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lunes, 30 de abril de 2018

GENTE. El libro de los amores ridículos, de MILAN KUNDERA

Explicaré delante de todos cómo han ocurrido las cosas. Si las personas son personas, tendrán que reírse.
     ‒Como le parezca. Pero verá usted que, o las personas no son personas, o usted no sabía cómo eran las personas. No se van a reír. Si usted les explica todo tal como ha ocurrido, se pondrá de manifiesto que no sólo no cumplió con sus obligaciones tal como las establecía el horario, es decir que no hizo lo que tenía que hacer, sino que además ha dado clases ilegalmente, es decir que hizo lo que no tenía que hacer. Se pondrá de manifiesto que ha ofendido a un hombre que le había pedido ayuda. Se pondrá de manifiesto que su vida privada es desordenada, que en su casa vive cierta joven sin estar dada de alta, lo cual tendrá una influencia muy perniciosa en la presidenta del Comité de Empresa. Todo este asunto será de dominio público y quién sabe qué nuevos cotilleos aparecerán; lo que es seguro es que les vendrán muy bien a todos aquellos que se sienten molestos por las ideas que usted defiende, pero que sienten vergüenza de enfrentarse con usted por ese motivo.

Milan Kundera: El libro de los amores ridículos (1969)

Hoy voy a seguir el sentido literal de "comentario" como "mentar con". Para no hablar solo. Para tener la ilusión de que lo que digo lo digo junto con mi amigo. Siendo cosa de dos, no sé si resultará doblemente convincente, pero tal vez sólo reciba la mitad de los ataques:
«No se van a reír». El humor, en su más baja condición, suele tener mucho de sadismo, y un sadismo no recíproco. Ridiculizar al otro, reírse de los defectos de los demás es tan antiguo como común. Ahora bien, si algo estamos observando a través de las redes sociales es la escasa tolerancia hacia que los demás se rían de uno mismo, o de lo que uno considera importante. La incapacidad para acceder a un humor universal, irónico, no denigrante, y la incapacidad para no tomarse en serio las tragedias propias, por un momento sólo, es un rasgo bastante generalizado entre las personas. 
«No cumplió con sus obligaciones tal como las establecía el horario». En mi país, al menos, es más importante la presencia física en un lugar en un horario que el cumplir con unos objetivos y obligaciones. La obligación es el lugar y el horario. Obviamente, todos estamos obligados a habitar cada cual en su aquí y su ahora. La presencia física se puede garantizar. Dónde esté la mente eso es otro cantar. Lo que debiera vigilarse son los deseos, los objetivos, el rendimiento de un trabajo. Pero, ¿y si ese deber ser no es útil? Y si los objetivos son sólo ficciones para permitir una subsistencia, y si en lo demás no se cree, nada más que en la vida sin sentido de cada cual... entonces ¿qué?
«Ha ofendido a un hombre que le había pedido ayuda». En efecto, este personaje querría tomarse a guasa sus propias acciones. En su argumentación, justifica su conducta en un querer evitar enfrentarse al mal trago de tener que decirle a un camarada que su trabajo no es válido. Irónicamente, como denunciando la frivolidad que sería aceptar su estudio, él mismo se escaquea, poniendo en evidencia lo absurdo del sistema de reglas. Un callejón sin salida, pues, por un lado o por otro, se demostrará que tanto "tener que" es ridículo.
«Además ha dado clases ilegalmente». El colmo. Pensar gratuitamente. Conversar gratuitamente. Aprender unos de otros en los quehaceres cotidianos, en las conversaciones cotidianas. Impensable. Si algo se ha penalizado a lo largo de la historia, eso ha sido predicar. Promover ideas, aceptables o inaceptables, siempre incomoda. Promover locuras, delirios, fuera de la locura general o el delirio general, es inadmisible. Que nadie invente chistes nuevos, y mucho menos haga reír gratuitamente y fuera de un horario.
«Su vida privada es desordenada». Por favor.
«En su casa vive una jovencita sin estar dada de alta». Pongámonos sentimentales. Y ahora nos dirán que cómo es posible que amemos a un desconocido. Toda idea de caridad, de fraternidad, de amor al prójimo se topa de bruces con el día a día del egoísmo común e institucional. Sólo podemos amar a uno de los nuestros. Y esto es fundamental. Por un lado, la mayor locura consiste en acotar claramente qué podemos amar y qué no, y a esto llamamos cordura y civilización. Por otro lado, la realidad es que amamos cosas impensables quienes han conseguido amar algo distinto de sí mismos y sólo sí mismos. Pues todo el meollo radica ahí, en qué se me permite considerar mío en la propiedad de mi casa-cuerpo-mente.
«Todo este asunto será de dominio público». Que lo más paradójico de la gente es la ausencia de personas. Nada íntimo, nada privado, nada intocable, excepto yo y lo mío. Al más mínimo resquicio, como fieras enjauladas (que nos impiden, no salir, sino entrar), al otro se le expondrá, se le desposeerá. Si es posible, ante cualquier sombra de impunidad, atacarán. Alguien sensato estableció leyes eficaces para la comunidad, pero incómodas para cada uno. Derechos para mí, obligaciones para los demás. ¡Qué más impune que atacar al culpable!; no es tan sabroso como destruir al inocente, pero valdrá como satisfacción, pues entre todos nos lo permitiremos. Y así acaba la ley: donde cien piden leyes que de veras nos protejan, miles claman por leyes que de veras nos castiguen.
«Y quién sabe qué nuevos cotilleos aparecerán». Porque la "jauría humana" vive hambrienta de historias, de ficciones, de daño. El discurso legal y moral es poco más que la cobertura conversacional para poder hablar del delito, del pecado, de todo aquel daño que se quiera causar, pero que no estamos dispuestos a que nos lo infrinjan a nosotros mismos. Castigar, de acto o de palabra, directa o indirectamente. Causar sufrimiento. Y si algo ha demostrado la historia y nos muestran las redes sociales en su máximo esplendor, es que no son ni tres ni cuatro, sino legión las bocas lapidarias del rebaño humano. Como peces, carnaza para morir conversando.
«Sienten vergüenza de enfrentarse con usted por ese motivo». Así es: la verdad nos avergüenza. Pues nada soportamos peor: el otro no puede llevar razón. Negarle el saber al otro es gran locura. Y grande también por lo extendida. El narcisismo propio es, detalle por detalle, dimensión por dimensión, absolutamente intachable. Aquel que cuestiona nuestros argumentos es un ignorante; quien consigue refutarlos, es un mal humorista, un mal predicador, que en cuanto se pueda debe ser ajusticiado. Nada de ironía: una torpeza ha de subrayar de torpeza todo lo demás. Nosotros, soberanamente torpes, demostramos así que teníamos razón. 

 
 

sábado, 31 de marzo de 2018

Narcisismo: LA ZORRA Y EL CUERVO

Todas las gentes tienen que la color de las vuestras péñolas et de los ojos et del pico et de los pies et de las uñas, que todo es prieto, et por que la cosa prieta non es tan apuesta como la de otra color, et vós sodes todo prieto, tienen las gentes que es mengua de vuestra apostura, et non entienden cómo yerran en ello mucho; ca como quier que las vuestras péñolas son prietas, tan prieta e tan luzia es aquella pretura, que torna en india, como péñolas de pavón, que es la más fremosa ave del mundo; et como quier que los vuestros ojos son prietos, cuanto para ojos, mucho son más fremosos que otros ojos ningunos, ca la propriedat del ojo non es sinon ver, et porque toda cosa prieta conorta el viso, para los ojos, los prietos son los mejores, et por ende son más loados los ojos de la ganzela, que son más prietos que de ninguna otra animalia.
Otrosí, el vuestro pico et las vuestras manos et uñas son fuertes más que de ninguna ave tanmaña como vós. Otrosí, en el vuestro buelo avedes tan grant ligereza, que vos non enbarga el viento de ir contra él, por rezio que sea, lo que otra ave non puede fazer tan ligeramente como vós. Et bien tengo que, pues Dios todas las cosas faze con razón, que non consintría que, pues en todo sodes tan complido, que oviese en vos mengua de non cantar mejor que ninguna otra ave. Et pues Dios me fizo tanta merçet que vos veo, et sé que ha en vos más bien de cuanto nunca de vos oí, si yo pudiesse oír de vos el vuestro canto, para siempre me ternía por de buena ventura.
Et señor conde Lucanor, parat mientes que maguer que la entençión del raposo era para engañar al cuervo, que sienpre las sus razones fueron con verdat. Et set çierto que los engaños et damños mortales siempre son los que se dizen con verdat engañosa.
Et desque el cuervo vio en cuantas maneras el raposo le alabava, et cómo le dizía verdat en todas creó que asíl’ dizía verdat en todo lo ál, et tovo que era su amigo, et non sospechó que lo fazía por levar de’l el queso que tenía en el pico, et por las muchas buenas razones quel’ avía oído, et por los falagos et ruegos quel’ fiziera porque cantase, avrió el pico para cantar. Et desque el pico fue avierto para cantar, cayó el queso en tierra, et tomólo el raposo et fuese con él; et así fincó engañado el cuervo del raposo, creyendo que avía en sí más apostura et más complimiento de cuanto era la verdat.

Don Juan Manuel: El Conde Lucanor, ejemplo quinto.

Parte I: de cómo engañar con la verdad.
La moraleja de esta fábula suele prevenir sobre el peligro de los halagos y la adulación. Pero en el texto de don Juan Manuel aparece desarrollada también la otra perspectiva, esto es, propone un ejemplo de cómo persuadir, de cómo adular, de cómo seducir eficazmente. "Antes se pilla a un mentiroso que a un cojo", por lo que la mejor manera de engañar es diciéndolo con verdades. Esta es una obra para la educación de príncipes, y desentraña el arte de la estrategia y la negociación: cómo defenderse de la persuasión, pero también cómo persuadir.
Arte mayor es engañar con la verdad. Suele la mentira servirse de un texto ficticio que, por ignorancia del receptor, es tomado como cierto. El grado más extendido es el de persuadir con la ficción estrictamente, es decir, utilizar objetos de ficción, que se saben ficticios, cuentos, películas, novelas, narraciones, poemas, teatro... mezclar en ellos burlas y veras, de modo que, o bien se toma el texto como inocente y divertido, sin malicia, o bien la supuesta profundidad del texto le otorga autoridad. En el primer caso, el texto sin malicia sirve como caballo de Troya que persuade de alguna idea o forma de pensar. En el segundo, la lógica ficcional se asumirá como auténtica verdad, no en el suceso ficticio sino en su moral subyacente.
El equilibrio entre ambas opciones de ficción se encuentra en la fábula: un relato aparentemente ingenuo pero respaldado por una moraleja profunda y esgrimido por autores respetados. El colmo, pues, es precisamente esta fábula, que avisa del peligro de las fábulas, y cómo su supuesta enseñanza puede estar más haciendo pasar la moral por verdad que enseñándonos la realidad del mundo. La moraleja habla de cómo funciona la ficción humana, y la fábula nos debiera recordar que la moral es, de hecho, una ficción.

Parte II: del narcisismo.
El encomio del zorro tiene dos partes: una, enumerar las características del cuervo como virtudes, la segunda, demandar el canto del cuervo. Para todo lector, la ironía, más o menos cómica, parte de conocer de entrada el horrible graznido de este ave y su consecuente simbolismo (el graznido como elocución terrible, no ya otros simbolismos asociados al cuervo). 
Hay una diferencia importante entre la versión de Esopo y la de don Juan Manuel. El castellano propone que todos los demás están equivocados y que también lo están en su valoración del graznido. El griego, en cambio, lamenta el graznido del cuervo como una falta real en la perfección del ave. En ese sentido, la versión de Esopo es más pura en cuanto a esa técnica de persuadir con la verdad.
En ambos casos, la debilidad del cuervo consiste en el narcisismo: la atribución propia de un discurso o unas sensaciones de belleza, perfección e invulnerabilidad. Atiéndase bien a esa disyuntiva que no es tal: en unos casos el discurso provoca las sensaciones, pero también en otros las sensaciones se vuelcan adoptando un discurso. Curiosamente, el seductor, aparca su propio narcisismo elaborando un discurso en pro del narcisismo del otro; sería la posición del Tartufo y la falsa humildad. Ahora bien, en ambos casos, el objetivo es uno mismo.
En una versión, el cuervo adopta un discurso de belleza como espejo. Como Narciso, diría: "cómo no va a ser ese mi rostro". Al más mínimo indicio, el narcisismo asume como prueba de su propia perfección cualquier ilusión de belleza. En la otra versión, el narcisismo anula la falta, para recomponer una ilusión de todo. En la defensa de la pseudo-no-falta, el queso caerá. Son dos procesos complementarios: 1) la asunción de todo lo hermoso para sí, 2) la anulación de la falta.
El texto de Esopo pone además una idea interesante. El narcisismo y el entendimiento están reñidos. En la medida en que el narcisismo se aferra a un discurso –robado– como inamovible, difícilmente podrá entender con él el devenir de la realidad. Pero he aquí que el zorro, al servicio también de su propio narcisismo, pues tanto confía en su astucia, es capaz de usar el entendimiento conociendo precisamente cuán ciego es el narcisismo. La fábula no es sólo un aviso contra el narcisismo del cuervo, sino también contra el narcisismo del zorro, que podría llegar a pensar que su astucia triunfará siempre: "1) todas las inteligencias son mías, y 2) carezco de estupidez".  
Esto es: el entendimiento, en la medida en que genera también discurso, construirá un nuevo narcisismo, el narcisismo del texto, el narcisismo de ese discurso, que pretenderá tanto explicar la verdad (zorro) como ser entendido (cuervo). Así pues, la fábula nos avisa de cuál es el tercer peligro del que hay que avisarse: la ingenuidad de nuestra propia intención (el queso), que no es tanto nuestra como del discurso aprendido, adoptado. Y la prueba de esta presunta lectura es, paradójicamente, cómo nadie al leer esta fábula desconfía del queso.

Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de carne y se retiró a un árbol.
Lo vio una zorra, y deseando apoderarse de aquella carne empezó a halagar al cuervo, elogiando sus elegantes proporciones y su gran belleza, agregando además que no había encontrado a nadie mejor dotado que él para ser el rey de las aves, pero que lo afectaba el hecho de que no tuviera voz.
El cuervo, para demostrarle a la zorra que no le faltaba la voz, soltó la carne para lanzar con orgullo fuertes gritos.
La zorra, sin perder tiempo, rápidamente cogió la carne y le dijo:
- Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras entendimiento, nada más te faltaría realmente para ser el rey de las aves. 

Esopo. 


miércoles, 28 de febrero de 2018

LENGUAJE FIGURADO vs. LENGUAJE LITERAL: Al pan pan y al vino vino

Porque ciertos criados del presidente de Cádiz llamaban traidores a unos reconciliados, fuéronsele a quejar, y en oír la causa respondió el presidente así, mostrando que estaba bien dicho: «no os maravilléis, amigos míos, que estos mis criados son tan torpes y rústicos de ingenio, que no saben decir sino al pan pan, y al vino vino. Id con Dios que yo los castigaré».

Juan Timoneda: Sobremesa y alivio de caminantes (1563)
Segunda parte. Cuento XII *(XLV véase comentario de "ybris")

Esta frase impele al hablante ingenuo a hablar ingenuamente, mostrando así sus cartas, en pro de una pretendida claridad. Pues el hablante avisado sabe que el lenguaje siempre va con segundas, y a veces con más de terceras, de forma que "a buen entendedor, pocas palabras basta". Por supuesto, la frase misma avisa de un uso del lenguaje no unívoco, no literal, cayendo, pues, en lo contrario de lo que ella misma predica (parece predicar).
  • Tecnicismos: Pocas palabras pueden ser tomadas "al pie de la letra", de forma que siempre se relacionen con un mismo significado. Los referentes, por su parte, rara vez tienen adjudicado un único significante. Esto sucede en el caso de los tecnicismos que, o bien son objetos, instrumentos propios de una rama tecnológica concreta, o bien son conceptos abstractos aplicados por alguna disciplina científica. Nada que ver con palabras de uso común como "pan" o "vino".
  • Metáfora, metonimia, sinécdoque: Habría que tener siempre en cuenta que el enunciado usual no brota ab nihilo ni mágicamente desde el instante situacional de la enunciación. Viene de algún texto previo, se dirige a hipotéticos textos futuros. Hagamos caso, pues, a eso de la deriva metonímica o metafórica. El significado de una palabra (significante) viene por su asociación con otras (significantes) o con sensaciones y vivencias (también significantes, otro tipo de significantes). Y esta es la base de la connotación. Los filólogos distinguen según la naturaleza de esa relación más arbitraria (metáfora) o más lógica (metonimia); pero, en realidad, psicológicamente no parece que haya mucha diferencia.
    De hecho, entre "pan" y "vino" hay una relación metonímica. Ambos están asociados por su posición en la mesa, pero también por su uso en la liturgia cristiana. Uno llama al otro por contigüidad lógica. En su función, la frase busca la sinécdoque, queriendo extender la univocidad desde un par de palabras a todas las palabras (la tan denostada "generalización"). Y, finalmente, señala con estas palabras un uso metafórico muy concreto: la transustaciación divina.
  • Eufemismos: Las palabras, inevitablemente, se cargan de emotividad. Los eufemismos, pretendiendo esquivarla, lo que consiguen es subrayar aún más el anclaje emotivo del tabú. El relato de Timoneda, nos avisa de esa necesidad de usar eufemismos, y esquivar sabiamente la referencia directa, pues, cuando se habla, no sólo se habla de algo, sino que, mucho más importante, se habla con alguien, y el éxito de la comunicación depende más de las emociones del alguien que de la claridad de las palabras o la dificultad del referente.
  • Ironía: Que la frase de marras es irónica, claro está. Y quien pretenda hacer un uso no irónico del lenguaje, claro lo lleva. Repito la ironía aquí más interesante: parece abogar la frase por un uso claro cuando en realidad es un juego retórico: "cuida tu lenguaje pero procura que quien hable contigo diga ingenua y llanamente la verdad". Si haces caso literal de la literalidad que la frase defiende, serás el interlocutor ingenuo. Si haces caso de la figura contrariamente a la literalidad que la frase defiende, serás el interlocutor cauto y avisado. Podemos deducir quién de los dos se llevará el gato al agua en la negociación.
  • Símbolo: Estas dos palabras no son dos palabras cualesquiera. Vendrán a ser el cuerpo y la sangre de Cristo. Llamar pan al pan y vino al vino viene a negar el dogma de la transustanciación. Esto, en el contexto de la Península Ibérica, en los siglos XV y XVI, con el conflicto de los conversos, da a nuestra cultura una dimensión peculiar. Por un lado, los que llaman pan al pan y se niegan a llamarlo cuerpo, son los renegados (tal vez esos "reconciliados"). ¿Cómo es posible que, después de la expulsión de los judíos, sea aquí donde tenga éxito precisamente esta expresión? Pero por otro, ya hemos dicho, esa frase es una llamada a la ingenuidad, a renunciar a la lectura avisada, a la sinceridad cristiana en lugar de la doblez tópica asociada a los judíos.
    Esto cuadra bastante con esa crítica a la losa del ingenuo catolicismo que se desarrolló en España a partir de aquellos siglos. Esto cuadra también con la base de pobreza cultural en las masas del pueblo y élites de España que tan recurrentemente critican los intelectuales desde hace trescientos año (precisamente, desde que pasaron aquellas últimas generaciones de conversos). Hipótesis: una frase como regalo de despedida, como un caballo de troya (como un virus informático que sabotearía la cultura entera). Los que sabían leer los dobleces de esa frase se fueron. Los que se quedaron son los que ya no entenderán quién "es" el que "es".
Iba un cristiano nuevo vendiendo vino y pregonándolo diciendo:
‒¡Vino! ¡Vino!
Respondióle un truhán:
‒¡Y nunca lo conocistes!
Dijo el cristiano:
‒No, sino vino en cueros.
Respondió el truhán:
‒¡Pues por eso lo azotastes!

Floreto de anécdotas y noticias curiosas que recopiló un fraile dominico residente en Sevilla a mediados del siglo XVI, ed. de Sánchez Catón, F. J., "Memorial histórico español", XLVIII, páginas 300-301.
Desde Judeoconversos y moriscos en la literatura del Siglo de Oro, actas del "Grand Séminaire" de Neuchâtel, 26 al 27 de mayo. Textos reunidos y presentados por Irene Andrés-Suárez. "Apéndice: antología de textos sobre judíos, moros y conversos", página 157.

Equivalentes en otros idiomas a la frase "al pan pan, y al vino vino", según el Instituto Cervantes. Obsérvese cómo, en cada idioma, la elección de palabras conlleva asociaciones distintas.

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sábado, 29 de julio de 2017

POE - FREUD: El fracaso de la razón


Aun entre los pensadores más sosegados, pocos hay que alguna vez no se hayan sorprendido al comprobar que creían a medias en lo sobrenatural —de manera vaga pero sobrecogedora—, basándose para ello en coincidencias de naturaleza tan asombrosa que, en cuanto meras coincidencias, el intelecto no ha alcanzado a aprehender. Tales sentimientos (ya que las creencias a medias de que hablo no logran la plena fuerza del pensamiento) nunca se borran del todo hasta que se los explica por la doctrina de las posibilidades. Ahora bien, este cálculo es puramente matemático en esencia, y ahí nos encontramos con la anomalía de que la ciencia más rígida y exacta se aplica a las sombras y vaguedades de la especulación más intangible.

Primer párrafo de El misterio de Marie Roget, de Edgar Allan Poe (1842)


Es un hecho asombroso, y casi nunca apreciado en la medida en que lo merece, cuan fácil y frecuentemente hasta personas de vigorosa inteligencia producen, bajo esas constelaciones psicológicas, las reacciones de una imbecilidad parcial; y quien no sea demasiado presumido podrá observarlas en sí mismo cuantas veces quiera. ¡Y qué decir cuando una parte de los procesos del pensar en cuestión adhiere a motivos inconscientes o reprimidos! De buena gana cito las palabras de un filósofo, quien me escribe: «He empezado a anotar los casos, vivenciados por mí mismo, de errores manifiestos, de acciones impensadas para las que uno busca motivos con posterioridad (y de una manera harto irracional). Aterra, pero es típica, toda la estupidez que sale a la luz de ese modo». Y considérese además que la creencia en espíritus y fantasmas, y en almas que retornan, con tantos apoyos donde apuntalarse en las religiones a que todos nosotros estuvimos apegados al menos en la infancia, en modo alguno ha sido sepultada en todas las personas cultas, y ello hasta el extremo de que muchas de estas, racionales de ordinario, hallan compatibles con la razón las prácticas espiritistas. Y aun quien se haya vuelto positivo e incrédulo acaso perciba, abochornado, con cuánta facilidad regresa a la creencia en espíritus si en él se conjugan emoción y desconcierto. 

Sigmund Freud: El delirio y los sueños en la «Gradiva» de W. Jensen. III (1907)
(2006, Amorrortu Editores, IX, página 59-60)

El problema intertextual
De entrada, es difícil considerar, ante la similitud de ambos planteamientos, que Freud no tuviera en cuenta el párrafo de Poe, y más viendo con qué liberalidad utiliza el fundador del psicoanálisis el recurso de las citas. Si observamos la redacción misma del primer enunciado, las coincidencias son más que recurrentes: "aun entre los pensadores más sosegados" por "hasta personas de vigorosa inteligencia", "creían a medias" por "imbecilidad parcial", "pocos hay que alguna vez" por "cuán fácil y frecuentemente", "basándose para ello en coincidencias" por "bajo esas constelaciones psicológicas".
Precisamente, el mismo Poe nos advierte del cuidado con el que hay que tratar esas coincidencias, meramente coyunturales, que el intelecto se ve tentado a unir en relaciones causales-consecutivas. Eso mismo nos tienta ahora al considerar las palabras de Freud como una cita oculta (deliberadamente o no) lo que pudiera ser mera coincidencia. Por eso resulta aún más sospechosa la advertencia con que este se protege: "casi nunca apreciado en la medida en que lo merece".  Muy hábil, porque predispone al lector a no buscar precedentes y, en el caso en que, como nosotros, los encontrara, devaluar su profundidad.
¿Qué postura adoptar, entonces, ante nuestras suspicacias? Precisamente, el relato de Poe consiste en un juego de espejos entre la realidad y la ficción, contorsionando las relaciones de paralelismo a diferentes niveles. El texto de Freud es a su vez otro juego de cajas chinas entre diferentes citas, relaciones y textos, por los que entra y sale como en el juego de serpientes y escaleras, tomando como columna fundamental la novelita de Jensen. Todos esos juegos de espejos enmascaran la auténtica intención de los autores, si es que la hubiera y si es que hubiera sólo una.

Positivismo vs. Pensamiento mágico
A partir de la lectura de estos fragmentos, yo mismo avancé un paso más en la hipótesis que estos dos autores señalan.
  • 1ª fase: Tal vez por influjo del "logos" clásico, fue el sueño de la Ilustración confiar que la razón, el conocimiento científico, la educación positivista, erradicarían la superstición del pensamiento humano. No tardó la historia en demostrar de las formas más variadas, hermosas o terribles, que la confianza en la razón es una forma más de pensamiento mágico.
  • 2ª fase: Poe y Freud vienen a señalar aquí que la razón está separada de otras formas de pensamiento, y no hay influencia de una en las otras. Poe separa incluso distintas ramas racionales que no se conocen entre sí y no consiguen coordinarse para corroborar una percepción adecuada de la realidad. Freud, ya sabemos, sitúa la lógica racional en una estancia totalmente separada de la lógica emocional. 
  • 3ª fase: Esta es la vuelta de tuerca que propongo, y que se me puede aplicar a mí mismo como a muchos otros ejemplos de nuestro entorno. Consiste en considerar que todo el esfuerzo de conocimiento positivo, científico, objetivo, riguroso, no está tanto al servicio de una descripción efectiva de la realidad, sino al de investir al sujeto pensante de una "autoridad" indiscutible sobre el fragmento de pensamiento mágico que habrá de proponer y al que de ninguna manera está dispuesto a renunciar. Dicho de otro modo: el acrecentamiento y perfeccionamiento del discurso racional propio busca hacer convincente la posición irracional personal. Desglosado en un ejemplo baladí sería: «Dado que todo, todo y todo esto que sé y que digo, está perfectamente corroborado por la literatura científica, los datos cruzados y positivos, la articulación de las distintas leyes lógicas de las ciencias... dado que mi saber no es mío, sino que pertenece al correcto proceder de investigación y análisis de la realidad... entonces (por paralelismo análogo) creedme si os digo que (y aquí ya vale cualquier delirio) "la verdad no existe", "el rosa es relajante", "Urano es un peligro potencial" o "viviríamos mejor sin la injerencia política de naciones extranjeras"».
Bien digo que, estando avisados de esta tercera postura, cómo no vigilar este despliegue en mi propio discurso. Fácilmente lo vemos en nuestro entorno cotidiano, cuando nos extrañamos de los absurdos empecinamientos de personas que consideramos instruidas. Obsérvese cómo nuestro querido don Quijote podría acercarse a este modelo de hombre cuya inmensa cultura está al servicio de una locura muy concreta. Cuando yo era adolescente, academizado en el ámbito de la "1ª fase", me resultaba asombroso, inconcebible, que la misma Alemania que hiciera brotar los mejores ejemplos de filosofía, música, pintura, ciencia, fuera a la vez la cuna del nazismo, y aún más cuando tenemos en cuenta la fusión que hicieron de brutalidad, cientificismo, esoterismo y nacionalismo. La política de hoy día, levantada sobre el "triunfo" de una educación universal ya en varias generaciones, sigue siendo ejemplo de ello, no ya en el discurso político, sino en cómo personas "sensatas", "instruidas" pierden el tiempo enredándose en esas locuras, pensando que esos delirantes están escuchando su sensatez y conocimiento.

Ironía del estilo
¿Pero qué sucede cuando el propio emisor del discurso racional, avisa, con toda la racionalidad que pueda desplegar en su discurso, del fracaso del discurso racional?
No voy ni a empezar a analizar ni comentar el estilo de Freud. Sería, en muchos sentidos, meterse en camisa de once varas. Baste leer la obra propuesta para darse cuenta del malabarismo retórico del que es capaz Freud. Pero, además, resulta que el conjunto del párrafo al que pertenece el fragmento es especialmente sutil y endiablado. Desplegar su comentario es tarea de un seminario, no de un discursito bloguero.
Tampoco es que el relato de Poe sea liviano, pero presenta más asideros y parece más inocuo. 
Justo después de avisarnos de los peligros de dejarnos llevar por las coincidencias, Poe nos propone un relato ficticio paralelo a un suceso real. Poe resuelve, en un París ficticio, a través de Dupin, el caso que no pudo ser resuelto en la Nueva York real. Pero inmediatamente, vuelve a avisarnos de que no nos dejemos llevar por las coincidencias, y que la solución del caso ficticio no tiene por qué coincidir con el caso real. ¿Ironía?
¿Y en qué sentido desplegar la ironía? Bajo una argumentación de lógica de probabilidades se esconde un claro juego de desautorización: lo que se da por creíble en Dupin (ficticio) no se dé por creíble en Poe (real). Por otro lado, si recordamos el primer relato de Dupin, el desarrollo del caso de la calle Morgue es un ejemplo destinado a ilustrar unas reflexiones teóricas, no al revés. En este segundo relato pudiera ser igual: el caso de investigación es el mero soporte para introducir un planteamiento teórico sobre el pensamiento analógico y la lógica de probabilidad. Esto sería actuar por paralelismo sobre un texto que nos invita a desconfiar de los paralelismos.
Porque ¡¿cómo entender, después de todo lo explicado, el fragmento final del relato?!:
Nada más difícil, por ejemplo, que convencer al lector corriente de que el hecho de que el seis haya sido echado dos veces por un jugador de dados, basta para apostar que no volverá a salir en la tercera tentativa. El intelecto rechaza casi siempre toda sugestión en este sentido. No se acepta que dos tiros ya efectuados , y que pertenecen por completo al pasado, puedan influir sobre un tiro que sólo existe en el futuro. Las probabilidades de echar dos seises parecen exactamente las mismas que en cualquier otro momento, vale decir que sólo están sometidas a la influencia de todos los otros tiros que pueden producirse en el juego de dados. Esta reflexión parece tan obvia que las tentativas de contradecirla son casi siempre recibidas con una sonrisa despectiva antes que con una atención respetuosa. No pretendo exponer aquí, dentro de los límites de este trabajo, el craso error involucrado en esta actitud; para los que entienden de filosofía no necesita explicación. Baste decir que forma parte de una infinita serie de engaños que surgen en la senda de la razón, por culpa de su tendencia a buscar la verdad en el detalle.
En este párrafo, Poe está actuando como un auténtico trilero del discurso. Su crítica se vuelve magistral en un rizar el rizo del irónico sentido.
No es el único ejemplo de construcción irónica en el relato. Esta obra consiste en un constante cotejo de diferentes textos explicativos, que denuncian unos de otros su fracaso a la hora de interpretar la realidad. Y entre tanta parrafada, Poe va deslizando sutilmente enunciados aparentemente universales y teóricos. Uno de ellos es este:
En el raciocinio, no menos que en la literatura, el epigrama obtiene la aprobación inmediata y universal. Y en ambos casos se halla en lo más bajo de la escala de méritos.
¿Ironía? Todo ese tedioso cotejo de párrafos queda validado por el mérito que por contra le atribuye esta frase o bien es un toque de aviso para la atención irónica. A continuación ofrezco, para terminar, el repertorio de aforismos que podríamos entresacar de las distintas exposiciones del relato. Que cada cual saque las conclusiones que considere oportunas.
➢«La verdadera pregunta en casos como estos no es tanto "¿qué ha ocurrido?" sino "¿qué hay en lo ocurrido, que no se parece a nada de lo ocurrido anteriormente?"»
➢«La masa popular sólo considera profundo aquello que está en abierta contradicción con las nociones generales».
➢«Uno de los errores en investigaciones de este género consiste en limitar la indagación a lo inmediato, con total negligencia de los acontecimientos colaterales o circunstanciales».
➢«La experiencia ha demostrado, como lo demostrará siempre la buena lógica
➢que una parte muy grande, quizá la más grande de la verdad, surge de lo que se consideraba marginal y accesorio».
➢«Allí, en la posada al borde del camino o bajo el follaje de los bosques, se entrega sin otros testigos que sus camaradas a los desatados excesos de la falsa alegría, doble producto de la libertad y el ron».



Conclusión provisional: Cualquier sentido es un fracaso de la razón.

viernes, 30 de junio de 2017

Escribas: FIN DEL MUNDO FIN, de Cortázar

Como los escribas continuarán, los pocos lectores que en el mundo había van a cambiar de oficio y se pondrán también de escribas. Cada vez más los países serán de escribas y de fábricas de papel y tinta, los escribas de día y las máquinas de noche para imprimir el trabajo de los escribas. Primero las bibliotecas desbordarán de las casas, entonces las municipalidades deciden (ya estamos en la cosa) sacrificar los terrenos de juegos infantiles para ampliar las bibliotecas. Después ceden los teatros, las maternidades, los mataderos, las cantinas, los hospitales. Los pobres aprovechan los libros como ladrillos, los pegan con cemento y hacen paredes de libros y viven en cabañas de libros.
Julio Cortázar: Historias de cronopios y famas (1962)
"Fin del mundo fin" (texto completo en Literaberinto)

Así comienza esta clarividente distopía de Julio Cortázar. Es un relato muy intenso, con un tono rayano en la mitología. Prácticamente cada nuevo enunciado introduce una nueva línea de interpretación, una distinta posibilidad de análisis que parece desplegar la alegoría como un árbol multiplica sus ramas. 
Apuntemos sólo algunas:
  • Proliferación de escribas. Curiosamente, con la irrupción de lo digital, que se independiza del soporte físico, da la sensación de que realmente ha explosionado el número de escribas. Blogs, Twitter, Facebook, Whatsapp, las redes sociales están llenas de gente que escribe y escribe. Entre perfiles y pseudos, no es difícil llegar a la conclusión de que hay más gente que escribe de los que leen, y que los que escriben, sabiendo esto, saben que escriben sin ser leídos. Pero la ilusión, y los guiños en forma de "me gusta" trabajan en ese sentido, es que sí se nos lee. Lo dudo. De la misma manera que la gente habla y habla pero apenas escucha, la gente escribe que te escribe pero tampoco lee.
  • Escritura constructiva. Es obvio que el espacio virtual en internet está construido a base de textos. Por supuesto, textos de códigos informáticos que generan estas plataformas visuales que llamamos "sitios". A su vez, en los videojuegos, pero también las mismas páginas web, generan mundos. Por no hablar de la "realidad aumentada". Pero el otro mundo, tangible, "tradicional", no funciona de manera diferente: hemos construido nuestra civilización a base de espacios textuales, con nuestras leyes y nuestras empresas. Antes de que ningún hombre dibujara el trazado de ninguna calle en el suelo, ya escribía otro mundo por encima del mundo atando las estrellas.
  • Tóxicos. En el relato de Cortázar el papel simboliza el elemento perverso de la cultura. La manera en la que el papel revaloriza el ordenamiento de la ciudad es paralela a la manera en la que vemos los tejemanejes políticos desplegando su peor cara. El precio ecológico del papel, devorador de bosques, se refleja en esa "inundación" del mar (hermosa inversión del diluvio). El soporte tecnológico de la actual escritura virtual no es menos preocupante. Todo el plástico y todo el metal que sacamos de la tierra ocupa su sitio en gigantescos vertederos, en lugares apartados de la vista: África, el océano. Pero esa "vista" curiosamente también son textos escritos: sabemos que esto de la contaminación y la obsolescencia programada, etcétera, es un problema acuciante por la investigación, prensa, estudios. Sin esos textos, no sabríamos, por un lado que existen esos vertederos, esos mares de basura flotante, ni, por otro, que eso supone problema alguno para la sostenibilidad de estas civilizaciones. Porque curiosamente, para el planeta y su historia poco relevante es que un material esté aquí o allí, que viva esto o viva aquello; sólo para el breve y efímero relato humano ese episodio del relato supone un problema.Pero sin salirnos de la alegoría textual, la toxicidad no sólo afecta al paisaje natural. El discurso común, en esta era de la conversación múltiple y perpetua, también resulta inundado de "opinión". La proliferación de medios de escritura, y no de masas precisamente donde cada uno puede crear las personas individuales que quiera, no parece haber oxigenado en el buen sentido el panorama de la "libertad de expresión", sino que lo está oxidando, en esa visión tóxica del oxígeno, que arde mejor que el papel. La opinión pública ha generado su propia autocensura social en lo llamado "políticamente correcto" en alianza con la "desinformación" y la publicidad absoluta (el escaparate de cualquier cosa). Por doquier pululan moralinas fáciles, irreverentes, contestatarias y reaccionarias a su vez. Denuncias y recriminaciones embarullan su relativa importancia en un valor ético que corresponde a la estética "superflat". Todo vale, y todo lo que vale merece ser denunciado. Y en el imperio del todo, borramos los matices. 
  • Escritura social. También en su momento la irrupción de la escritura transformó las clases que funcionaban en la ciudad. Burócratas irrumpieron entre la casta sacerdotal, entre los mercaderes, entre los estrategas militares. En la sociedad post-ilustrada, en una población suficientemente educada, la mayoría de los trabajos consisten en realidad en una suerte u otra de movimiento de textos. Sospecho que un porcentaje mayoritario de los pulsos económicos y las posiciones de poder dependen hoy más de estos mundos creados por la escritura que de las materias primas o los recursos y lugares estratégicos. El relato es la auténtica estrategia. En la distopía de Cortázar, los valores parecen cambiados, pero no. Los capitanes, que podrían simbolizar a la clase ejecutora, militares, ingenieros, acaban teniendo una posición de control que les correspondería a los presidentes. Estos mismos acabarán siendo los futuros escribas. En nuestro mundo, son los escribas los que parecen refugiados, parapetados, tras sus escritorios, en sus ciudades-islas; pero aquí es la gente que permanece al margen de la producción literaria (una ociosa élite iletrada) la que se refugia en las islas-trasatlánticos. La sociedad que viven en la ficción es dinámica, o aparentemente dinámica, como urbanitas aparentemente errantes sin salir de su ciudad.
 


sábado, 23 de julio de 2016

Geógrafos y exploradores: EL PRINCIPITO, de A. Saint-Exupéry

   —No puedo saberlo —dijo el geógrafo.
   —¡Ah! —El principito se sintió decepcionado—. ¿Y montañas?
   —No puedo saberlo —repitió el geógrafo.
   —¿Y ciudades, ríos y desiertos?
   —Tampoco puedo saberlo.
   —¡Pero usted es geógrafo!
   —Exactamente —dijo  el  geógrafo—,  pero  no  soy  explorador.  Carezco absolutamente de exploradores. El geógrafo no puede estar de acá para allá contando las ciudades, los ríos, las montañas, los océanos  y  los  desiertos;  es  demasiado  importante  para  deambular  por  ahí.  Se  queda  en  su  despacho  y  allí  recibe  a  los  exploradores.  Les  interroga  y  toma  nota  de  sus  informes.  Si  los  informes  de  alguno  de  ellos le parecen interesantes, manda hacer una investigación sobre la moralidad del explorador.
   —¿Para qué?
   —Un explorador que mintiera sería una catástrofe para los libros de geografía. Y también lo sería un explorador que bebiera demasiado.
   —¿Por qué? —preguntó el principito.
   —Porque los borrachos ven doble y el geógrafo pondría dos montañas donde sólo habría una.


Antoine de Saint-Exupéry: El principito. XV


Hace unos meses, asistí a un maravilloso tatami científico que ofrecía el combate "biólogos de bota" vs. "biólogos de bata". Toda una alegoría de dos actitudes a la hora de afrontar el conocimiento. En seguida pensé en una "literatura de bota" y una "literatura de bata", "poesía de bota" y "poesía de bata". No es tanto que haya poetas o escritores de un tipo y de otro, sino qué sería un "texto de bota" o un "texto de bata"; "lectura de bota", "lectura de bata". La actitud.
Porque nuestro cerebro es un geógrafo. Encerrado en su despacho craneal, va registrando datos y datos, configurando mapas, cotejando, comprobando. No tiene conocimiento directo de la "realidad". El cerebro no sabe. "No puede saberlo".
Tras esta metáfora, estaríamos tentados de decir que el cuerpo es un explorador. Será por esa dilogía entre mente y cuerpo. Pero he cuidado en decir "cerebro": mente y cerebro son objetos distintos (¿la mente es un objeto?). Todo el sistema nervioso actúa moviendo sus estímulos y sus respuestas. Cada neurona es un explorador ciego que no sabe lo que está viendo. La intrincada conversación de todos esos exploradores ciegos da lugar al supuesto geógrafo.
Así pues, cada uno de nosotros, como persona, ¿es geógrafo o explorador? Por mucho que crea que se mueve por el mundo, por las calles, por los pasillos de su casa... a todo lo tiene acceso es a su propia mente, su propio libro de geografía; y, curiosamente, en ese libro no consta el charloteo de sus propias neuronas.  "Carezco absolutamente de exploradores".
Pero no "absolutamente"; de lo contrario, no habría libro de geografía alguno, que llamáramos mente. Es el peligro de las alegorías. Somos exploradores ciegos que hablan a geógrafos sordos. Somos geógrafos sordos que contemplan y dibujan el mapa al dictado de esos exploradores ciegos.  
Porque si nos creyéramos sólo exploradores, simplemente, tendríamos que asumir que somos esos peligrosos exploradores embriagados de moralidad, que ven países en lugar de suelos, que ven alemanes en lugar de personas, personas en lugar de cuerpos, cuerpos en lugar de mentes. Y en cualquier caso, borrachos que ven doble (el objeto y su nombre, la imagen y el concepto) y que por culpa del vino del lenguaje olvidan con facilidad que ven doble. Vemos uno donde hay multitudes.
Creemos que entre las hierbas distinguimos el hinojo gracias a nuestros intrépidos ojos, y no al sesudo secreteario que coteja lo que en nuestros archivos alguien nos dijo cómo era el hinojo, nos dijo, nos contó o como mucho, nos enseñó en una imagen, una ilustración. Estamos abocados a repetir el sesgo de confirmación de ese momento. Creemos ver el hinojo cuando lo que hacemos es redibujar "ese" con "este" momento.
Y para colmo, tendemos a pensar que el libro es inmutable, está escrito, no escribiéndose. Hay cierto pavor en estos geógrafos-exploradores humanos a la desaparición. Les cuesta pensar que su mundo es efímero. Que su memoria, su pensamiento y su percepción son efímeros. Que su libro (¿de veras sólo uno?) no sólo está condenado a la extinción, sino que nunca ha sido escrito, que sólo existe "escribéndose".
Hay que seguir explorando los textos. 
 
   —Que los volcanes estén o no en actividad es igual para nosotros. Lo interesante es la montaña que nunca cambia.
   —Pero,  ¿qué  significa  "efímero"? —repitió  el  principito  que  en  su  vida  había  renunciado  a  una  pregunta una vez formulada.
   —Significa que está amenazado de próxima desaparición.
   —¿Mi flor está amenazada de desaparecer próximamente?
   —Seguro.
   "Mi  flor  es  efímera  —se  dijo  el  principito—  y  no  tiene  más  que  cuatro  espinas  para  defenderse  contra el mundo. ¡Y la he dejado allá sola en mi casa!". Por primera vez se arrepintió de haber dejado su planeta, pero bien pronto recobró su valor.
   —¿Qué me aconseja usted que visite ahora? —preguntó.
   —La Tierra —le contestó el geógrafo—. Tiene muy buena reputación...
 
Antoine de Saint-Exupéry: El principito. XV

domingo, 28 de diciembre de 2014

EL ANÁLISIS: Los crímenes de la calle Morgue, de Poe

The analytical power should not be confounded with ample ingenuity; for while the analyst is necessarily ingenious, the ingenious man is often remarkably incapable of analysis. The constructive or combining power, by which ingenuity is usually manifested, and to which the phrenologists (I believe erroneously) have assigned a separate organ, supposing it a primitive faculty, has been so frequently seen in those whose intellect bordered otherwise upon idiocy, as to have attracted general observation among writers on morals. Between ingenuity and the analytic ability there exists a difference far greater, indeed, than that between the fancy and the imagination, but of a character very strictly analogous. It will be found, in fact, that the ingenious are always fanciful, and the truly imaginative never otherwise than analytic.
The narrative which follows will appear to the reader somewhat in the light of a commentary upon the propositions just advanced.

Edgar Allan Poe: The Murders in the Rue Morgue (1841)

Obsérvese que este texto (aquí sólo el final) no es un prólogo para el relato de los crímenes, como a veces parece indicarse. Es al revés: la historieta de los asesinatos es un ejemplo plástico para ilustrar esta disertación.
Lo que dice del ingenio es realmente terrible. Resumiendo, podríamos decir que Poe equipara el pensamiento "ingenioso" con un uso hábil de la combinatoria. Así, vemos como las potentes computadoras pueden parecernos ingeniosas, en sus juegos. ¿En esto se quedaría también el pensamiento humano? Lo terrible es que cuando repasamos las conversaciones y los textos de la gente (en estos tiempos floridos de tertulianos y comentarisatas -como yo-), acabamos comprobando que las opiniones se repiten. A distintos niveles, los textos se repiten: se sueltan trozos de discurso entero aquí y allá. Un niño parece que piensa y es ingenioso, cuando apenas propone respuestas imitadas que a veces encajan y a veces no (¡cuánta su alegría cuando comprueba que son bien recibidas, hasta oculta con cara vergonzosa su entusiasmo y el goce que le produce el entusiasmo de los demás -¿será esto auténtica vergüenza o es una respuesta aprendida?-!). Igual los adultos, con la finura y amplitud de su repertorio (un más o menos paciente análisis acabará dando cuenta de lo acotado de ese repertorio), como bien observamos en la pesadas obsesiones de la vejez.
Lo maquinal del discurso (y el pensamiento) humano, ¿quién está dispuesto a admitirlo? Cuanto de cierto tenga el conductismo.
Lo que dice Poe sobre el análisis (con los contextos que propone: las damas, el whist, Dupin) parece  que sólo puede aplicarse a la observación y la escucha. La acción resultante ya es otra cosa. Podríamos resumir el análisis como la prolija atención al detalle: las minúsculas asociaciones entre significantes. El analista, construyéndose en consecuencia con ese paisaje, obrará con un efecto que él mismo no puede (ni necesita) controlar. El acto ya no es análisis. El significado, la estructura, la predicción que alguien quisiera ver en su análisis, eso es otra cosa distinta, tal vez un gesto de ingenio.
Por otro lado, el ingenio queda reducido en el planteamiento de Poe al conocimiento de la mecánica del juego. Cualquiera con paciencia suficiente podría aprenderse las reglas y desarrollar el juego con destreza suficiente. El analísta atiende a la persona, al jugador. ¿Qué reglas pueden construir a un jugador que probablemente se vea afectado por el analista mismo? La persona va cambiando y construyéndose. Si la persona no es una máquina, siempre va a guardar algo de impredecible (o no; es difícil saberlo). Ese punto de saber fracasado impregna la mirada analítica. Nada que ver con la seguridad del que alardea de su inapeblabilidad técnica. 
Aquel que está convencido agacha la cabeza (irónicamente por su actitud altiva) a la etimología: "vencido con eso". A lo largo del relato, Poe hace varias veces incapié en ese falsete de Dupin explicando su razonamiento. Este es el Dupin ingenioso, que tantos se admiran de oír (es curioso cómo en castellano, confunden los términos al traducir "resolvent" por "analista"). El otro Dupin, callado, no misterioso sino simplemente callado, observador, atento, ese es el Dupin analista. 
Observing him in these moods, I often dwelt meditatively upon the old philosophy of the Bi-Part Soul, and amused myself with the fancy of a double Dupin—the creative and the resolvent.
Al observarlo en esos casos, me ocurría muchas veces pensar en la antigua filosofía del alma doble, y me divertía con la fantasía de un doble Dupin: el creativo y el solventor. 
Entonces, algo así podríamos decir del Poe mismo escritor. ¿Se esconde alguna ironía en la composición de este relato?, y si fuera así ¿qué tipo de ironía? Su acto, su escritura es una labor de ingenio ante las ideas que ha labrado en su mente. Al genial analista que hay detrás de sus relatos sólo podremos llegar a través de un fino análisis. Pero ese análisis ¿será como el de G*y su equipo o como el de Dupin en La carta robada?:
Durante una hora por lo menos habíamos permanecido en un profundo silencio; cada uno de nostros, para cualquier casual observador, hubiese parecido intensa y exclusivamente atento a las volutas de humo que adensaban la atmósfera de la habitación. 
En efecto. Muchas veces parece estudiarse a las personas como si no tuvieran pensamiento; y cuando se les atribuye pensamiento, difícilmente se alejan de atribuirles intenciones que más parecerían porpias que del otro. Cada cual pone en el lugar del otro su propio fantasma, que a su vez sea copia del fantasma de otro. Siendo así, ¿qué obras consideraríamos producto de esa "auténtica imaginación"?

El poder analítico no debiera confundirse con el mero ingenio, ya que si el analista es por necesidad ingenioso, con frecuencia el hombre ingenioso se muestra notablemente incapacitado para el análisis. La facultad constructiva o combinatoria por la cual se manifiesta habitualmente el ingenio, y a la que los frenólogos (erróneamente, a mi juicio) han asignado un órgano aparte, considerándola una facultad primordial, ha sido observada con tanta frecuencia en personas cuyo intelecto lindaba con la idiotez, que ha provocado las observaciones de los estudiosos del carácter. Entre el ingenio y la habilidad analítica existe una diferencia mucho mayor que entre la fantasía y la imaginación, pero de naturaleza estrictamente análoga. En efecto, cabe observar que los ingeniosos son siempre muy fantasiosos, mientras que el verdaderamente imaginativo no es otra cosa que analista.
El relato siguiente representará para el lector algo así como un comentario de las afirmaciones que anteceden.

Edgar Allan Poe: Los asesinatos de la calle Morgue (1841)

 

domingo, 8 de junio de 2014

KAFKA: Ser infeliz. FANTASMAS

.....–¡Pero ya que no sintió propiamente miedo ante la aparición, podría haberse planteado tranquilamente la pregunta acerca de su causa!
.....–Resulta notorio que usted todavía no ha hablado con fantasmas. De ellos no se puede recibir nunca una información clara. Todo es un divagar aquí y allá. Esos fantasmas parecen dudar de su existencia más de lo que nosotros lo hacemos, lo que, por lo demás, y debido a su abatimiento, no produce ninguna sorpresa.
.....–Sin embargo, he oído que se les puede rellenar.
.....–Ahí está usted bien informado. Eso sí que se puede hacer, ¿pero a quién le interesa?
.....–¿Por qué no? Si se trata, por ejemplo, de un fantasma femenino –dijo, y subió un escalón más.
.....–¡Ah, ya! –dije–, pero aun así no está dispuesto.
.....Me despedí. Mi vecino estaba ya tan alto que para verme necesitaba inclinarse bajo una bóveda formada por la escalera.
.....–No obstante –le grité–, si me quita a mi fantasma, hemos terminado y para siempre.

Franz Kafka: Ser infeliz (Unglücklichsein), 
en Contemplación (Betrachtung) 1913.

Innecesariamente  confieso que este texto me ha paralizado durante meses. Esa parálisis puede constatarse en el historial de publicación. Como si yo mismo hubiera sido sacudido por un fantasma. El fantasma propio o el fantasma de Kafka, es difícil de saber.
Uno está tentado de pensar que detrás del absurdo kafkiano hay una lógica oculta, porque hay en él un olorcillo a discurso racional y metódico. Uno está tentado de pensar que simplemente no puede evitarlo. Pensar que texto y autor son uno, que el texto refleja lo que el escritor es, que el escritor no puede sino volcarse a sí mismo en sus textos. Igual que con la pretendida realidad.
¿Hay truco entonces en las máscaras? Podríamos realmente rastrear una lógica que nos permitiera conocer lo real más allá de los fantasmas. Nuestra torpe interpretación forzada. La memoria y sus extaños espejismos. Los setidos creadores de nubes y sombras. ¿Hay método entonces?
Es todo este texto la excusa para que K. se encuntre a solas con un niño, fantasma pero niño, si fuera al menos una mujer, pero los fantasmas no se dejan. –No, no pasa nada. Naturalmente, un niño. Pero usted no es tan pequeño. Ya está usted bastante crecido. Si fuera una muchacha, seguro que no podría encerrarse conmigo así, sin más, en la habitación. Si al menos el niño, mujer fantasma, se dejara rellenar. ¿Sería esta alusión eufemística (auffüttern) lo más sincero del texto? ¿Es la pasión sexual más auténtica que cualquier discurso? Ixión rellenó a un fantasma: la nube de Hera. De su relación ilusoria nacieron los centauros, sexualmente vigorosos, pero entre ellos Quirón, maestro de héroes jóvenes.
¿Acaso un castillo de sombras construido en torno a una sencillez sexual el que intentamos sin éxito querer penetrar?

.....–¿Ah, sí? ¿También se atreve a decirme eso? Usted es audaz en demasía. A fin de cuentas se halla en mi habitación y, además, no ha parado un momento de frotar como un loco la pared con los dedos. ¡Mi habitación, mi pared! Y, por añadidura, todo lo que dice no es sólo una frescura, sino ridículo. Usted dice que su naturaleza le obliga a hablar conmigo de esa manera. ¿Realmente es así? ¿Su naturaleza le obliga? Muy amable por parte de su naturaleza. Su naturaleza es mía, y si yo me comporto amablemente, por naturaleza, con usted, usted no puede sino hacer lo mismo.
.....–¿Eso es amabilidad?
.....–Hablo de antes.
.....–¿Sabe usted cómo seré más tarde?
.....–No sé nada.

Franz Kafka: Ser infeliz (Unglücklichsein), 
en Contemplación (Betrachtung), 1913.

domingo, 16 de septiembre de 2012

BLACK MIRROR. La hiperrealidad.

Si aún no has visto Black Mirror y tienes intención de verla, no sigas leyendo. Es mejor enfrentarse a los tres capítulos sin saber nada de ellos. Muchos otros te dirán lo mismo. Es importante no estar condicionado en el visionado de estos capítulos.
Si ya has visto los tres capítulos y has digerido por tu cuenta el brutal puñetazo en el estómago, podemos seguir.



Imaginemos que el espejo de Alicia está hecho trozos y que cada trozo está en la superficie completa de cada objeto. Y así, entremos, como nuestro reflejo, en cualquiera de esos objetos-espejo. Asumamos que el mundo o lo que nos rodea es entonces el producto del reflejo de ese objeto, y el reflejo está condicionado por lo que el objeto es. Por lo pronto, nos sería difícil precisar qué es dicho objeto, o cuáles son sus cualidades para definirlo, pues cada uno de los nítidos objetos que poblarían ese mundo serían a su vez reflejos distorsionados de ese otro mundo que refleja el objeto. Nosotros mismos, ¿cómo definirnos?, seríamos también ese otro objeto reflejando los objetos que son reflejos de objetos. Y, sobre todo, no podríamos distinguir claramente en qué objeto estamos habitando realmente, o si habitamos alguna realidad que no esté dentro de ningún objeto-reflejo.
Esta atmósfera asfixiante es la que se respira en los tres capítulos de Black Mirror. El reflejo fiel no de la irrealidad de un mundo, sino de la imperante hiperrealidad del nuestro. En los tres casos, no es que falte la realidad; sino que la realidad no es mirada, y sólo se vive a través de realidades paralelas, inventadas. En El himno nacional, esa nueva realidad viene de manos de los medios de comunicación; en 15 millones de méritos, interpretan los elementos de su entorno en función de lo que ven en sus canales de pantalla; y, magistralmente, en Tu historia completa se cierra el círculo, donde la viviencia mediada por una memoria débil se sustituye por la vivencia mediada por una memoria exacta, pero igualmente cuestionable.
Porque una de las claves que traspasa los tres capítulos es precisamente que no se trabaja con los hechos, con los objetos o con las personas, sino con el juicio o interpretación que sobre ellos se establece. Un recuerdo se convierte en lo que uno o varios concluyen, por emoción, por discusión, por convención, qué es ese recuerdo; el recuerdo está ahí, tal cual, pero constantemente puede ser cuestionado y redefinido, y ese cuestionamiento también será un recuerdo cuestionable. Lo que cada uno pueda tener de original o auténtico no se percibe, sino en función de los valores deseados: una cancioncilla cantada para que no nos oigan mear puede ser interpretada como una salida de pura belleza hacia la verdad, o es que llamamos belleza a lo que no admitimos de nuestros más bajos instintos sí verdaderos. Porque nadie presta atención a la princesa, a la que se supone que hay que salvar, sino al acto abominable del héroe, cuya abominación, no olvidemos, está cargada de referentes culturales.
Y este mundo distorsionado no creo en absoluto que sea un futuro inminente. Es el reflejo más atronador de la sociedad actual que haya visto últimamente. Ya Platón hablaba de ello con su mito de la caverna. Orson Wells en su radiotransmisión de la Guerra de los Mundos dio prueba de hasta dónde podía llegar la vivencia de la hiperrealidad. Werther de Goethe causó una oleada de romanticismo, suicidios y explosión de sentimientos por toda europa durante décadas, tal vez aún durante siglos. Pero si alguna vez la economía, la política, se movió sobre un atlas imaginario de necesidades y modas, hoy día, la economía se ha desdoblado en demandas de demandas, demanda de deuda, deudas de deuda, números sobre números, valores sobre valores.
Y nuestros sentimientos qué. Y nuestras decisiones qué. Cuánto de reales o hiperreales son. Dependen de los hechos o bien dependen del repertorio de novelas, partidos de fútbol, y tratados de psicología que hemos visionado. Sentimos lo que sentimos, vivimos lo que vivimos, pero sólo accedemos al debate de opinión, al juicio de valor que sometemos desde nuestra memoria, desde nuestras conversaciones o desde los múltiples y variados textos de los medios de comunicación. Pero los sentimientos son reales, y nuestra decisión ha sido un hecho (interpretable, por supuesto).
Podríamos descubrir que realmente vivimos no en nosotros mismos, sino en esos objetos, que no son objetos, sino reflejos de reflejos. Como los muñequitos de Disney, que bien pueden ser ratones, teteras, soles o juguetes. Jugetes, sí, juguetes. Periódicos. Obras de arte. Pomos de cajones. Capa de pintura sintética para el borde de la sonrisa nike de unas zapatillas. Que no podemos dejar de mirar.

Algunos enlaces sonbre Hiperrealidad:
Sobre Black Mirrror: