domingo, 4 de abril de 2010

La Madre de todas las Calamidades: LA FEALDAD y EL PLACER

Y la Madre de todas las Calamidades, causa real de todas estas desdichas, era una vieja horrorosa, astuta, hecha de maldiciones; su boca era un basurero; sus ojos legañosos; su cara negra como la noche; sarnoso su cuerpo, su cabellera una suciedad; su espalda encorvada y su piel todo arrugas. Una plaga entre las peores plagas, y una víbora entre las víboras más venenosas. Y esta vieja horrible pasaba la mayor parte del tiempo en el palacio del rey Hardobios, a causa del gran número de esclavos jóvenes que allí había, tanto varones como hembras. Obligaba a los esclavos a cabalgarla; y le gustaba también cabalgar a las esclavas; pues prefería a todo lo del mundo el cosquilleo de aquellas vírgenes y el roce de su cuerpo juvenil con el suyo. Era extraordinariamente experta en este arte del cosquilleo. Sabía chuparles como un vampiro las partes delicadas, y titilarles agradablemente los pezones. Y para hacerlas llegar al último espasmo, les estrujaba la vulva con azafrán preparado, lo cual las arrojaba en sus brazos muertas de voluptuosidad. Así es que había enseñado su arte a todas las esclavas del palacio, y en otros tiempos a las doncellas de Abriza, pero no había logrado conquistar a la esbelta Grano de Coral, y también habían fracasado todos sus artificios con la arrogante Abriza, que la odiaba por la fetidez de su aliento, por el olor a orines fermentados que brotaba de sus sobacos y de sus ingles, por el pútrido desprendimiento de sus numerosos pedos, más hediondos que el ajo podrido, y por la rugosidad de su piel, peluda cual la del erizo, y más dura que las fibras de la palmera.
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(Las mil una noches, noche 93ª, en la edición de J. C. MARDUS,
traduccíón de Blasco Ibáñez)
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Se me antoja la belleza un sueño largamente anhelado; en cambio, la fealdad es una verdad palpable que nos persigue. Ambos conceptos están cercanos, en cualquier caso, al delirio de nuestra interpretación. Pero, ciertamente, si la belleza es interesante, lo es como un proyecto que hay que trabajar para construir; en tanto que la fealdad es interesante al darnos una realidad que hay que trabajar para investigarla.
Ya en la dicotomía entre lo apolíneo y lo dionisíaco trabajamos este modelo de fealdad. Vemos aparecer la figura de la vieja horripilante en muchas mitologías: la Baba Yaga rusa, donde ocupa un papel muy dominante; las Banshee celtas, puro grito de horror a la muerte; y más cercana, la puta vieja Celestina de Fernando de Rojas. Este personaje de las Noches árabes comparte con la última el rasgo de la inteligencia y la maquinación.
Obsérvese que la descripción propuesta lo feo viene relacionado con lo corporal. El placer siempre ronda lo escatológico, y parece siempre más cercano a lo feo (el vicio), que a lo bello (la virtud). Parece que dejarse llevar por el placer corporal es sucumbir a un dominio cuyo destino es la inevitable putrefacción. Y sin embargo, ¡es placentero! Goce y sufrimiento andan unidos.
Además, este texto pertenece a esa serie que relaciona la fealdad con la depravación (esto da pie a enumerar a los grandes malvados de la historia del arte). Pero también hay otra fealdad que juega a aliarse a la virtud (el mejor ejemplo sería la descripción de Sócrates por Alcibíades en el Banquete de Platón, donde se le comprara con un sileno de madera).
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Está claro que esto de la fealdad ha de ser tratado más detenidamente. Para empezar vamos a ir apuntando una serie de referencias:
  • Freaks, la parada de los monstruos, de Tod Browning (1932). Película imprescindible para iniciar esta andadura. Muestra la verdadera monstrusidad a la que puede llegar el ser humano, no en su cuerpo, sino en su propia alma.
  • El hombre elefante, de David Lynch (1980). Esta otra película se acerca más a la línea socrática de la fealdad. Trata de la auténtica minusvalía del ser humano para reconocer la verdadera belleza.
  • El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde (1890). Una novela ejemplar del gran esteta, del gran decadente. Todo un mito sobre la ética de la belleza y el placer.
  • Historia de la fealdad, de Umberto Eco (2007). Como su obra predecesora, el trampolín idóneo para comenzar una investigación para encontrar a los grandes pensadores de la estética.

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