domingo, 23 de enero de 2011

CALDERÓN: La vida es sueño

(Segismundo)


Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido:
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.


Calderón de la Barca: La vida es sueño, Acto I, escena II.

NACER, ESTAR PRISIONERO.

La metáfora del despertar y la del prisionero suelen ir juntas, y suelen ser mutuamente paradójicas: soñábamos que éramos libres, pero somos en realidad esclavos de ese sueño. Nacemos cuando despertamos a un mundo de leyes implacables y en gran medida incomprensibles. ¿Y cuántas veces volver a descubrir el verdadero significado del "despertar"?

Pero Calderón incluye el matiz que falta, el que de verdad nos tiene a todos perdidos: la culpa, la moral, "el delito de nacer". Ese apósito que es la moral, como no puede comprender la vida entera, acaba convirtiendo la vida misma en un castigo. Este concepto se amolda muy bien a la doctrina basada en el pecado original; pero ¿de dónde surge ese concepto? En el mismo acto de nacer hemos de sostener una culpa: ¿cuál es ese delito contra los Cielos, o contra nosotros mismos?

La metáfora del prisionero la podemos rastrear desde la caverna de Platón hasta la leyenda de Siddhartha Gautama. En nuestra literatura las dos cumbres máximas de este tópico las vemos en esta obra de Calderón y en el famoso romance. Y además, tampoco es la primera vez que aparecen prisioneros en este blog (curioso que las dos grandes arias de Puccini vengan desde una prisión). El significado de esa prisión suele interpretarse de muchas maneras bastante sencillas: somos prisioneros de nuestro cuerpo, prisioneros de nuestro yo, prisioneros de nuestra ignorancia... pero en realidad somos prisioneros de la paradoja: nuestra prisión surge en el mismo momento en que comprendemos la libertad en el Otro.

¿Y el delito? Si la vida es sueño, despertar es morir. Nacer es despertar a la vida; pero entonces, vivir es despertar a la muerte. El ser es una paradoja, el mundo un imposible. Nada debería existir: toda la creación parece una infracción de las leyes que lo empujan todo hacia el vacío. ¿Quién nos manda nacer? ¿Quién te manda decirme que ya he nacido? Antes te crucifico, que creerte (o si no, hacemos las dos cosas, y como si nada). Ser hijo. .


Más fácil. Cuando despertamos, lo primero que sentimos es que quisiéramos permanecer dormidos. Lo segundo, es que siempre tenemos que cargar con eso que nos llama a estar "tumbados": cada dos por tres la llamada del cansancio, la llamada del hambre, la llamada del placer, la llamada del reposo. Estamos atados a este estar despiertos, y estamos atados a ese estar dormidos; es lo que hay. Y lejos, vemos volar las tórtolas.

¿Hemos de seguir prisioneros de nuestro "ser prisionero"? Hasta qué punto estamos prisioneros del Edipo, el mal galardón otorgado por Dios a los ballesteros..


Y ahora, enlaces interesantes sobre La vida es sueño de Calderón:


  • El mito del elegido: Matrix Vs Segismundo y Hamlet. Identidad, realidad y existencia en la época barroca y Neobarroca. Trabajo realizado por Ana Andújar Ruiz, Ana Costa Pérez y Paula Lax Ruiz. La idea de relacionar a los tres personajes ya es excelente. Y el apoyo bibliográfico siempre se agradece. Un gran trabajo: ¡enhorabuena!

  • El comentario de texto del monólogo citado, a cargo de Alberto Hernández. Otro trabajo digamos que impecable (y que me ha ahorrado muchos formalismos, todo hay que decirlo). Gracias.



      .

      2 comentarios:

      1. Abraham,

        soy Alberto, de El violento matiz de la amapola. Gracias por el enlace a mi blog y por los halagadores comentarios.
        Lo que he visto en el tuyo me parece muy interesante y, cosa poco frecuente en internet, bien escrito. Además, compartimos la afición por la ópera, aunque de momento no he escrito nada, me impone demasiado.
        Enhorabuena y hasta otra.

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      2. Quizás sea uno de los comentarios que más esperaba, o mejor dicho, el único que sabía que iba a llegar, y me he quedado sin palabras.

        Solo puedo recurrir a los hechos. Hoy mismo no he podido ressitirme a dormir más y más, quería terminar ese sueño, aún despertándome cada dos por tres. Pero parece eterno. Acostumbrado a vivir un día y dormir, como capítulos de una serie, cuando sueño parece no acabarse y yo, encantado, "me dejo".

        Si la vida es sueño, soñar en sueños parece una táctica para escapar de lo que nos depara la vida. Pero tenemos la carga tanto de saber que debemos despertarnos, como de saber que debemos dormir. Es como nacer cada vez que nos dormimos y vivir un nuevo capítulo. Ló único que "falla", es que todas las series tienen un final.


        Prioneros del sueño, pero libres para despertarnos, lástima que el verdugo sea la muerte y cometimos el delito de nacer y sentir el placer de vivir, presos.

        "Sólo quisiera saber
        para apurar mis desvelos
        --dejando a una parte, cielos,
        el delito del nacer--,
        ¿qué más os pude ofender,
        para castigarme más?"

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