domingo, 7 de febrero de 2010

Jorge Manrique: Coplas a la muerte de su padre

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COPLA XVII


¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d'amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?


Esta joya de nuestra literatura nos permite trabajar con bastante eficacia el comentario de los recursos estilísticos. Su sencillez y elegancia permiten un trabajo muy directo, a la vez que revelador y profundo.
Hay que huir de la típica explicación que dice que los recursos literarios son meros adornos para embellecer el texto o captar la atención del lector. Los recursos literarios son una manera de enlazar palabras y conceptos distinta a la usual. Con el análisis y comentario de los recursos hemos de llegar a conclusiones más ricas que la simple interpretación literal de las palabras. Además, como estructuralmente unos recursos tienden a asociarse y apoyarse unos en otros, las interpretaciones pueden multiplicarse y generar diferentes puntos de vista, incluso contradictorios o paradójicos.
Algo así sucede en esta copla, que aparentemente intenta alertarnos de la fugacidad de las alegrías y las diversiones. Sorprendentemente, en ella encontramos toda una composición en pro de la eternidad (claro, todo depende de los puntos de vista subjetivos desde los que se aborde la crítica).
A continuación enlazo los apartados en los que desarrollo esta idea.
  1. Enumeración (vv. 1-3) y perífrasis (vv. 4-6): Varios recursos se acumulan en estos versos. La enumeración se asocia con las damas, y la perífrasis con los amadores. Obsérvese como el comentario no trata tanto de interpretar cada uno de los elementos, sino del por qué de esa disposición: enumeración por un lado y perífrasis por otro.
  2. Paralelismo (vv. 7-12): En la segunda parte de la copla, el paralelismo es exacto, no como en los seis primeros versos. ¿Por qué es así? Insisto: no se trata de explicar qué dicen esos versos en los que hay paralelismo, sino de explicar qué implica que ese recurso alla sido empleado allí.
  3. Anáfora, paralelismo, enumeración, preguntas retóricas ubi sunt (vv. 1, 4, 7, 10): Este es el recurso que vertebra toda esta copla, y la enlaza además con las que las rodea. Precisamente por eso, engarza a los dos recursos comentados anteriormente. Con él podemos encontrar un sentido global a la estrofa, más allá de lo que evidentemente está diciendo.
  4. Conclusión: Gracias al comentario de los recursos podemos llegar a diferentes concluiones: la dialéctica entre belleza, deseo y espíritu, el papel sublimador del arte, la estrecha relación entre historia e intrahistoria, o el papel de Joge Manrique en la Historia de la Literatura castellana.
Y ahora, algunos enlaces sobre las Coplas a la muerte de su padre. Con el tiempo esta lista se debería ir ampliando; de momento, empezamos con presentar una página con el texto completo.

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domingo, 24 de enero de 2010

Niveles de lectura: La Celestina

MELIBEA. O sabrosa traición, o dulce sobresalto, ¿es mi señor y mi alma, es él? No me lo puedo creer. ¿Dónde estabas, luciente sol? ¿Dónde me tenías tu claridad escondida? ¿Había rato que escuchabas? ¿Por qué me dejabas echar palabras sin seso al aire con mi ronca voz de cisne? Todo se goza este HUERTO con tu venida. Mira la LUNA, cuán clara se nos muestra. Mira las NUBES, cómo huyen. Oye la corriente AGUA de esta fontesica, cuánto más suave murmullo y zurreo lleva por entre las frescas HIERBAS. Escucha los altos CIPRESES, cómo se dan paz unos ramos con otros por intercesión de un templadico VIENTO que los menea. Mira sus quietas SOMBRAS, cuán oscuras están y aparejadas para encubrir nuestro deleite. LUCRECIA, ¿qué sientes amiga? ¿Tornaste loca de placer? Déjamelo, no me lo despedaces, NO LE TRABAJES SUS MIEMBROS CON TUS PESADOS ABRAZOS; déjame gozar lo que es mío; no me ocupes mi placer.

(Fernando de Rojas: La Celestina. Acto XIX)
  • En VERSALES las acotaciones internas: a través de las propias palabras de los personajes se nos describe el decorado en que se ambienta la escena (recuerden que la recepción de La Celestina ha sido siempre la lectura, pese a burdos intentos audiovisuales).
  • En cursiva los elementos eróticos: las propias palabras de Melibea nos transmiten el amor y la sensualidad de la escena, gracias a elementos de función emotiva o a la simbología de algunos términos (obsérvese como se va haciendo cada vez más explícito acumulándose al final).
  • En negrita los símbolos trágicos: elementos que presagian la inminente muerte de Melibea y su amante, y que preparan al lector de manera inconsciente para lo que va a suceder.

Este texto es un magnífico ejemplo de cómo y por qué se realiza en literatura el despliegue retórico. El objetivo no es simplemente "embellecer el texto" o "resaltar una idea concreta", como suele explicarse (o simplificarse). El estilo cumple una función, y desentrañar los entresijos de esa función es el objetivo del comentario.
El fragmento pertenece al momento de la última visita de Calisto al huerto de Melibea. Es la antesala de un nuevo encuenrto amoroso, pero también del trágico desenlace de la obra. Si atendemos a lo que dice Melibea, obviamente esas no serían las palabras "realistas" de una muchacha al encontrarse con su novio. La parrafada del autor no responde sólo a una "manera" propia de la época y el periodo literario; sino que con la descripción del ambiente intenta "meternos en situación". Este es un recurso muy utilizado (y "muy" se queda corto) en toda la literatura: utilizar el paisaje para expresar las emociones o situaciones internas, anímicas, de los personajes, del autor y también del lector.

La unión aquí de elementos eróticos y sombríos consigue conectar el valor trágico de la pasión. El goce y su relación con la muerte también lo hemos tratado otras veces: Tosca, Lesbia... La pasión es una locura (así se consideraba especialmente en la Edad Media), el loco amor que enajena a los jóvenes.
Es destacable que sea aquí la mujer la voz del goce. En literatura, solemos tener muchas voces masculinas cargadas de ansiedad, falta, deseo. Precisamente en la Edad Media es cuando más voces femeninas encontramos, hablándonos precisamente del placer ausente. También esa tópica imagen de la naturalezaconfabulada con los amantes nos da una pista: la "madre Tierra".
Ahora bien, esa unión placentera siempre es rota. En poesía, aquí en La Celestina, en tantos ejemplos, el goce se torna algo arrebatado, algo inaccesible, algo prohibido... surgiendo así una nueva dimensión: el deseo.

domingo, 17 de enero de 2010

Muriel Barbery: La elegancia del erizo

No hay nada que comprender. Es triste ver una pluma como la suya malograrse así a fuerza de ceguera. Escribir sobre un tomate páginas y páginas de prosa deslumbrante –pues Pierre Arthens critica como quien narra una historia y ya sólo eso debería haber hecho de él un genio– sin nunca ver ni sostener en la mano dicho tomate es una funesta proeza. Pero ¿se puede ser tan competente y a la vez tan ciego a la presencia de las cosas?, me he preguntado a menudo al verlo pasar delante de mí con su narizota arrogante. Pues se diría que sí. Algunas personas son incapaces de aprehender en aquello que contemplan lo que constituye su esencia, su hálito intrínseco de vida, y dedican su existencia entera a discurrir sobre los hombres como si de autómatas se tratara, y de las cosas como si no tuvieran alma y se resumieran a lo que de ellas puede decirse, al capricho de inspiraciones subjetivas.

Mauriel Barbery: La elegancia del erizo.
“Camelias. 1. Una aristócrata”.

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Mauriel Barbery viene a hacer en este párrafo una elegante disección de la labor de comentario de texto. Nos viene como caída del cielo. En su novela, dos críticas empedernidas hacen comentarios constantes sobre su entorno, sus vecinos, su mundo... En el primer texto, Renée además critica a un crítico, entrando en un interesante juego de espejos que salpica al lector (en definitiva, el último crítico).
Después de analizar los recursos señalados podemos llegar a unas cuantas conclusiones.

  • Sesgo perceptivo: En la mayoría de los casos (aquí le ocurre tanto a Arthens como a Renée, esta narradora), el observador escoge sólo una faceta del objeto, y prescinde de la comprensión del objeto “en sí”. Por supuesto, esa faceta al azar tiende a escorarse hacia la perspectiva que más le interesa al observador. Así, el observador tiende a ver la realidad que le interesa, y no tanto la que verdaderamente es.
  • Proyección propia: Como consecuencia de lo anterior, hemos de concluir que cada cual va haciendo su dibujo personal de la realidad, amoldándola a sus intereses. Es decir, cuando hablamos del mundo hablamos, en realidad, de nosotros mismos. Las cualidades que atribuyo al otro tienen más probabilidades de ser mías que de ser suyas. Aquí, Renée critica que Arthens, con toda su inteligencia, sea capaz de sacarle punta a un tomate y a ella no la vea, sólo ve su etiqueta de portera. En realidad, lo mismo le pasa a ella; Renée se centra en esta incongruencia, pero no se para a comprender quién es realmente Arthens, cuál es su perspectiva y qué es lo que le hace ver o dejar de ver así.
  • Animismo: No es extraño, si el mundo es una proyección de nosotros mismos, que estemos constantemente atribuyéndoles a los objetos cualidades que no poseen, cualidades humanas. Si no podemos diferenciar bien el mundo real de nuestro mundo proyectado, tampoco podemos diferenciar bien objetos y personas, e incluso a unas personas de otras. Los límites no quedan claros. ¿Cómo calibrar así la importancia de las cosas?
  • Las preguntas: Pretender que sabemos algo del mundo es, valga la redundancia, pretencioso. ¿Sabemos que el mundo es así o más bien es así como queremos que sea el mundo? El pensamiento enunciativo es, por tanto, peligroso. El único método certero de percibir la realidad -de una forma racional- es cuestionándola (al menos así se me antoja a mí). En este texto sólo hay una pregunta: ¿cuál es la relación entre inteligencia y percepción? Eso lo trataban los griegos, tiempo ha, y la moderna fenomenología. El niño, que vive en un mundo nuevo, está lleno de preguntas, y es quien de verdad parece comprender el mundo, en su ignorancia. ¿Qué hacemos cuando dejamos de hacer preguntas? ¿Cómo nos movemos en el mundo?

El diario del movimiento del mundo lo dedicaré, pues, al movimiento de la gente, de los cuerpos, o, incluso, si de verdad no hay nada que decir, de las cosas, y a encontrar en ello algo lo bastante estético como para darle valor a mi vida. Gracia, belleza, armonía, intensidad. Si encuentro esas cosas, entonces quizá reconsidere las opciones; si encuentro un movimiento bello de los cuerpos a falta de una idea bella para el espíritu, entonces quizá piense que vale la pena vivir.

Mauriel Barbery: La elegancia del erizo.
“Camelias. Diario del movimiento del mundo nº 1”.

¿Cómo soportar un mundo que constantemente se empeña en ser diferente a como nosotros queremos? Tal vez ahí surjan muchas de nuestras angustias prescindibles.
Metámonos en la mente de un niño ignorante, rodeado de sensaciones que no comprende. Hay un criterio de placer y sufrimiento que le va haciendo ordenar las cosas. La incertidumbre es incómoda, pues el niño no sabe cuál es el sentido de ese placer o dolor. Evidentemente, lo primero que pensaremos es que tenemos que encuadrar lo que sabemos dentro de las coordenadas agradables. El niño va a dibujar un mundo en el que le resulte agradable vivir. Tal vez por eso tanta gente recuerda su infancia como un paraíso de felicidad e inocencia (como si no hubieran existido enfados, berrinches ni miedos).
Pero ese niño, durante años, décadas, siglos, sigue intentando buscar ese sentido agradable para el mundo. Si el mundo no es agradable, no merece la pena vivir; esa parece la filosofía de Paloma. El mundo ha de tener un sentido. Es trágico, irónico, conmovedor si pensamos que todos, con nuestros errores, nuestras violencias, nuestros delitos, en realidad sólo vamos buscando que nuestro mundo sea hermoso, tenga sentido.
Muchas de las tensiones sociales podrían resumirse así. Con mucho esfuerzo construimos un castillo de arena antes de que suba la marea. Con ese castillo demostraremos nuestra idea de belleza. Pero, en mitad de la faena, un “gracioso” viene y nos destroza nuestra paciente obra, con una rápida patada. Nos llenamos de odio y de ira. Pero, ¿y si con su patada ese extraño también intentaba mantener su idea de belleza en el mundo? Tal vez odiemos la búsqueda de una belleza que no comprendemos.
Pero, ¿realmente ha de ser hermoso el mundo tal como pretendemos?

Yo suplico al destino que me dé la oportunidad de ver más allá de mí misma y de conocer a la gente.

Mauriel Barbery: La elegancia del erizo.
“De la gramática. Idea profunda nº 9”.
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domingo, 27 de diciembre de 2009

D. Aronofsky: THE FOUNTAIN


Es muy difícil hablar brevemente sobre esta película, una de las pocas en las que la lírica visual se impone a la narrativa; y donde la narrativa sigue el orden de las ideas, de los símbolos, y no de los hechos. Sin olvidar el empuje energético de la música de Clint Mansell.

Es más fácil explicar por qué la he escogido para estas fechas. La "fuente" explica el final. Sigo con la simbología del invierno y del año que se acaba. Algo acaba, algo empieza. En fin, el surtido de tópicos al respecto es, tal vez, interminable.

Pero además, si admitimos eso de que el tiempo y el espacio son conceptos irreales (como apuntan algunas teorías), nuestro principio y nuestro fin son otros, otra cosa. Hay algo que me limita, pero mi límite está en muchas partes, en muchos momentos, en múltiples leyes que acotan mi singularidad.

Entonces, ¿cuánto a mi alrededor está acabado? Lo que tengo delante lo percibo con unos límites ilusorios. Y entre esos límites he de rastrear algo más verdadero, que me permita entenderlo. De eso creo que trata (entre otras interpretaciones) esta película: cómo asumir lo que en esencia es inacabado o inacabable.


«Haya en el firmamento de los cielos luminarias para separar el día de la noche, y servir de señales a las estaciones, los días y los años; y luzcan en el firmamento de los cielos para iluminar la tierra»

(Génesis, 1, 14-15)

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jueves, 24 de diciembre de 2009

QUINO: la originalidad


Es curioso que sea precisamente en la noche más larga del año cuando se celebre la gran festividad del Nacimiento. Luego, será en la noche más corta cuando se idolatre el fuego de la destrucción del pasado:la Noche de San Juan (el joven). Cuando llega el invierno, la esperanza nos adivina una nueva oportunidad para que surja algo distinto, otra noticia, un ser nuevo (que nos redima).

Sin emabargo, ¿quién imagina realmente la dificultad de salir de lo malo conocido? Nuestra sociedad (por hablar en términos suaves) se confabula para que cada cual siga siendo lo que siempre ha sido, lo que se supone que debe ser. Es más, garantizamos que las nuevas criaturas serán tal y como está previsto, como el fondo de nuestro ser desea que sea para nosotros. E insisto: para nosotros.

Generaciones enteras se consideran, una tras otra, libres, llenas de rebeldía, innovadoras. Espejismos que le llevan hacia lo que sus orígenes les han marcado como siguiendo un camino de baldosas amarillas. Sólo unos pocos consiguen salirse de la senda, transitar las regiones inexploradas, la guarida de los dragones.

Y ya sabemos cómo tratamos a quienes miran hacia atrás en la caverna...


¡¡Feliz Navidad!!


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lunes, 21 de diciembre de 2009

Piazzolla: OBLIVION



Creo recordar haber entendido, en alguna revista o en alguna entrevista, que veían activarse las mismas zonas del cerebro cuando una persona rememoraba un acontecimiento o cuando imaginaba unos hechos futuros. Lo cierto es que no sé si lo recuerdo o me lo estoy inventando. Memoria y deseo están unidos: pensar que recordamos lo que somos y no lo que nos gustaría haber sido es una ingenuidad. Y después de tantas historias, dónde realmente empieza la mía.
Más claro que el recuerdo parece el olvido: el lugar en el pensamiento al que no se nos permite acceder. ¿Realmente Piazzolla quería musicar el olvido? No sé si la necesidad de olvidar, el desconcierto de no haber olvidado o la desazón de ser el objeto de un olvido. Querer olvidar es empeñarse en recordar, como esa garúa (##), esa fina lluvia que envuelve de frío hasta lo más profundo... el recuerdo se adhiere como si fuera el olvido.
Platón decía que el alma al nacer olvida todo lo del mundo y debe poco a poco volver a recordar. Eso es el aprendizaje, un volver a encontrar lo que ya estaba pero habíamos olvidado: Borges, Shakespeare, Ende, Li Bai, Miguel Ángel... llevan siglos ahí, y ahora los recuerdo como si siempre hubieran estado conmigo. Nací en la cuna de la ignorancia, moriré amortajado por el olvido.
Oblivion es una música melancólica, cargada de nostalgia. El bajo puntea su ritmo de tango como si pulsara el corazón. Las cuerdas respiran un aire de niebla que va y viene; pasean por el mar, ondulan, y algún rizo arremolina el paso fugaz de ecos extraños. Y sobre ellos, el bandoneón con su fraseo entrecortado, ágil, tal vez irracional. ¿Quién sabe de qué habla? Pero lo más sobrecogedor es su parte central, de una melodía nítida, sencilla y cadenciosa. Las cuerdas imponen su ley y son abrazadas por el bandoneón. Es ahí donde el olvido, o el recuerdo, se vuelve algo maravilloso, donde la tristeza se torna un placer, donde el mundo, a pesar de todo, se sabe hermoso. Y, como suele suceder con Piazzolla, la música va dejándose caer en una profunda tristeza.
Olvídate, un nuevo momento nace en este instante. No ha oído nada del mundo, el olvido lo envuelve como una tibia matriz. ¿Quién sabe qué recordará? ¡Qué hermoso será verlo tejer como una corona su memoria entre las flores!

¡Feliz solsticio de invierno!