetito, deseó dejarlo.

//Le di una manta y se tendió en su litera; sus mejillas echaban llamas por el vino.

//Continuó enamorado de la estancia, mientras nosotros le atendíamos con alegría, con afabilidad y agradables palabras.

//Sobre él ascendían sahumerios de áloe verde como un viento cargado de nubes.

//Hasta que él mismo quiso marcharse porque añoraba reunirse con su familia.

//Yo le proporcioné remedio a su situación necesitada, y él me proporcionó fama por todas partes.

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Abu Amir Ibn Shuhayd (Córdoba, 992-1035)
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Este texto es un buen complemento a la entrada anterior. Después de la hostil incertidumbre de las serpientes de Laocoonte, resultará bien agradable la hospitalidad de este poema. Sin embargo, Ambos guardan en común la posibilidad de ser abordado desde diferentes interpretaciones. Según la simbología que le otorguemos a los elementos del poema, así estaremos tratando uno u otro asunto.
Ya sobre la foto de Berenice Abbott comentamos cómo, con el tiempo, podemos sacar interpretaciones distintas de un mismo texto. También aquí es así. Han pasado más de diez años desde que descubrí a este poeta andalusí en la Facultad, y muchas cosas han cambiado. Pero lo que me interesa esta vez es la variedad de perspectivas que se pueden tomar atendiendo a la "polisemia" de símbolos como la oscuridad, el fuego, el vino...
La propia naturaleza de la poesía árabe se presta a esto. Las rigurosas normas que atenazan la composición (la compleja métrica árabe, la rima y rimas internas, el género escogido, los tópicos prácticamente obligatorios) obligan a sus poetas a todo un alarde de genialidad para entretejer algo distinto y profundo. Shuhayd era uno de estos genios, capaz de renovar e iniciar una nueva tendencia sin desgajarse de la tradición clásica. Junto con Ibn Hazm y Ibn Zaydun, son los tres grandes nombres de a lírica culta andalusí.
En cuanto a las interpretaciones, tomando como punto de partida todas las fases de la hospitalidad según el poema, podrían enfocarse desde estas perspectivas:
  • El amor: También el amor en la poesía árabe está codificado. Shuhayd es todo un maestro en fusionar el amor udrí (platónico) y el amor ibahí (pasional), unión que de antemano parecería imposible. ¿Cómo puede haber tanto placer en un amor tan casto? Pero este amor surge de la desesperación de la noche, de la esperanza y el deseo del amante, y culmina con la libertad del amado. ¡Qué lejos del amor posesivo que tanto impregna a los seres humanos! ¿Cómo es aquí el proceso amoroso?
  • La educación en el sentido de proceso de enseñanza: Si miramos la noche como el estado de la terrible ignorancia, ¿cómo interpretar todos los agasajos del huesped? Y cuando el alumno se siente preparado, ¿por qué vuelve precisamente a la familia? Y no podemos pasar por alto una relación más profunda entre la fama como cultura (no como popularidad), tradición, símbolo.
  • El proceso poético: Evidentemente, el poeta trata el poema como al propio huesped. Agasaja su texto para que el lector se enamore de la obra. Cualquier obra de arte lanza sus luces para nosotros, caminantes de la noche. Y una vez más hemos de reflexionar sobre ese volver a casa y esa fama.
  • La historia, la personal en la Historia: No podemos dejar de lado que la Fitna que destruyó Córdoba es uno de los temas recurrentes en Shuhayd. ¿Es acaso la intimidad de la persona la verdadera alternativa a los desastres de la sociedad?
  • La moral noble: Nos recuerda mucho al sentido de la hospitalidad griega que Homero describe en la Ilíada (véase el episodio entre Glauco y Diomedes). La moral del hombre noble, que ha de usar su posición para, no ya aliviar, sino "ennoblecer" al desvalido, es todo lo contrario de las mezquindades que vio durante la Fitna.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Laocoonte


Grupo escultórico "Laocoonte y sus hijos",
atribuido a Agesandro, Atenodoro y Polidoro de Rodas (entre el siglo III y I a. C.)



¿Por qué Troya ha de caer?
Ha de ser así. Si Laocoonte hubiera sido fiel a la ley de Apolo, Troya se hubiese salvado. Se cumple la ley de manera trágica. Los hijos de Laocoonte son destruidos y Troya consigo.
* * *
En el siguiente documento analizo una de las obras cumbres del Helenismo. Siempre me ha fascinado esta imagen patética del ser humano enredado en su lucha personal.
En este documento separo los elementos formales y constructivos que me parecen más interesantes. Intento explicar el porqué de cada asociación. Y además: ¿qué simbolizan aquí las serpientes?, ¿qué simboliza Laocoonte, sus hijos, su lucha, su sufrimiento? ¿Cómo hemos de entender el mito del gran caballo de madera en relación con este personaje y con la destrucción de Troya?
Realmente, el resultado ha sido un texto algo farragoso (también como enredado entre serpientes). En él se acaban deduciendo algunas reflexiones sobre: la estructura nuclear, el valor del conocimiento, el deber y la culpa, la educación generacional, la herencia de Occidente...
Este es el estudio:
Esta escultura del Laocoonte es al arte griego, lo que nosotros al mundo griego. Analizamos, pues, su legado: nuestra peculiar tragedia (o comedia).
Y aquí algunos enlaces interesantes.
  • El artículo de Wikipedia, usual punto de partida. En él tenemos información sobre la historia de esta escultura, sobre el mito de Laocoonte, y también una interesante bibliografía.
  • Una reflexión de Goethe sobre la composición de esta obra.
  • Una traducción del texto de Virgilio, un fragmento de la Eneida, en el que se describe la escena de la escultura.
  • Un repaso histórico a la iconografía del episodio de Laocoonte, a través de sus fuentes literarias.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Michael Ende: La Historia Interminable

–¿Me preguntas qué serás allí? ¿Y qué eres aquí? ¿Qué sois los seres de Fantasía? ¡Sueños, invenciones del reino de la poesía, personajes de una Historia Interminable! ¿Crees que eres real, hijito? Bueno, aquí en tu mundo, lo eres. Pero si atraviesas la Nada, no existirás ya. Habrás quedado desfigurado. Estarás en otro mundo. Allí no tenéis ningún parecido con vosotros mismos. Lleváis la ilusión y la ofuscación al mundo de los hombres. ¿Sabes, hijito, lo que pasará con todos los habitantes de la Ciudad de los Espectros que han saltado a la Nada?
–No –tartamudeó Atreyu.
–Se convertirán en desvaríos de la mente humana, imágenes del miedo cuando, en realidad, no hay nada que temer, deseos de cosas que enferman a los hombres, imágenes de la desesperación donde no hay razón para desesperar...

En las últimas conversaciones, vuelvo a enredarme en la fuerza de la palabra. El discurso creado por el hombre que acaba dominándolo, arrastrándolo por derroteros insospechados. ¿Culparíamos a la palabra del genocidio atroz ejecutado por los nazis? ¿Es la palabra la causa primera de la decadencia moral de tantas épocas? ¿Cuántas ideas nos han hecho más daño que un vendaval, una sequía o un terremoto?
El ser humano ha ido creando ideas (el discurso mismo ha ido creándolas), igual que cultiva grano o alimenta sus gallinas. Vive de ellas. La ciencia nos dio un método para dominar las ideas, hacerlas andar por un camino preciso. Pero antes, cuando el mundo era oscuro, el lenguaje creó cientos de criaturas fabulosas para intentar comprender la verdad. ¿Qué es el miedo? ¿Por qué la ira? ¿A dónde va la pasión? Tantas preguntas que aún no atinamos a comprender...
Esas criaturas antiguas siguen hablando. A pesar de la mecánica consumista, de la tecnología que nos domestica, de las leyes morales que acatamos sin darnos cuenta y nos convencen... mejor no pienses. La fantasía nos atrae tanto como en los primeros tiempos. Como decía Paul Auster, somos como en la infancia de la civilización: seguimos necesitando que nos cuenten una historia; a ser posible, nuestra historia.

–Calma, pequeño necio gruñó el hombre-lobo–. En cuanto te llegue el turno de saltar a la Nada, serás también un servidor del poder, desfigurado y sin voluntad. Quién sabe para qué les servirás. Quizá, con tu ayuda, harán que los hombres compren lo que no necesitan, odien lo que no conocen, crean lo que los hace sumisos o duden de lo que podría salvarlos. Con vosotros, los pequeños fantasios, se harán grandes negocios en el mundo de los hombres, se declararán guerras, se fundarán imperios mundiales...
Gmork contempló al muchacho un rato con los ojos semicerrados, y luego añadió:
–También hay una multitud de pobres zoquetes, los cuales, naturalmente, se consideran a sí mismos muy inteligentes y creen estar al servicio de la verdad, que nada hacen con más celo que intentar disuadir hasta a los niños de que existe Fantasía. Quizá tú les seas útil precisamente a ellos.
Atreyu conservó la cabeza baja.

Michael Ende: La historia interminable.“Capítulo IX. La ciudad de los espectros”

domingo, 18 de octubre de 2009

R. Scott - R. Hauer: Blade Runner



Esta película del maestro Ridley Scott, y en particular este monóligo ideado por el propio actor Rutger Hauer, ha marcado a toda una generación. Abrió definitivamente un camino en el cine de ciencia-ficción, cogiendo el testigo, eso sí, de clásicos como 2001, de Kubrick, o Metrópolis de Fritz Lang.
Sobre esta escena podíamos estar parloteando páginas y páginas. Cada palabra, cada detalle, cada movimiento podría llevarnos por derroteros sorprendentes. Esta escena parece realmente un cruce de caminos dialéctico, donde se encuentran estilos, doctrinas, filosofías, incluso cuestiones científicas. No es extraño. Todos sabemos el poder de esta encrucijada.
Dejo aquí algunos apuntes sobre los tres elementos que personalmente más me impresionan de la escena.



Es toda una experiencia vivir con miedo. ¿Cuál es la diferencia entre una mano que nos empuja a morir y una mano que nos muestra el camino inexorable de la muerte? Desde el principio vivimos sometidos a nuestras pasiones, como urgentes animalillos. A ellas nos aferramos como a un clavo ardiendo. Y en nuestra ignorancia creemos poder separar el amor del miedo, la ira de la diversión... Si miramos bien, todas las pasiones se enredan. No es tan fácil separar goce y angustia, el odio, en definitiva, el miedo. Anhelamos la libertad, pero el ser humano no podrá ser libre mientras siga siendo esclavo de sus propias pasiones.

TDK. El mismo brazo que tememos, que nos muestra nuestra vida pendiente de un clavo ardiendo, de repente nos alza, poderoso, magnánimo, y nos eleva hasta el lenguaje: ese hermoso replicante creado por el hombre. Una vez allí contemplamos una verdad que no está en el discurso mismo, sino que brilla misterioso detrás de él, lo ilumina. Un nuevo mundo. La belleza. No la belleza de las apariencias donde todo se une en una ilusoria armonía; sino la belleza misteriosa de una singularidad que reconocemos, pero que sabemos irrepetible.

Lágrimas en la lluvia. Ciertamente, todas nuestras palabras se pierden en el discurso, en el gran discurso del mundo. Así nuestras pasiones, nuestros problemas mundanos, nuestros pensamientos y opiniones, se enredan, se diluyen, se pierden. Pero desde el lenguaje vemos que eso somos: un singular tramado de recuerdos irrepetibles, efímeros, que con nosotros desaparecerán. Y si ya estamos diluidos, sin nuestras pasiones, sin nuestro discurso, sin todo lo que está ya perdido... ¿qué queda, qué somos, qué soy? He ahí el ser, interrogante.


Una vez más, dejo algunos enlaces que pueden resultar interesantes como acercamiento a este hito de la historia del cine.
  • La decisión de Roy. Un interesante artículo que compara el papel de los replicantes en la novela original de Phillip K. Dick y en la película de Ridley Scott.
  • Una rápida visión de conjunto.
  • Un estudio de género en un libro sobre lenguaje cinematográfico.
  • Un guión didáctico con interesantes puntos de partida junto con algunas exóticas interprentaciones.
  • Una pequeña reflexión sobre arte y memoria.
Finalmente, coloco un enlace a youtube para que estalle la impactante música de Vangelis de los créditos finales.



domingo, 11 de octubre de 2009

Catulo: Vivamus , mea Lesbia

Vivamos, Lesbia mía, y amemos,
y las murmuraciones de los severos ancianos
nos importen todos un simple as.
Los soles pueden caer y resurgir:
nosotros, en cuanto caiga la breve luz,
hemos de dormir una sola noche perpetua.
Dame mil besos, luego cien,
luego otros mil, luego añade cien,
luego en seguida otros mil, luego cien,
luego, cuando tengamos muchos miles
los revolveremos, para que no sepamos
o ningún malvado pueda ambicionarlos
cuando sepa que tantos fueron los besos.

Canciones, V
Cayo Valerio Catulo (87-57 a.C.)



Ahora mismo, pienso que el adjetivo que mejor describe este poema es “embriagador”. Y así, nos sirve para explicar gran parte de lo que ha sido la poesía en occidente: un exceso de sensación que nos embruja y nos confunde. Podríamos decir muchas cosas sobre este poema, algunas muy entusiastas, otras muy incómodas, y todas están “conturbadas”, revueltas.

Como otras veces, no quiero aún interpretar nada (tal vez más adelante ofrezca mi opinión). Que cada uno saque sus conclusiones. Que cada uno se deje llevar, se resista, se embriague y se despierte con este poema. Ahora sólo voy a señalar algunos significantes:
  1. El valor del número, y el juego de contraste entre lo singular y lo plural. Se da en casi todos los conceptos que aparecen en el poema, y no resultan unas coordenadas clarificadoras, “precisamente”.
  2. La ambigüedad del carpe diem. ¿Cómo hemos de entenderlo aquí? ¿Es realmente tan obvio lo que nos dice? ¿Cuáles son los verdaderos valores de la severidad, del sueño, de la luz, del malvado...? Tampoco esto está nada claro.
  3. Y aquí hay una clara defensa del “no saber”. El gusto por lo “inefable”, aquí lo incontable, es un motivo recurrente en la poesía europea. ¿Adónde nos lleva confundir lo intachable por inconmensurable?

Y enajenándolo todo: la belleza del poema, su ritmo, su sonoridad. A continuación os ofrezco otras variantes de traducción, con el objetivo de poder trabajar directamente con el original latino, que es donde se perciben todos esos juegos, todas esas ambigüedades.

  • Traducción en endecasílabos de Antonio Rivero Taravillo.
  • Traducción en prosa ofrecida por Antonio García Masegosa. Le acompaña un breve comentario, donde tomar ejemplo de lo que debe ser un apunte sintético de comentario.
  • Traducción más libre de Sergio Raimondi. (Está enmarcada en un blog de 2006 de una joven romántica argentina. Ahora mismo me siento muy lejos de lo que ahí se comenta, pero reconozco que cuando yo estaba en la facultad también hablábamos de esa manera. En cualquier caso, su tono es muy cercano al del poema en cuestión, y siempre es interesante)

Además, ya sabéis, simplemente con poner "Vivamus mea lesbia" en Google vamos a encontrar miles de ejemplos y versiones.

domingo, 4 de octubre de 2009

Fry and Laurie: Vivir del comentario.



Aquí os pongo un punto de vista diferente de todo esto que estamos hablando. Efectivamente el lenguaje tiene una gran plasticidad, se retuerce y transforma tanto la realidad, que con frecuencia nos parece que algunos hablan lenguajes extraños, usando nuestro mismo idioma.

Aquí, los geniales Stephen Fry y Hugh Laurie, parodian ese lenguaje pedante y ya de por sí irrisorio en el que caemos tantas veces al usar el discurso intelectual. Aquí mismo incluso. ¡Cuántas veces hemos visto a los oradores hinchar el lenguaje, florearse y florearse, para no decir nada. El desconcierto de Laurie, al no saber de qué demonios se habla cuando se habla, está clavado a la realidad. Muchos de nosotros reconoceremos más de un rasgo de nuestros más "carismáticos" profesores de lingüística (es que esto casi ni es una parodia).

Bienaventurados los que podéis seguir este sketch sin la interferencia de los substítulos, porque es una gozada contemplarlos y escucharlos tal cual (en youtube está la versión original, por supuesto).

Un toque refrescante, espero, después de tanta transformación.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Paul Auster: Vivir comentando textos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.

Fragmento del discurso de Paul Auster en la recepción del premio Príncipe de Asturias 2006.


Que nos alimentamos de historias, como plantea Paul Auster, es algo más que evidente. Su discurso hace referencia a esa tendencia, casi mecánica, de sentarnos delante de un libro, una pantalla, una mesa en un bar, cualquier sitio allí donde tengamos cerca una anécdota. Podemos concretar claramente: nos alimentamos de palabras.
Observemos los efectos que el alimento, el aire, el agua, tiene en nuestro cuerpo. Nos sacia, nos mantienen firmes en nuestra estructura, nos encauza las reacciones de energía según nuestro metabolismo. Trasformamos esas moléculas en actos, movimientos, sensaciones, pensamientos incluso. Cómo no quedar maravillados ante la elegancia del ciclo de Krebs o el de la fotosíntesis: un baile de transformaciones gracias al cual la célula puede cumplir la función que dicta su estructura (evito hablar de diseño).
Igualmente, observemos los efectos que las palabras tienen en nosotros. También en nuestro cuerpo: la risa, la ira, el llanto; pero siempre a través de nosotros mismos. Soy yo, no mi cuerpo quien recibe y quien lanza las palabras. Soy yo, no mi cerebro, quien las masculla y articula ordenando discursos, historias, sentimientos, ideas. Soy yo quien se alimenta de palabras.
Las palabras constituyen mi ser. Y encuentro palabras por todas partes. Incluso cuando decido no tomarlas, considerar “esas palabras no serán para mí”, también entonces las hago mías, de alguna forma, sin remisión. Las palabras son el sustento, mis decisiones ante ellas son mi metabolismo; experiencias, vivencias, emociones, enredadas en el sentido, terminan de estructurar lo que soy.
* * *
Una vez más complemento la entrada con algunos enlaces que insisten en la idea: vivimos comiendo textos:
  • El texto completo del discurso de Paul Auster: sobre la utilidad y vigencia del arte y la narrativa.
  • Un artículo de opinión de Mario Hernández sobre la necesidad cotidiana de la hermenéutica, esto es, el comentario de texto.
  • La aplicación de esta idea en talleres didácticos según Ana Luisa Ramírez.
  • Otra opinión que he encontrado en el blog Mi memoria auxiliar, sobre la "verbofagia".
  • Una página con citas de Wiston Churchill, Premio Nobel de Literatura y un buen ejemplo de cómo la clase política vive, no ya de la palabra, sino de la palabrería.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Rilke: Comentar es una forma de vida

Callado amigo de tantas lejanías, siente
cómo tu respiración aumenta aún el espacio.
Dentro del armazón de oscuros campanarios
deja oír tu sonido. Lo que de ti se nutre

se fortalecerá con este alimento.
Entra y sal en la transformación.
¿Qué es tu experiencia más doliente?
Si el beber te es amargo, hazte vino.

Sé en esta noche de exceso
fuerza mágica en el cruce de tus sentidos
y sé el sentido de su extraño encuentro.

Y si lo terrestre te ha olvidado,
dile a la tierra callada: me deslizo.
Dile al agua veloz: soy.
Rainer Maria Rilke: Sonetos a Orfeo
(Traducción de Eustaquio Barjau)

Comentar es transformar. Transformamos un texto en otro texto. Al intentar expresar cómo el texto funciona en nosotros surge un nuevo texto. Cuando relacionamos una estructura con otra, vemos los sentidos metafóricos, metonímicos, de los que otras veces hemos hablado. Si intentamos relacionar un tema con otro, lo que intentamos es comprobar cómo la misma estructura se puede aplicar en diferentes ámbitos.
Esto, bien mirado, es imposible. Por mucho que nos empeñemos, los labios nunca serán exactamente rubíes, ni los dientes perlas. En nuestras analogías también hemos de observar cabos sueltos. Ellos nos llevarán a nuevas preguntas, nos permitirán seguir investigando al servicio de nuestra intención (¡ah, si realmente supiéramos cuál es nuestra intención!).

Creo que Rilke es una magnífica expresión de esta idea. En su poesía nos insta una y otra vez: “¡quiere la transformación!”. Casi cada una de sus palabras entra en conexión con las demás, buscando nuevos enlaces, sin despreciar ninguna de las posibilidades de lo que cada palabra es en potencia, por sí misma. La implicación del lector en la elaboración del poema es rotunda, y así nos lo deja ver desde el principio. Leer es dialogar.

También dejo aquí enlaces interesantes:
  • El texto original del poema en aleman.
  • Un artículo sobre la relación entre Rilke y Rodin. Uno de los momentos en los que Rilke se sintió “transformado”.
  • Un buen número de fragmentos del filósofo de la transformación: Heráclito.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Platón: El comentario de texto es una forma de vida

–No parece justo –replicó– prescribir lo que tú dices a hombres íntegros, porque ellos mismos encontrarán fácilmente la mayor parte de las leyes que convenga dictar.
–Sí, querido amigo –dije yo–, a condición de que los dioses les concedan la conservación de las normas a que antes nos referíamos.
–Si así no fuese –dijo–, pasarán su vida dictando y rectificando leyes y pensando que van a conseguir lo más perfecto.
–Con lo cual querrás dar a entender –insinué yo– que esos hombres vivirán lo mismo que los enfermos que no se avienen, por su intemperancia, a dar de lado a un régimen perjudicial.
–En efecto.
–Pues sí que va a resultar agradable su vida. Con ese cuidado ningún progreso alcanzan, sino, muy al contrario, la complicación y el empeoramiento de sus enfermedades. Pero, con todo, estarán siempre esperando que les procure salud un medicamento que cualquiera les recomiende.
–Ciertamente –dijo–, eso les pasa a tales enfermos.
–¿Pues qué? –proseguí–. ¿No es todavía lo más gracioso que consideren como el peor de sus enemigos a aquel que les dice la verdad y les anuncia que si no dejan de comer y de beber inmoderadamente y de vivir entregados al placer y a sus ocios, ni los medicamentos, ni los cauterios, ni las incisiones, ni los conjuros, ni cosas por el estilo, les servirán de utilidad?
Platón: La República, IV, iv (425d-426b).
Traducción de José Antonio Miguez.

Ya expresé esta idea en la entrada de diseño: deberíamos ir por el mundo con la mirada del diseñador (el demiurgo). Debemos intentar comprender cómo funcionan las cosas, cómo evolucionan los procesos. Ya sabéis la filosofía de este blog de que todo es susceptible de ser comentado, analizado, como si todo, en definitiva, se enlazara entre sí igual que un supertexto. Y también nosotros estamos ahí. También nosotros somos textos. Nuestra ingenuidad proviene muchas veces de no comprender esto o no tenerlo en cuenta.
Podemos reconducir esta reflexión de Platón de la siguiente manera:
Si nosotros mismos somos un texto, y buscamos un remedio a nuestros males, buscamos una palabra, un mensaje, otro texto incluso, que nos alivie. Y será sólo un alivio, pues todo mensaje exterior será integrado, fagocitado, por nuestra propia estructura textual. Para “curar” nuestros males hemos de reestructurarnos, recomponer el texto que somos. Por tanto, el primer paso habría de ser averiguar cómo es nuestro texto: ¿quiénes somos?, ¿qué nos está pasando?, ¿cómo se organiza mi mundo? Si algo va mal, será preciso reelaborar la estructura, y eso no va a ser agradable, pues habremos de desprendernos de unos funcionamientos que creíamos imprescindiblemente nuestros. Si nos limitamos a coleccionar alivios, simplemente nos enredamos, nos complicamos, contribuimos a hacer más poderosa nuestra dolencia.
Aquí pongo algunos enlaces interesantes para este texto:
-El texto de La República comentado.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Índice mayo-agosto 2009

Ofrezco aquí una rápida presentación de cómo están organizadas las entradas del blog hasta ahora. Por un lado, describo la relación de unas entradas con otras por bloques temporales. Por otro lado, servirá de marca o huella tras posibles modificaciones en el blog (eliminación de entradas).
Además, se presenta en orden cronológico directo (y no inverso, como en el "archivo del blog")
  • ABRIL: Entrada de presentación. Inicio del blog.
    Son las primeras entradas. Primero un mensaje de bienvenida con un contenido parecido al de la portada de la página. Segundo, un video sobre la "banda de Moebius", metáfora visual del trabajo con los textos.
  • MAYO (y Junio): Diferentes tipos de textos.
    En las diferentes entradas se ofrecen ya los primeros ejemplos de objetos susceptibles de comentario como texto. Tenemos fragmentos de filosofía, poesía, música, imagen, diseño, escultura, cine... Todas estas categorías aparecen como etiquetas de búsqueda en el margen. Claramente predominan los textos poéticos, que se prestan con más facilidad al trabajo fromal, estructural e interpretativo como textos. Aún así, todavía estoy pensando cómo incluir otros objetos más difíciles para trabajar en este formato (arquitectura, danza, deporte, física, biología...)
    Además, también hay distintos tipos de comentario. En algunos son sólo unas pautas para orientar el comentario. Otros son ejercicios casi expresos, para realizar una actividad concreta. En otros, el comentario está casi completo. Hay comentarios más formales, y otros más personales. Dos entradas (
    Marco Aurelio y Ángel González) son textos puestos en exámenes de clase, con comentarios de los alumnos.
  • JUNIO: Teoría textual.
    Tal vez resulten farragosos. Son un intento de aplicación de las teorías lingüísticas del último estructuralismo más allá de los objetos de la lengua. Por un lado ofrecen una serie de técnicas para comentar los textos. Por otro lado, es un intento de demostración de que todo objeto puede ser interpretado y analizado como objeto lingüístico-semiótico. Todo deviene en lenguaje.
  • JULIO y AGOSTO: Pausa vacacional.
    Mantengo dos estradas muy personales, sin más pretensiones que un escaparate de mi historia con los textos y un trampolín hacia el comentario.

lunes, 17 de agosto de 2009

También en el origen

"De vez en cuando metía la mano en el bolsillo y tocaba el pequeño frasco de cristal que contenía su perfume. Estaba casi lleno. Para su aparición en Grasse había utilizado sólo una gota. El resto bastaría para hechizar al mundo entero. Si lo deseaba, en París podría dejarse adorar no sólo por diez mil, sino por cien mil; o pasear hasta Versalles para que el rey le besara los pies; o escribir una carta perfumada al Papa, revelándole que era el nuevo Mesías; o hacerse ungir en Notre-Dame ante reyes y emperadores como emperador supremo o incluso como Dios en la tierra... si aún podía ungirse a alguien como Dios...
Podía hacer todo esto cuando quisiera; poseía el poder requerido para ello. Lo tenía en la mano. Un poder mayor que el poder del dinero o el poder del terror o el poder de la muerte; el insuperable poder de inspirar amor en los seres humanos. Sólo una cosa no estaba al alcance de este poder: hacer que él pudiera olerse a sí mismo. Y aunque gracias a su perfume era capaz de aparecer como un Dios ante el mundo... si él mismo no se podía oler y, por lo tanto, nunca sabía quién era, le importaban un bledo el mundo, él mismo y su perfume."

Patrick Süskind: El Perfume.

He querido unir estas dos obras para reflexionar sobre la Belleza. La primera es una de las últimas imágenes de Azul, de Krysztof Kieslowski; película que supuso un auténtico despertar. La primera es un fragmento de El Perfume, obra cuya lectura sitúa mi memoria por el mismo momento, poco despues de la Selectividad.

¿Qué es la belleza? ¿Cuál es su poder? ¿Cuál es su origen? Creo que estos fragmentos dan bastante que pensar.

Para completar la entrada, aquí tengo un enlace para que podáis contemplar el "Himno para la Unificación de Europa", de Zbigniew Preisner, en el montaje del impresionante final de Azul.

lunes, 29 de junio de 2009

Transformaciones: POLIFEMO, Góngora

Metáforas, sinécdoques, metonimias, sinestesias, símbolos... probablemente la gran aportación del lenguaje sea la capacidad para transformar unos conceptos en otros, en virtud de la arbitrariedad de las relaciones entre el significado y el significante. Retomamos la red de isotopías. Éstas son tan abiertas y sus relaciones tan complejas que nos permiten saltar a voluntad (o involuntariamente) de unas formas a otras. Eso sí, previamente hemos debido de aprender, interiorizar, la raíz metafórica del lenguaje. Al metaforizar le cambio el nombre a las cosas, viajo, cambio las cosas mismas. Estas metamorfosis culminan la deformación que ha de evidenciar una tendencia, más verdadera que la forma estática original o final.
Para comprobar cómo surgen los significados de esos supersignificantes que son los recursos retóricos (figuras y tropos), nada mejor que analizar un poema de Góngora, el rey de la metáfora (el príncipe de los conceptos, le llamaría Gracián). Esta vez haremos asociaciones, relacionaremos un recurso con otro, intentaremos extraer los significados, por insólitos que parezcan, que surjan de dichas asociaciones. Tal vez nos sorprenda ver que pueden tener sentido, o bien nos planteen interesantes interrogantes.
Partimos de la octava sexta, pero tenemos en cuenta el conjunto del poema: Fábula de Polifemo y Galatea.

De este, pues, formidable de la tierra
bostezo el melancólico vacío
a Polifemo, horror de aquella sierra,
bárbara choza es, albergue umbrío
y redil espacioso donde encierra
cuanto las cumbres ásperas cabrío
de los montes esconde: copia bella
que un silbo junta y un peñasco sella.
  • Polifemo vive en una boca. Gruta - boca - caverna - lecho - seno - bostezo - choza - albergue -redil, ¡cuántos términos para designar el agujero en el que vive! Pero, es que si tenemos en cuenta que Polifemo "un monte era de miembros eminentes", hemos de deducir que el gigante vive en su propia boca. Esta imagen es muy apropiada para simbolizar al propio poeta: que hace de sus mismos versos su verdadero hogar.
  • El ganado es una bella abundancia que esconde los ásperos montes, cuyo horror es Polifemo (el monte mismo). También podemos interpretar que el ganado de Polifemo (el poeta) son los propios versos, que, alimentándose del monte, se alimentan del propio artista, y lo ocultan. Viven en la boca del poeta, como el poeta mismo. La belleza de la poesía esconde el horror de sí mismo.
  • Dos hipérbatos conectados. Versos 1-2, desordena los miembros en el bostezo. Versos 6-7, entre el ganado esconde la cumbre, de los montes. Uniendo los dos hipérbatos, unimos el bostezo con el ganado. Si el ganado son los propios versos del poeta, dichos versos funcionan como un bostezo: desordenan y esconden. ¿Qué puede querer conectar un desorden con otro? La cueva esconde al ganado, el ganado esconde al monte (Polifemo).
  • Dos bimembraciones conectadas. En ambas podemos hacer lecturas metapoéticas. En el verso 4, "bárbaro" y "oscuro", podrían ser adjetivos luego aplicables al estilo poético de Góngora. En el verso 8 podemos ver alusiones al propio poema, con su simbología: el poema puede ser el silbo que junta a Acis y Galatea, hermoso ganado de Góngora; el peñasco que sella alude al trágico fin del poema. El hogar (v. 4) de Polifemo-Góngora guarda el horror y la belleza de la fábula (el ganado). La hermosa relación de Acis y Galatea queda aplastada por la propia naturaleza (edípica) de Polifemo.
  • Melancolía - horror - VACÍO. Volvemos a resaltar el simbolismo del hueco. Mucho más trascendente de lo que aquí podemos explicar. El grito horrible se ha transformado en un bostezo melancólico (el hermoso ganado esconde el horror). La oscuridad, y todo su simbolismo se une al humor temperamental del melancólico, tantas veces asociado a los poetas.
  • Los verbos guardan una fuerte relación semántica. En los cuatro primeros versos sólo encontramos "es", el principal. Pero, creando contraste, en los cuatro siguientes se acumulan "encierra", "esconde", "junta", "sella". Este esfuerzo por retener y unir podemos relacionarlo tanto con la tensión constructiva de los recursos literarios como con el esfuerzo de la comprensión, que venimos explicando en las entradas anteriores. Pero además refuerza la paradoja del ensimismamiento del poeta que vive en su propia boca. Sepultado por su propio discurso lapidario.

Lo contrario, la incertidumbre, ha de ser el impulso del deseo reflexivo. Los verbos se han de transformar para comprender más allá de nuestra coherencia: "abrir", "revelar", "separar"... ¿cuál sería el antónimo de "sellar": desvestir, interrogar, desbloquear, iniciar?

domingo, 28 de junio de 2009

Tendencia y deformación: Rodin vs. Miguel Ángel














En la entrada anterior apuntaba que la falta de comprensión del significado nos rodea de caricaturas. Ahora he de precisar algo que tal vez moleste a los que confiaron en mi consejo anterior: siempre es así, nunca vemos ni describimos, sino que caricaturizamos. Dado que ninguno de nosotros es omnisciente, dado que nunca conocemos el significado de todo lo que nos rodea, siempre hay en nosotros una ignorancia que deforma la realidad. Asumir esto no es tan fácil, la mayoría piensa que sabe de lo que habla, que confía en que lo que ve es tal como lo ve.
La ciencia, también el discurso humanístico, ha pretendido alcanzar la objetividad, la descripción de un mundo exacta y sin contaminación del sujeto. ¿Quién puede aún creer que eso es posible? Decimos que algo es "tendencioso", hablamos de la "deformación profesional". Si pensamos en la comprensión y en la expresión como una elección, o mejor, como una cadena de elecciones, entre toda la red de isotopías cruzadas... si lo consideramos así, toda comprensión y toda expresión es una deformación. El orden de lo comprensible es una deformación de la realidad caótica e incomprensible.
Tanto lo ordenado como lo desmedido son intentos de expresar lo que existe. No son dos elementos separables. Los opuestos (bueno y malo, feo y hermoso, apolíneo y dionisíaco, positivo y negativo) son un andamiaje que nos permite comprender la realidad en devenir, contradictoria, evidente pero desconocida. Estamos rodeados de esquemas, ejes de coordenadas que nos sirven tanto para comprender lo que se ajusta a ellas, como para descubrir lo que no encaja.
En el ejercicio de hoy propongo la comparación de dos opuestos, para reconocer su oposición. Uno, el David de Miguel Ángel, podemos colocarlo dentro de los valores apolíneos del Renacimiento. El otro, la Belle Heaulmiére de Rodin, expresa la estética de lo dionisíaco propio del último Romanticismo. El primero está al comienzo de la recuperación clásica de la mimesis, el segundo se considera su culminador y el origen de la escultura contemporánea. Ahora bien, recordemos las desproporciones acusadas en la mano y la cabeza del David, y reconozcamos el impecable realismo de la obra de Rodin. No son, por tanto, piezas extremas, y las he escogido para poder establecer conexiones.
Como punto de partida, quiero aportar dos observaciones que me parecen interesantes. La primera es la extroversión del David, de mirada desafiante, hacia una realidad que está ahí fuera, pero que no está esculpida. Contrariamente, la vieja Heaulmiére se retuerce en una mirada introspectiva, se mira a sí misma, y nosotros vemos su propia mirada. Esto podemos verlo en otras obras de estos mismos autores (comparemos el Moisés y el Pensador, por ejemplo). El primero nos obliga a una trascendencia, mientras que el segundo se encierra en su subjetividad.
Por otro lado, si miramos el David desde distintos puntos de vista, su perfil apenas se modifica, su rectitud parece inalterable. El borde de Heaulmiére, en cambio, se contorsiona según se le mire de frente, de lado o de espaldas. La posición del espectador es más activa e insatisfecha en la obra de Rodin que en el David. En este sentido, quiero remarcaros una curiosa analogía, que nos conectará súbitamente con la próxima entrada:




! vs. ?

sábado, 20 de junio de 2009

Forma, significado y función: Diseño

¿Qué es lo que nos rodea? ¿Cómo podemos comprenderlo? Vemos una pantalla, semejante a otras pantallas. Vemos en ella ciertas esquinas semejantes entre sí, y también botones, cierta porosidad en la pintura de su superficie, un color determinado, tal vez signos, números... Mientras atendemos a sus detalles, la pantalla casi desaparece y al volver a ella obviamos los rasgos. Así percibimos, enfocando, creando isotopías. Nuestra percepción no es más que memoria. Si algo se parece, es lo mismo.
El otro día vi a una paloma que se dedicaba a recoger hojas secas del suelo y llevárselas. La paloma discriminaba su forma. Es frecuente ver a perros obsesionados con ciertos juguetes, que buscan, que esconden, que encuentran... reconocen su forma entre todos los objetos. La forma es aquello que podemos comprender en nuestra percepción de un objeto. Que un objeto dado tenga una determinada forma se debe a un proceso de fuerzas en el tiempo. Así sucede, aleatoriamente, con los elementos naturales: un objeto es el resultado del azar en el tiempo. Sin embargo, parece suceder a la inversa tanto en los objetos biológicos (siendo una mera ilusión la mayoría de las ocasiones), como (y aquí sí realmente) en los objetos artificiales. Dicho de otro modo: la forma de los objetos artificiales ha sido diseñada con un objetivo concreto, el de adaptarse a un proceso. Su forma estaba preestablecida.
Así, hemos de concluir que si ha habido un esfuerzo e intención de crear una forma determinada en un objeto, es porque dicha forma cumple una función. ¿Qué pensar de un adorno, entonces? ¿Qué pensar de una forma que no cumpla ninguna función determinada, sin utilidad práctica? Vemos que un objeto, y un vaso sería un ejemplo muy evidente, ha sido diseñado con un color con una curva determinada, sin que eso afecte al correcto o eficaz funcionamiento del objeto. ¿Por qué, entonces? Por esta necesidad de singularizar el objeto (algo que casi parece un instinto del ser humano) hemos de matizar nuestra comprensión de la forma, planteando la hipótesis de que, si no tiene función, ha de tener, por fuerza, significado.
(El problema es que nadie deja muy claro qué es el significado. Por un lado, están quienes desde Saussure nos hablan del significado como una referencia a un concepto mental o unidad psicológica en nuestro orden de pensamiento. ¿Cabría realmente separar "forma de la percepción" y "forma de la comprensión"? Otros, desde Wittgenstein, hablan del significado como "uso", atendiendo a cómo escogemos las palabras para designar cosas. En este sentido, no podemos obviar que en nuestra percepción tendemos a mirar las formas del paisaje asociándolo a significantes lingüísticos, y enfocándolos con ellos como si se tratara de unas lentes. Difícilmente podemos pensar sin el lenguaje. Podríamos decir que el significado es la relación de una forma con otra en nuestra mente. En Lingüística a esto (las relaciones entre elementos) se le llama "función", y hablamos de función comunicativa, función sintáctica, función semántica, función pragmática.)
Los comentaristas tienden a considerar que toda forma es susceptible de ser comentada. Tanto más cuando disponemos para esas formas de algún significante con que nombrarlas. Así, el diseño de cualquier tipo de objetos está compuesto por toda una serie de filos, mangos, colores, capas, bordes, huecos, asas, materiales... Todas esas partes nos aportan información sobre el significado o función del objeto. El "cómo está hecho" nos lleva al "por qué es así" y "para qué puedo usarlo". En el lenguaje, la vieja Retórica se dedicó a poner significantes a todo un conjunto de formas que vertebraban el discurso lingüístico como objeto (o como se diría ahora, como "producto"). Son los denominados recursos estilísticos o figuras retóricas.
En este sentido, hay que resaltar la curiosa contradicción que podemos apreciar en nuestro actual sistema educativo. Por un lado, su preocupación más acuciante es conseguir que las nuevas generaciones sean más capaces de comprender todo tipo de textos y asimilarlos adecuadamente en su vida cotidiana. Por otro lado, se tiende a relegar, en una progresiva marginación de lo "literario" y lo "sintáctico", el estudio de las formas que vertebran el discurso. Superemos, pues, la contradicción de esta tendencia. No olvidemos las formas.
Aquí he propuesto un ejercicio simple. He dispuesto dos series de objetos: vasos y arcos. Sinteticemos su estructura básica, que es común en cada serie. Veamos, pues, cuál es la función básica o primitiva del objeto. Pero aún más interesante es separar, analizar, las diferencias. Algunas transformaciones responden a una función, a una utilidad. Otras en cambio, buscan señalar algo, responder a una estética o a una moda. La manera de hacer ciertas cosas responde a veces simplemente a la costumbre de hacer las cosas siempre igual, y también a eso llamamos "cultura".
La forma de un objeto nos habla de su cultura. Esto lo saben bien los arqueólogos. A través de un objeto, gracias a las implicaciones de su forma, podemos ver mucho de la realidad que lo rodeaba. Así, de una espada podemos sacar conclusiones sobre el belicismo de una sociedad: su tecnología, su artesanía, su economía, su estilo de vida... si la espada es hábil o pesada, torpe, si es precisa o responde a una fabricación en masa: ¿es la espada personal de un guerrero o el arma del soldado de un gran ejército regular? Algo así podemos deducir también en esta serie de objetos.
Una vez que hemos visto las peculiaridades de cada objeto podemos adentrarnos en la simbología del objeto en sí. El objeto, asociado a una serie de significantes de nuestro discurso, tiene significados que lo sobrepasan, debido a las complicadas relaciones que establecemos con el lenguaje: metáforas, metonimias, inversiones. Son procesos psicológicos que se manifiestan en nuestra manera de crear textos, tanto como en la manera en que comprendemos el gran texto del mundo. No es difícil intuir la simbología de los dos objetos que he escogido: cuencos y puertas.
Básicamente, un comentario de texto viene a ser esto. Observamos las formas que lo construyen. Buscamos su significado, y resaltamos de qué manera se han relacionado unos significados con otros. Es en esa relación donde hemos de buscar el auténtico significado. Si significar es relacionar formas, mientras vamos relacionando su parte con el gran discurso del mundo, que es nuestra propia y personal configuración de la realidad, el texto no deja de funcionar. Porque no sólo comentamos el objeto como texto, sino que comentamos su cultura como texto, y nos comentamos a nosotros mismos en la medida en que también pertenecemos a ese texto.
Debemos tener la costumbre de preguntarnos por el significado de las cosas. Es lo que realmente nos hace verlas. Pensemos cómo ve el mundo un diseñador... como un entramado de formas cargadas de historias. Es sin duda un paisaje hermoso, y todo, en cierta medida, es el mismo paisaje. De lo contrario, las cosas no son más que cosas, e incluso las personas mismas acaban siendo cosas, que el tiempo ha ido formando por azar. Cuántas veces oiremos quejarnos de que no se trata a las personas como personas, ¿por qué será? Es más, pronto el mundo se llena de muchos paisajes demasiado diferentes, irreconocibles, aterradores. Sin la pregunta por el significado, todo a nuestro alrededor, nuestro minúsculo paisaje personal, se desvanece en un sinfín de formas que acaban pareciéndose todas unas a otras, como fantasmas grises que empañaran nuestros ojos y nuestros oídos. El mundo acaba siendo entonces una basta caricatura de nuestras obsesiones.