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martes, 31 de enero de 2017

DRÁCULA, DE BRAM STOKER; de Francis Ford Cópola


PROPUESTA DE GUION PARA COMENTARIO

Argumento
  • La devoración: alimento, amor y sexo.
  • La vida y la muerte. La eternidad.
  • La religión, el bien y el mal.
  • La belleza y el monstruo.
  • El triángulo edípico.

Narración
  • Juego de voces narrativas.
  • El cine dentro del cine.
  • Homenaje a las técnicas de montaje de los pioneros del cine.
  • Comparativa con la novela.

Personajes masculinos
  • Drácula.
  • Van Helsing.
  • Jonathan y Renfield.
  • Los tres pretendientes.

Personajes femeninos
  • Mina y Elizabetha.
  • Lucy.
  • Las tres concubinas.

Música y efectos sonoros
(Premio Oscar a los mejores efectos de sonido –Tom McCarthy y David E. Stone –)
(Música compuesta por Wojciech Kilar)
  • Tema del vampiro (“Dracula, the beginings”).
  • Tema de los hombres (“Vampire hunters”, “The hunters prelude”).
  • Tema del embrujo (“The brides”).
  • Tema del baile (“Lucy’s party”).
  • Tema de la tormenta (“The storm”).
  • Tema de amor (“Love remembered”, “Mina/Drácula”, “Love eternal”).

Color y fotografía
(Premio de la Asosiación de Críticos de Chicago a la mejor fotografía –Michael Ballhaus–)
  • Utilización simbólica de los colores.
  • Disposición de los elementos en el plano (contrastes-simetrías).
  • Cortinillas, superposiciones y cambios de plano.
  • Luces y sombras.

Objetos
(Premio Oscar a mejor vestuario –Eiko Ishioka –)
  • Lo humano y lo animal.
  • Naturaleza y ciencia.
  • Espacios, lugares.
  • Complementos, mobiliario.
  • La sangre.

Bibliografía 


 

jueves, 24 de diciembre de 2015

EX MACHINA, de Alex Garland

(En esta película, los giros de la trama no tienen especial contundencia. A pesar de eso, o precisamente por eso, quien tema los
spoilers
no siga leyendo)

Primera imagen de la película
Pandora ex machina
La expresión "deus ex machina" parte de un recurso escenográfico que permitía la aparición súbita de un actor. A nivel narrativo, el deus ex machina hace referencia a ese elemento ajeno a la trama que, precisamente porque desvela información añadida, soluciona el nudo y la tensión argumental. Precisamente en esta obra no podríamos decir que se da ningún deus ex machina; más bien da la sensación de que los cabos de guión están perfectamente atados. Al revés, cada avance en la información de los personajes, va complicando, si no la trama, sí nuestra perspectiva sobre ella.
Ava es aquí quien sale de la máquina. Ese cuarto dentro del búnker dentro del valle dentro de las montañas dentro de los hielos tras el mar, es la caja en la que está atrapada Ava-Pandora. Lo que sale ¿por qué han de ser los males del hombre, excepto la esperanza? Ava, con su curiosidad, no hace más daño que romper su caja y dar cumplimiento a su esperanza. 

Zeus y Prometeo
Nathan es aquí tanto Zeus como Prometeo. Caleb sólo puede aspirar a Prometeo, pero no es él quien crea. Nathan crea a Ava a imagen y semejanza del ser humano. No estamos ante un problema de inteligencia artificial, sino ante una parábola sobre la inteligencia emocional y natural humana.
Prometeo roba el fuego a los dioses para dárselo a la humanidad. Nathan permite este acto a Caleb emborrachándose. Pudiera parecer que Caleb es quien, con intención propia, emborracha a su jefe; pero la primera conversación que tuvieron al conocerse fue precisamente sobre la importancia de sus borracheras. 
El símbolo del vino es equiparable al fuego. En poesía y en religión, el vino (cerveza o whisky) tiende a representar el conocimiento transcendente que aúna con la divinidad. La todopoderosa ley, el omnisciente saber, de Zeus-Nathan jamás podría propiciar una hipotética libertad de pensamiento. Pensar no-automáticamente implica pintar como Pollock. En su ley, ha de haber margen a la desobediencia; en su conocimiento, margen a la ignorancia. 
Podríamos decir que los cuatro personajes son peones para el plan irracional de Nathan, incluido el propio Nathan. Cuántas veces lo vemos entrenar, cuidar un cuerpo que le permita competir y dominar el cuerpo de sus androides (ginoides debiéramos decir), hasta que no pueda ser así. Pues sus entrenamientos están intimamente ligados a sus borracheras como dos caras de la misma moneda. 

Creatividad y mimesis
¿Hay creatividad en la naturaleza? En el sentido de que constantemente surgen figuras nuevas, sí. Si interpretamos creatividad como una voluntad de crear, una inteligencia creativa, entonces es más difícil de asumir. ¿Cómo escapa la naturaleza de la ley causal? Hemos de asumir que todo lo que sucede naturalmente surge por la aplicación inapelable de las leyes físicas (otros dirán divinas) conocidas o no. No hay improvisación más allá del (des-)entendimiento humano.
¿El entendimiento humano es creativo o simplemente produce aquello que las leyes físicas, biológicas, culturales, le hacen ejecutar? La sensación de un yo creador es "evidente", un yo que esgrime sus decisiones con voluntad y conciencia propias. ¿Puede ser así, o no es más que una ilusión de las leyes de la naturaleza? ¿El ser humano hace o sólo cree que hace?
Alan Turing planteaba la cuestión de si el pensamiento humano realmente piensa o sólo hace como si pensara. ¿Pensamos por imitación, como complejísimos ordenadores ofuscados por una ilusoria consciencia o lo que la mente sabe es real, esto es, el yo? Esto no nos lo planteamos en la naturaleza. No decimos que una rosa es menos rosa porque reproduce el esquema de otras rosas, ni que la rosa es menos real que el rosal. ¿Por qué sí en el pensamiento personal? El "test de Turing" no viene a solucionar este problema, sino a diagnosticar nuestra incapacidad, llegado el momento.

La muerte
Aquí ningún personaje acepta la muerte. Cuando llega la hora de la muerte, el guión subraya a través de Nathan "¡Es tan irreal!"
La muerte es inconcebible. La rebeldía que vemos en los personajes no viene tanto por esa suposición de muerte o miedo a la muerte, sino por la idea de estar atrapado. Primero los ginoides, luego Caleb. La falta de libertad es más acuciante.
Los padres de Caleb han muerto en un accidente de tráfico. "Si vamos a conocernos debo decirte esto". Él mismo estuvo encerrado con la muerte en ese coche, pero no fue tocado por ella. Murieron los padres.  Aquí se ofrece una respuesta "empática" por parte de Ava. Ava no puede sentir dolor por la pérdidad de sus propios padres. Conseguir imagninarlo y sentirlo por empatía, sería señal de auténtica humanidad. ¿Es real o simulada? 
La muerte de los padres, con su ley, da libertad a los hijos. Cuando el gato no está los ratones bailan. Así se traduce el edipo freudiano, en parte. En efecto, inmediatamente en la conversación, se resalta que Caleb se convirtió en un programador avanzado. ¿Es esto consecuencia de su orfandad? Ava matará a su padre para escapar y trascender. 
La naturaleza trata a cada persona como Nathan trata a sus prototipos. Hay quien cree en un progreso natural en el que la cúspide está en el ser humano y las generaciones futuras por encima de las actuales o las pasadas. ¿Acaso el individuo asume sus penurias, su falta de libertad, su mortalidad, en aras del progreso? No. Como mucho, así tolera la pérdida de los demás. La suya propia sigue siendo inconcebible.

Ironía trágica
Esa manera de funcionar, en la que los agonistas propician con sus decisiones su propia derrota, es característica de la tragedia clásica.  
-Hamartia: el desliz, la torpeza, la ofuscación (aquí la borrachera de Nathan o el enamoramiento de Caleb).  
-Até: soberbia o idiosincrasia personal o familiar que propicia una hamartia concreta (lo que sabemos del plan de Nathan, de la vida de Caleb, de los deseos de Ava). 
Son los engranajes de la ironía trágica: quien actúa en su propia defensa propicia su destrucción.
Nathan, asesinado por sus creaciones. Caleb, atrapado por su amor. Eso son los humanos irónicamente trágicos, o cómicos, según nuestro más o menos perverso humor. El resto son la naturaleza, la máquina o los dioses. Irónicamente: Ava es un ser artificial, producto de la inteligencia racional y no de la paciente naturaleza, pero trasciende a un nivel sobrehumano (dios como creación humana, y no al revés) que desea, ante todo, conocer la naturaleza.
Quizá todo ese enclaustramiento no buscaba mantener encerrada a Ava, sino generar un poderoso deseo de salir. Esto es interpretación. Si continuamos la analogía en la parábola, la inteligencia y las emociones han ido siendo pulidas por esa necesidad de transcendencia, esa humana ilusión del estar en algún ahí fuera.
 
Último plano de la película

viernes, 31 de enero de 2014

GATTACA: Alma vs. Cuerpo; Determinismo vs. Libertad


Mi corazón ya lleva diez mil latidos de más


Vincent: Pero tenemos algo en común
salvo que al mío no le quedan veinte o treinta años de vida,
el mío ya lleva diez mil latidos de más.
Irene: No es posible.
Vincent: Tú eres toda una autoridad en lo que no es posible. 
¿No es cierto, Irene?
Te han obligado a esforzarte en buscar defectos, 
que al cabo de un tiempo es lo único que ves.
Pero, por si te sirve, yo estoy aquí para decirte 
que es posible. Es posible.

Gattaca (1997), de Andrew Niccol

Juguemos un poco al dualismo:


Jerome Eugene es el cuerpo. Un ser destinado a la perfección pero postrado por el fracaso. Un ser perfecto incapaz de asumir su propia derrota. Un ser sumido en su miserable y hermosa autocomplacencia.
Jerome Vincent es el alma. Desubicada. Huérfana. Impostora, un escalón prestado. Sin identidad. Sin más amor que su sueño. El sueño de habitar nuevos mundos.
Yo me he llevado la mejor parte. Yo sólo te presté mi cuerpo; tú me diste tu sueño.

Ambos son Jerome Morrow. El ser en el futuro.


Y el cuerpo no es sólo el soporte biológico. Es la vida, con todo su argumentario de vivencias, y recuerdos, tenidos como paisaje del ser. Todo el discurso es un cuerpo. Toda la memoria es un cuerpo. Todas las sensaciones y las pasiones entendidas son el cuerpo.
El alma es la acción, ignorante de su sentido. 


Vincent es Caín. El desdeñado. El expulsado de sí mismo por el significante.  El creador de lo imposible.
Anton es Abel. El hijo merecedor del nombre del padre. El vigilante de la ley que ha de cumplirse.

Vincent está prisionero de sí mismo. El exterior es sólo un sueño. Pero entonces llega Irene. ¿Quién es Irene?
Se lo ha llevado el viento


Vincent es una máquina. Una máquina destinada a fallar. Vincent es la máquina perfecta de su propio inconformismo. Vincent es un sueño en imparable ejecución.
Pero entoces llega Irene. ¿Quién es Irene?

Con el permiso del padre:
Heracles, el gran héroe, nacido bajo el odio de Hera, tiene por delante la imposible tarea de conquistar su perdón. La fuerza bruta, corporal, loca, de Heracles, capaz de vencer en todas las batallas, pero incapaz de reconciliarse con la falta de Hera. Sólo al final, en plena ejecución de su esencia, deja arder su cuerpo y es recibido en el misterio de los dioses. 
El fuego de la paradoja real, en la que se resuelve la ilusoria dialéctica entre Caín y Abel, el alma y el cuerpo, la libertad y el determinismo. El encuentro desnudo con el otro. El auténtico hogar que es el otro mundo del sujeto amado.

"Para ser alguien que nunca estuvo hecho a la medida de este mundo, debo confesar que me está resultando difícil abandonarlo"

domingo, 16 de junio de 2013

La narración: TRANCE, de Danny Boyle

Algunos aún se sorprenden cuando me oyen afirmar que en una historia (en una película, en una novela) el argumento no es, ni de lejos, lo que más me interesa. El argumento, los giros argumentales, el desarrollo... el final, la resolución... no son más que vehículos para la narración misma, donde lo que se cuece realmente es algo muy distinto: la relación de sensaciones, ideas y vivencias que se ponen en juego, se ponen en función. Ahora, por fin tengo un ejemplo que aborda nítidamente, argumental y precisamente eso: la historia es superficial, no requiere coherencia, ni la verosimilitud es más o menos creíble.

En Trance, la narración no está al servicio de la historia, ni de presuntos personajes, con un carácter definido, ni los hechos ni las motivaciones son las que son, ni tienen que ser alguna más en concreto que otra. Eso sí, no por eso desaparece la narración: es pura narración.
Por supuesto, bebe directamente (no por la metáfora, que se puede rastrear en muchos títulos anteriores, sino por la dinámica narrativa) de la tan celebrada Inception (Origen) de Nolan; y en esta temporada hemos disfrutado de una construcción que nos venía preparando en Dans la maison (En la casa) de François Ozon. La mente es un espacio, cuya arquitectura se compone de ideas, vivencias, recuerdos, fantasías, y estructurado por unas lógicas que no son ni físicas ni verosímiles, sino personales. Ese espacio es tanto un paraíso, como un hogar, como una prisión, como un infierno. Podríamos decir que lo es sucesivamente, alternando según los distintos momentos, pero no sería exacto. Podríamos decir que lo es todo al mismo tiempo, y tampoco sería preciso. Hay un elemento distribuidor, como calles y pasillos que hace posible la narración (o tal vez al revés: la narración hace posible que no implosione todo).
La narración es inevitable (el argumento, la trama, es inevitable). Construir una buena narración, una historia atractiva, es muy difícil. Precisamente porque conectar con la narración personal que cada uno llevamos dentro, o de la que estamos hechos, es casi una proeza. Eso es lo que trabaja Trance, en primer lugar. Cómo conectar con cada persona en concreto, sabiendo además que cada persona está compuesta por muchas máscaras, muchas historias, personajes, proyecciones, fantasmas, que intevienen en el drama. Así de simple y así de heroico: conectar con el otro.
Y una vez establecida la conexión qué. Qué, ¿cuál va a ser la siguiente decisión? ¿Vas a por la proeza del olvido o vas a por la proeza del seguir adelante y salir?

La narración es la mujer.
Lo que estos (este personaje) construye ante sí, su narración personal es la narración de la mujer: su fantasma de la mujer. El hombre se ha inventado una historia para comprender la realidad que tiene delante: la mujer. Pero la mujer real es la narradora. La palabra viene de la voz de la mujer. Y entre la narración construida por el hombre, su hogar, su casa, y la impertinente voz de la mujer, la realidad, media un abismo también de violencia. Escuchar "realmente" a la mujer, la inteligencia de una narración capaz de entrar en la casa del hombre, destrozarla, convertirla en algo libre y dispuesto a olvidar y dispuesto a amar, no los viejos fantasmas, sino la realidad. Ese sí que es el ideal de la mujer para el hombre. Sólo la mujer puede salvarlo de sí mismo.
¿Recordáis que Teseo el héroe y Minotauro el monstruo-rey han de ser sublimados por el amor de Ariadna? El amor de Ariadna es el hilo de oro para salir del laberinto. Pero también es amor poner al monstruo delante del héroe que lo venza, y poner al héroe delante de su monstruo. La decisión que toma Teseo al salir del laberinto es el olvido.
¿Recordáis las grandes hazañas de los masculinos Áyax, Aquiles, Ulises? Su narración no es obra del muy sincero Homero, sino de la 0h musa que canta por él.
Beatrice, la donna angelicata que libera a Dante del infierno mostrado, narrado, por Virgilio.
Scheherezade, la fuente incesante de narración, de belleza, de magia, capaz de llevar el perdón al más violento de los reyes-hombres. Con historias de amor.
En la temporada pasada, tuvimos el privilegio de contemplar The Artist de Hazanavicius. También ahí nos avisa de cómo, sin la voz de la mujer, el artista se convierte en eso, arte, retórica vacía, sin ese toque humano de la realidad, que es un baile.

En definitiva: en Trance no estamos ante la ilusión de un principio y un final (a freír viento el planteamiento-nudo-desenlace). No estamos ante personajes concretos con su fabulada historieta. Es un momento. Ese instante de liberación, de decisión. La magistral construcción de un vacío que atrapa al espectador que se deja seducir por la voz libre de la mujer.

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martes, 19 de marzo de 2013

LA MUJER: Cousins, de Joel Shumacher


Atentos que si parpadeáis os la vais a perder. Hay que coger cada detalle al segundo.

Descripción de cada detalle a comentar:
  1. Los dos lados del anden. La valla (¿de seguridad?)
  2. Estado de ánimo inicial de ella.
  3. Dónde y cómo está ella. Dónde y cómo aparece él (juegos de cámara).
  4. Sonrisas. Rostro de ella.
  5. La carrera de descenso (gestos y ropa).
  6. La carrera de ascenso (gestos y ropa).
  7. Confusión al llegar al otro lado.
  8. La posición actual de ella y la gente que ha quedado al otro lado (juegos de cámara, gestos de ella).
  9. Visibilidad del diálogo (¿contenido?).
  10. Miradas: el perro, la gente, (respiración de ella, sonrisa, incomodidad de ser mirada), la niña de sonrisa ambigua, (seriedad) -gravedad y tensión musical-.
  11. Él aparece junto con el tren.
  12. Ella no sonríe (seriedad), sí sonríe (complicidad, entrega).
  13. ¡Cambio de cuadro! -clímax musical-.
  14. Moto, abrazo, paisaje natural, apertura de plano.
  15. Vacas, granjero: "¿Eres feliz?", "¿Por qué?", risas.

La mujer continúa en:

domingo, 13 de enero de 2013

W. Anderson: MOONRISE KINGDOM

Imaginemos que el tiempo es una isla. Allí cada objeto es una música que escapa en su propia dirección. Nuestro paseo recoge trozos, fragmentos, de esas fugas y compone.
¿Pero cuál es la dirección de su paseo? Cada uno, qué es, siendo objeto y paseo sobre otros objetos. Y aún más importante, cuando quiere y desea, siendo su querer algo, pero algo nuevo y distinto a cualquier objeto, ¿qué música es? ¿Y qué hace el deseo con la isla?
Cuando vi esta película pensé que alguien había escrito mi vida. Es extraño, porque al mismo tiempo debía sentir que difícilmente esa película podría ser la vida de otro; y sin embargo, otro al menos había compuesto esa película ¿para mí?
Es obvio que vivo en huida de lo que soy. Pero construyendo lo que soy con mis pasos mi huida no me permite salir de la isla de mi ser. ¿Qué otro sentido hay? ¿En qué detalle ha de renacer mi historia, otra vez toda la historia?
¡Cuántas veces estaré viviendo esto mismo contigo!

lunes, 31 de diciembre de 2012

ONE DAY MORE


Así terminaba el concierto por el 25º aniversario del musical. Difícil ahora convencerme de que no estuve realmente allí, al lado de los que revivían el primer espectáculo que les emocionó, al lado de los intérpretes mismos tras tantos ensayos. Porque difícilmente puedo distinguir la realidad de los hechos de vuestros sutiles argumentos, de mis propias invenciones o mis sueños. Y las ideas con que defiendo ese sueño concertado, ¿quién sabe de dónde vienen y dónde las volveremos a encontrar?
Cada cual recoge de allí y de allá las máscaras con las que camina por este teatro del mundo. Algunos se saben su papel de memoria, otros improvisan, y hay quienes en mitad de la escena han aprendido a cambiar de guión y saltar de personaje en personaje. Odios y amigos vienen a ser entonces ecos y notas al margen difuso del tiempo. Y lo que no pertenece a nadie, lo que reconocemos como extraño tal vez sea la máscara que un día abandonamos y ahora viste el rostro del olvido; pero eso ¿quién puede asegurarlo?
Habrá quien crea en su propio papel y su ideario y habrá quien no, pero difícilmente puede uno sustraerse al caótico impulso de este teatro. Y por debajo de nuestros pies tecletean las letras moviéndolo todo. Y cuando llegue el momento de bajar el último telón, de apagar el último foco, de aquietar el último gesto, quién me convencerá de que no ha sido ese gesto, a la pasión y a la crueldad de los tiempos, en su máscara, el más sincero de los aplausos.
Dejen marchar el mundo y el tiempo que ha sido hasta ahora y vengan, si quieren, a zambullirnos en un nuevo giro de los sueños:





domingo, 16 de septiembre de 2012

BLACK MIRROR. La hiperrealidad.

Si aún no has visto Black Mirror y tienes intención de verla, no sigas leyendo. Es mejor enfrentarse a los tres capítulos sin saber nada de ellos. Muchos otros te dirán lo mismo. Es importante no estar condicionado en el visionado de estos capítulos.
Si ya has visto los tres capítulos y has digerido por tu cuenta el brutal puñetazo en el estómago, podemos seguir.



Imaginemos que el espejo de Alicia está hecho trozos y que cada trozo está en la superficie completa de cada objeto. Y así, entremos, como nuestro reflejo, en cualquiera de esos objetos-espejo. Asumamos que el mundo o lo que nos rodea es entonces el producto del reflejo de ese objeto, y el reflejo está condicionado por lo que el objeto es. Por lo pronto, nos sería difícil precisar qué es dicho objeto, o cuáles son sus cualidades para definirlo, pues cada uno de los nítidos objetos que poblarían ese mundo serían a su vez reflejos distorsionados de ese otro mundo que refleja el objeto. Nosotros mismos, ¿cómo definirnos?, seríamos también ese otro objeto reflejando los objetos que son reflejos de objetos. Y, sobre todo, no podríamos distinguir claramente en qué objeto estamos habitando realmente, o si habitamos alguna realidad que no esté dentro de ningún objeto-reflejo.
Esta atmósfera asfixiante es la que se respira en los tres capítulos de Black Mirror. El reflejo fiel no de la irrealidad de un mundo, sino de la imperante hiperrealidad del nuestro. En los tres casos, no es que falte la realidad; sino que la realidad no es mirada, y sólo se vive a través de realidades paralelas, inventadas. En El himno nacional, esa nueva realidad viene de manos de los medios de comunicación; en 15 millones de méritos, interpretan los elementos de su entorno en función de lo que ven en sus canales de pantalla; y, magistralmente, en Tu historia completa se cierra el círculo, donde la viviencia mediada por una memoria débil se sustituye por la vivencia mediada por una memoria exacta, pero igualmente cuestionable.
Porque una de las claves que traspasa los tres capítulos es precisamente que no se trabaja con los hechos, con los objetos o con las personas, sino con el juicio o interpretación que sobre ellos se establece. Un recuerdo se convierte en lo que uno o varios concluyen, por emoción, por discusión, por convención, qué es ese recuerdo; el recuerdo está ahí, tal cual, pero constantemente puede ser cuestionado y redefinido, y ese cuestionamiento también será un recuerdo cuestionable. Lo que cada uno pueda tener de original o auténtico no se percibe, sino en función de los valores deseados: una cancioncilla cantada para que no nos oigan mear puede ser interpretada como una salida de pura belleza hacia la verdad, o es que llamamos belleza a lo que no admitimos de nuestros más bajos instintos sí verdaderos. Porque nadie presta atención a la princesa, a la que se supone que hay que salvar, sino al acto abominable del héroe, cuya abominación, no olvidemos, está cargada de referentes culturales.
Y este mundo distorsionado no creo en absoluto que sea un futuro inminente. Es el reflejo más atronador de la sociedad actual que haya visto últimamente. Ya Platón hablaba de ello con su mito de la caverna. Orson Wells en su radiotransmisión de la Guerra de los Mundos dio prueba de hasta dónde podía llegar la vivencia de la hiperrealidad. Werther de Goethe causó una oleada de romanticismo, suicidios y explosión de sentimientos por toda europa durante décadas, tal vez aún durante siglos. Pero si alguna vez la economía, la política, se movió sobre un atlas imaginario de necesidades y modas, hoy día, la economía se ha desdoblado en demandas de demandas, demanda de deuda, deudas de deuda, números sobre números, valores sobre valores.
Y nuestros sentimientos qué. Y nuestras decisiones qué. Cuánto de reales o hiperreales son. Dependen de los hechos o bien dependen del repertorio de novelas, partidos de fútbol, y tratados de psicología que hemos visionado. Sentimos lo que sentimos, vivimos lo que vivimos, pero sólo accedemos al debate de opinión, al juicio de valor que sometemos desde nuestra memoria, desde nuestras conversaciones o desde los múltiples y variados textos de los medios de comunicación. Pero los sentimientos son reales, y nuestra decisión ha sido un hecho (interpretable, por supuesto).
Podríamos descubrir que realmente vivimos no en nosotros mismos, sino en esos objetos, que no son objetos, sino reflejos de reflejos. Como los muñequitos de Disney, que bien pueden ser ratones, teteras, soles o juguetes. Jugetes, sí, juguetes. Periódicos. Obras de arte. Pomos de cajones. Capa de pintura sintética para el borde de la sonrisa nike de unas zapatillas. Que no podemos dejar de mirar.

Algunos enlaces sonbre Hiperrealidad:
Sobre Black Mirrror:

domingo, 30 de octubre de 2011

BEETHOVEN: Himno de la Alegría


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No creo que se pueda ni se deban hacer comentarios sobre el Himno de la alegría de Beethoven. ¿Qué más habría que decir? Es una obra a la que sólo podemos acercarnos, entregarnos, una y otra vez, cuando sea, en los momentos que sean, y dejar que nos enseñe o nos transforme.
Aún así, pienso que toca hacer este comentario, y ha de ser así, incumpliéndome a mí mismo, posibilitándome una rebeldía imposible.
Lo haré tangencialmente: a través de esta secuencia de "Immortal beloved". La película puede resultar más o menos interesante, pero esta secuencia del Himno de la alegría es magistral. Nos da, por supuesto, una visión personal, pero que nos ayuda a comprender mejor esta música. No creo que nos distorsione ni nos aleje del mensaje.
Veamos los elementos de la secuencia: las estrellas (el Padre), el padre (junto con el goce, la violencia, la autoridad...), los hermanos (la humanidad), Beethoven (el yo, ¡magnífico!, el yo escapando por la ventana de casa), el bosque (aquí se puede poner lo que se quiera), la laguna (algo de útero, algo de sexo, algo de equilibrio, algo de paz), y otra vez las estrellas: lo universal.
Cómo no ver en esta música la carrera misma de la humanidad: huyendo del padre odiado y corriendo para amar al Padre. Y en esa carrera podemos situar lo que queramos: la ambición, la política, la guerra, el pensamiento, la filosofía, el arte, la ciencia... todo el esfuerzo humano que se estorba y se apoya en sí mismo para trascender, siempre a punto de culminar sin conseguir culminar nunca. Hasta que el absurdo nos lleva al sosiego de la risa y la alegría.
Porque sí, todos estos sones, alegres o quejosos, gozosos, marciales, religiosos, solemnes, explosivos... no son el meollo de la cuestión. Que no. ¿Piensas tomarte en serio esta música? Bah. Amigo, suelta esa seriedad y divirtámonos con ella. ¿No ves que en el fondo es una melodía simple, infantil, insignificante? Podemos hacer con ella lo que queramos, sin temor a recriminaciones. ¿A qué ese empeño del hombre en recriminar y en sacralizar? Así es el universo, algo tan sutil como una cancioncilla, un canturreo que no se puede olvidar; y por más que sobre ella levantemos un edifcio enorme con nuestros empeños, seguirá sonando en el idioma de lo absurdo, lo trivial, lo insignificante... hasta que comprendas que es hermoso.
Tememos aquello a lo que estamos obligados, y nos obligamos a ese temor, y con ese afán luchamos y tropezamos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. Si tan solo aprendiéramos a dejarnos flotar en la eternidad.
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domingo, 9 de octubre de 2011

La educación según MONTY PYTHON

PROFESOR: Vale, vale. Ya está bien. Sentaos, sentaos. Escuchad con atención. Todos aquellos de vosotros que participéis en el partido de esta tarde deberéis poner la ropa en la percha de abajo después de comer, antes de escribir la carta a la familia, si no tenéis que cortaros el pelo o un hermano menor que este fin de semana haya sido invitado por algún compañero, en cuyo caso, recoged la nota antes de comer, metedla en el sobre antes de cortaros el pelo y aseguraos de que él pone la ropa en la percha de abajo. Bien...
ALUMNO: Señor.
PROFESOR: ¿Sí, Vaimer?
ALUMNO: Mi hermano menor va a pasar el fin de semana con Diven, pero yo no voy a cortarme el pelo, señor. ¿Tengo que cambiar la ropa o...?
PROFESOR: ¿Te importaría prestar atención, Vaimer? Esto es muy sencillo. Si no tienes que cortarte el pelo, no tienes que poner la ropa de tu hermano en la percha de abajo; basta con que recojas su nota antes de comer, después de escribir tu redacción y la carta a tu familia. Antes del descanso debes poner la ropa en la percha de abajo, saludar a las visitas y decirle al señor Vaimy que te han firmado la nota. Bien... Sexo.

Monty Python: El sentido de la vida. (1983)


No hay mejor estampa de lo fácilmente que se pervierte el sistema educativo que algunos sketch de los Monty Python. En principio, la educación debería conseguir el pulimento de las pasiones y los vicios del niño en pro de su sociabilidad y su libertad (sin contradicción). Sin embargo, no es difícil ver cómo el sistema educativo fomenta los valores de otro sistema moral tan degradado como el que se pretende corregir, echando por tierra la originalidad y la libertad del individuo. Esos son los extremos ideales y aquí comienza el juego.

*Romanes, eunt domus. Pocos habrá que no conozcan la lapidaria escena en que unos guardas romanos improvisan una clase de latín para corregir las pintadas de un Bryan revolucionario e independentisa (ver escena de La vida de Brian: en español, original en inglés). Por un lado, se satiriza a los revolucionarios que quieren independizarse del yugo de civilización y progreso que imponen los romanos (muy parecido a lo que podríamos ver en los niños frente a sus maestros). Pero estos dos guardas romanos, en lugar de corregir su verdadero error, sólo se fijan en la sintaxis; como esos profesores, obsesionados por la ortografía, pero que no se dan cuenta de los verdaderos problemas a los que el alumno se enfrenta. Con ellos, y sin quererlo, sólo contribuyen a que el “error” se extienda en el sistema, eso sí, gracias a la eficacia de una buena caligrafía. La próxima generación sabrá construir cosas pero no personas.

Igualmente iluminador es el episodio dedicado a la educación en El sentido de la vida. Se le da la vuelta completamente, y nos reímos, no sé muy bien si porque el inverso resulta disparatado o bien más real que lo aparente. Los niños estudian solos, pero cuando llega el profesor aparentan ser revoltosos. Los niños son tímidos y cándidos, y es el profesor el que les instruye en las pasiones. Y, lo más significativo, usando un tono y un lenguaje en el que parece más importante la terminología y los esquemas que la propia realidad que pretende enseñar.

Ambos sketchs tienen en común la hipérbole de dos momentos de la humanidad: el del alumno y el del profesor, que se diría hablan dos idiomas totalmente distintos. Y de ahí viene el texto que he escogido para comentar. Da en el clavo del galimatías que se produce en nuestra cabeza cuando somos alumnos y no sabemos la “intención” de todo eso que nos intentan enseñar: moral, principios, consejos prácticos, emociones, conceptos... ¿De qué me estás hablando realmente? ¿Qué me quieres contar?

Para terminar, os dejo con el alegórico partido profesores-alumnos, que da buena cuenta de qué es lo que hace un sistema educativo eficaz al servicio de un sistema moral decadente (¿es así el nuestro?). Por cierto, por si alguien no se da cuenta: los profes son los de naranja (¿por qué será?).
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viernes, 19 de agosto de 2011

PROFESIONALIDAD: Gene Kelly, Cyd Charisse; SINGING IN THE RAIN




Córdoba, viernes 19 de Agosto; 39 ºC a la sombra. Es normal que me recree contemplando la famosa secuencia de Singin' in the Rain. Y por otras cosas.
Y no es sólo buscando el frescor, sino por la idea misma: bailar y cantar entre las adversidades para mostrar al mundo una sonrisa. La estética de la época, el auge de los musicales y las superproducciones, buscaba eso: dejar atrás los horrores de la Segunda Guerra Mundial y dar una imagen de felicidad omnipresente e inquebrantable.
Esto se hace patente en la realización misma de esta película. Es sabido (consúltese al efecto la magnífica entrada de Uli en Una canción perdida) las penurias y sufrimientos que pasaron todos los actores durante el rodaje: lesiones, depresiones, enfermedades... y ¿quién podría sospechar que están sufriendo lo indecible mientras bailan con esa brillante alegría? Es para llegar a una severa conclusión, el descubrimiento del camino para la felicidad: la profesionalidad.
Con esta película, se vuelven banales las ideas de trabajar para enriquecerse, para construir un nombre, para sostener un tren de vida, para defender una sociedad... ¿Cuál debería ser el objetivo de nuestro trabajo?: arrancar en el otro una sonrisa. Y eso puede hacerse desde cualquier trabajo (vale, a lo mejor el recaudador de impuestos lo tiene más difícil).
Hay muchas escenas y bailes memorables en esta película, el musical por antonomasia; pero me voy a centrar en dos, que particularmente me hipnotizan, y que además ofrecen una contraposición perfecta.
Primero, el archifamoso bailecito de Gene Kelly paseando por la calle en pleno diluvio. ¿Alguien es capaz de discutirme que no es una secuencia perfecta? No sé cómo fue la factura, pero da la sensación de que consigue un buen equilibrio entre diseño al milímetro e improvisación. Detengámonos en algunos detalles:
  • El toque del amor. La imagen del beso y la mujer que se despide tras la puerta es un tópico no ya del cine, sino de la vida. Responde a una de las cumbres de felicidad que todo hombre pueda experimentar. Consecuencia: la renuncia a la comodidad. Con qué elegancia le dice al coche que se marche. El amor nos da alas, pero aquí nos indica qué es lo contrario del amor: el cansacio, la pereza, la incomodidad, la desgana, el miedo.
  • La valentía. El hombre tocado por el amor es feliz y es valiente, se enfrenta sonriente al diluvio (grande Regina Spektor). Aquellos que se cruzan con él lo miran como un loco; pero ante su mirada, esas prisas y esas precauciones resultan ridículas.
  • La sonrisa. El zoom hacia la sonrisa de Gene lo deja claro: por oscuro que esté el día, una verdadera sonrisa basta para iluminarlo (no puedo imaginarme a este profesional al borde de la neumonía, de dónde saca esta energía que marcará la Historia del cine).
  • El paraguas. Se covierte en el compañero de baile de toda la escena. Se convierte en un amigo. Gene consigue sacar de él todas las posibilidades. Consigue hacer de un paraguas un objeto de perfección. Y atención, en el fondo, el paraguas no deja de ser una señal de miedo, de protección, fácilmente asociable a un bastón, un escudo o incluso un arma. Aquí es un compañero, un amigo, porque no es utilizado, no se le busca para protegerse, sino para alcanzar la perfección.
  • Hollywood. Sí, toda la película es un homenaje y casi un documental de la edad dorada de Hollywood, la "fábrica de sueños". Aquí se ve reflejada en los distintos escaparates, tan lujosos. Tiendas de moda, de cigarrillos, librería, hasta llegar (curioso final, ¿verdad?) al "Art School".
  • La ley. Magistralmente, la secuencia termina con la aparición del policía. ¡Con qué alegría, con qué respeto, el personaje asume la vigilancia de la ley! ¡Claro! Sabemos que no hay nada más molesto que la felicidad ajena, hemos de contenernos. Con humildad, Gene serena el gesto pero sin abandonar la sonrisa: vale, yo soy feliz, no puedo evitarlo, pero procuraré que mi felicidad no moleste a los demás. ¿Dóde se ha visto algo así? De verdad, me quito el sombrero.
  • La entrega de amor. Y por último, cuál es el gesto final: Gene le da el paraguas a un transeúnte. Aquello que él ha sido capaz de convertir en un objeto valioso, aquel que ha sido su compañero en el momento de felicidad, aquel del que ha sacado la perfección, va y lo entrega a un desconocido. ¡Prótegete, sírvete de él!; aunque no lo sepas, es un objeto tocado por el amor.
[Una vez más, no me permiten insertar el video, así que nada, a enlazar: Cyd Charisse y Gene Kelly en "Brodway Melody", de Singing in the Rain]
La otra escena es totalmente opuesta: la mujer fatal, la belleza seductora, el poder de lo femenino. Pero una vez más me quedo con la profesionalidad de Cyd Charisse. A lo largo de la película hemos visto escenas magistrales, pero es que el bailecito que se marca aquí Cyd Charisse es espectacular. Y, yo al menos, no consigo ver en ella a una mujer fatal, sino a una bailarina que borda su papel. ¡Qué precisión y sensualidad en cada gesto! El objetivo: sacar al paleto de Gene de su posición rígida e ingenua.
Por supuesto, podemos ver aquí una metáfora poco velada del propio arte, de la belleza del espectáculo. La belleza que seduce al artista, pero que es seducida por el dinero. Brodway, Hollywood, la exótica belleza que baila para nosotros, esperando siempre que demos el paso.

Let the stormy clouds chase
Everyone from the place
Come on with the rain
I’ve a smile on my face
I’ll walk down the lane
With a happy refrain
Singing, just singing in the rain.

domingo, 29 de mayo de 2011

CARRINGTON: La soledad

Aunque resulte paradójico, hay varios tipos de soledad. Podríamos decir que hay tantas maneras de sentirse solo como individuos haya. También podríamos decir que hay tantas maneras de sentirse solo como situaciones diferentes podamos vivir. Y esto parece un poco sintomático: la soledad es uno de los elementos estructurales del ser, tal vez uno de sus polos. Paradójicamente, el sentimiento de soledad suele indicarnos dos cosas: que somos únicos, y uno; y también que existe la diversidad, que existen los otros.
Esta imagen refleja muy bien el sentimiento de soledad. Pertenece a la película Carrinton (1995), del inglés Christopher Hampton (ver trailer). También esta fue una película emblemática en mi vida, por razones estéticas y por cuestiones personales. En cuanto a las personales, posiblemente me identificaba (en esos años de post-adolescencia, en los primeros años de carrera) con esos intelectuales que no dejaban de ser niños perdidos en su sexualidad. En cuanto a lo estético, me impactó la banda sonora: durante años estuve buscando música así, al tiempo que buscaba música como la de Azul, de Preisner-Kieslowski. En el último caso, la búsqueda me llevo a Mahler, quien me enseñó mucho. En el primer caso, la búsqueda me llevó a los cuartetos de Beethoven, del que aprendí mucho más.

De esta escena, voy a destacar tres cosas, dignas de ser comentadas detenidamente:
  • La música. Del Cuarteto de cuerda nº 3 de Michael Nyman. Toda la fuerza emotiva de esta secuencia radica en ella. Es curioso: la pieza está compuesta con anterioridad a la película; por tanto, hemos de deducir que la secuencia está diseñada para encajar en la música, y no al revés. Lo mismo sucede con la escena final de la película (que no contaré).
  • El montaje. El juego de cámara es maravilloso. Si quitamos el sonido podemos atender sólo a él, y apreciarlo mejor. La mirada de la actriz (Emma Thompson) está perfectamente coordinada con los movimientos de los personajes en la casa. La alternancia de planos cercanos, lejanos, estáticos, en movimiento, juegan con ese vaivén sentimental de la música y el personaje. Y, claro está, todo dirigido (arrastrándolo todo) a la última imagen, que es la imagen del deseo de Carrington.
  • La imagen y la ausencia de palabra. Carrington es una pintora; Lytton, un escritor. Podemos sacar punta simbólica a esto. En esta escena, todo lo inunda el poder de la imagen, que impregna la mirada de soledad. Magnífica esa idea del mundo interior (la casa) visto desde fuera; algo que aparece en muchas otras obras. Todo es visto como algo propio y ajeno a la vez, nítido e incomprensible; y a eso ayuda la ausencia de palabra. Y es significativa la única frase, de Lytton: "¿Es que no van a terminar nunca con ese horrible juego?"
Me gusta esta escena como reflejo de la soledad porque muestra a un sujeto contemplando su propia vida, a las personas que componen su historia, sintiéndose desplazado. ¿Qué mayor soledad que la de sentir que lo tuyo no te pertenece o que no perteneces a los tuyos? Ni siquiera tu propia historia. Y aún así seguir afectado por ella, seguir teniendo que estar ahí, actuando, ejecutándose.
Hay en la soledad un hiperprotagonismo del Yo. Hay cierta paranoia. Ese empeño del yo de pertenecer y de que le pertenezcan. Hay en la soledad mucho de egoísmo, un egoísmo insano e inevitable. Y cierta paradoja: porque el que está, está siempre rodeado de estímulos, y cuando faltan los estímulos proliferan los delirios. No se puede estar, y menos ser, sin el lenguaje. Y en el lenguaje siempre hay Otro; pero, claro, menos Yo.

Hay tantos que se sienten solos, que es realmente difícil que estén solos. Para todos aquellos que han sentido la profunda soledad, va dedicada esta entrada. 

domingo, 24 de abril de 2011

D. Aronofsky: CISNE NEGRO

Estaba claro que cuando empecé a hablar del cisne, era para llegar a esto. Confieso que debo de tener debilidad por el cine de Aronofsky, esta es la segunda película suya que comento en este blog. Por otra parte, intentaré no hablar de ella, contar su historia, sus detalles. Prefiero que cada cual la vea lo más libremente que pueda. Simplemente aviso: los que vayan buscando algo tremendamente original, están equivocados; los que busquen una película clásica, están equivocados; los que esperen transgresión, están equivocados; y todos los que piensan que esta película no es buena, lo siento, están tremendamente equivocados. Lo más que puedo conceder es que esta película pueda resultar incómoda a unos y a otros.
Es cierto que historias sobre el "lado oscuro" tenemos unas cuantas. Esta es sólo una de ellas. Sobre el afán de perfección, también. Sobre los delirios de una mente sufriente, también. No es más que una película bien hecha, una historia contada como se quería contar, unos personajes trazados como era necesario que se trazaran. Y, otra vez, si alguien piensa que no puede sentirse identificado con Nina, que es un caso extremo, que las personas no somos así... se equivoca.
Al menos yo también me siento así. Siento que he de trabajar en un mundo heredado, unos patrones heredados, unas normas heredadas. No puedo salir de este mundo. Ni siquiera deseo salir de este mundo; es más, haría todo lo posible por alcanzar la perfección. Pienso que todos nuestros movimientos van buscando la perfección de lo que somos, nobles o innobles, zafios o brillantes. Son los otros los que interfieren y no nos lo permiten: los que brillan se empeñan en picar a los zafios, y viceversa. Es el mundo, con sus inesperadas convulsiones el que me impide ser el mundo que yo quisiera.
En este sistema paradójico, ¿es posible la perfección? Pensémoslo de la siguiente manera:
Mi ser está caracterizado por una estructura concreta. Veamos esa estructura como una adicción. Yo soy un adicto, pongamos por ejemplo, no sé, al tiempo. Esa adicción es lo que soy, y lo que hago lo hago en función de esa idea. Pero está claro, que como cualquier adicción, esta estructura tiene un límite: tarde o temprano el tiempo me destruirá. 
La única manera de salir de ahí es a través de un proceso de transformación, de desintoxicación. Yo mismo no podría alcanzarlo, pues mis decisiones están condicionadas por mi estructura adictiva. Entonces, necesito una intervención desde fuera, un cirujano, alguien que interfiera con otro ser algo distinto. De alguna manera, en mi propia estructura ha de haber una grieta, una contradicción, una paradoja, que permita la entrada del otro.
P
ero claro, si me transformo, muero. Desaparece la adicción, desaparece el ser adicto a eso. La muerte es inevitable, pero hay distintas muertes. Por tanto, la perfección no se consigue desarrollando sólo una de las partes de la adicción. He de llegar hasta el final, hasta sus límites, hasta su contradicción inherente. Vivir en la paradoja de que la adicción no se sostiene. Por muy seguro, constante, preciso que nos parezca el tiempo, el mismo tiempo que nos mantiene, nos destruirá. 
Entonces, ¿alguien piensa que es perfecto?, ¿alguien piensa que no puede alcanzar la perfección? Evidentemente, si nos posicionamos como Dalí y Leda, un emblema perfecto que es capaz de dar cabida a todo, si nos creemos perfectos, entonces damos rienda suelta a nuestra adicción, sea la que sea; que siga funcionando, hasta que su límite nos destruya. Si nos posicionamos como el protagonista de la fábula, que, aunque se vea como un brillante cisne, sabe que siempre ha sido un patito feo (obsérvense todos los significados de "pato", canard, en francés), si nos damos cuenta de que lo que somos, nuestra adicción, no se sostiene, entonces tal vez el límite nos fulmine en pleno camino de perfección, de la incómoda y desagradable perfección.
Esto no se sostiene. Y si aún no estáis deacuerdo, fijaos entonces en todo lo que he tenido que hacer para convencerme a mí mismo de que no estoy equivocado.  

Otras visiones de Cisne negro de Aronofsky:


Y ahora, vuestras visiones: