martes, 21 de julio de 2015

Calderón: LA VIDA ES SUEÑO. Cultura y persona


(SEGISMUNDO) 
     ¿Quién eres?  Que aunque yo aquí
tan poco del mundo sé,
que cuna y sepulcro fue  
esta torre para mí;    
y aunque desde que nací
-si esto es nacer- sólo advierto
este rústico desierto
donde miserable vivo,    
siendo un esqueleto vivo,     
siendo un animado muerto.              
     Y aunque nunca vi ni hablé
sino a un hombre solamente
que aquí mis desdichas siente,   
por quien las noticias sé   
de cielo y tierra; y aunque
aquí, por que más te asombres
y monstruo humano me nombres,
este asombros y quimeras,     
soy un hombre de las fieras   
y una fiera de los hombres.
     Y aunque en desdichas tan graves,
la política he estudiado,
de los brutos enseñado,     
advertido de las aves,   
y de los astros süaves
los círculos he medido,
tú sólo, tú has suspendido
la pasión a mis enojos,     
la suspensión a mis ojos,   
la admiración a mi oído.
     Con cada vez que te veo
nueva admiración me das,
y cuando te miro más,  
aun más mirarte deseo.      
Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser;
pues cuando es muerte el beber,
beben más, y de esta suerte,     
viendo que el ver me da muerte,    
estoy muriendo por ver.
     Pero véate yo y muera;
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me da,     
el no verte ¿qué me diera?  
Fuera más que muerte fiera,
ira, rabia y dolor fuerte
fuera vida.  De esta suerte
su rigor he ponderado,   
pues dar vida a una desdichado     
es dar a un dichoso muerte.
 
Calderón de la Barca: La vida es sueño
Acto I, escena II, vv. 193-242


Al comentar este fragmento podemos desarrollar la siguiente cuestión: ¿qué conocimiento es más fundamental, el que se adquiere en la formación académica, los estudios, o el que se deriva de las relaciones personales, los amigos, la familia? Esta postura sobre la educación y formación de la persona no es nada intrascendente.
En esa posición del ser humano como animal racional, ¿cuánto pesa lo racional, cuánto lo animal? Y siguiendo con lo anterior, ¿cuánto nos humaniza el saber de la cultura y cuánto nos humaniza la empatía con los demás? La historia y la literatura es una sucesión de ejemplos de esta dicotomía.
Y en cuanto a las emociones, está claro que las relaciones personales están dominadas por ellas: sin embargo, la mayor parte de nuestra conversación verbal discute sobre conceptos aprendidos. ¡Cuán difícil se pone siempre sincerarse, expresar los sentimientos vivenciales actuales! Pero, por otro lado, ¿cuánto de sincera puede ser una expresión verbal, cuyos conceptos se adquieren por cultura, sobre la vivencia actual y personal? La distancia entre los sentimientos y la cultura ¿es o no es un abismo?

Estructura: 
Podemos distinguir claramente dos partes. 
  • La primera (vv. 1-26) sobre el estado y formación del prisionero antes del encuentro. 
  • La segunda (vv. 27-50) sobre los efectos que provoca en él la aparición de Rosaura.  
Entre las dos partes se engarzan dos versos que resumen como claves el sentido de ambas partes: 1- “los círculos he medido”, en esa referencia de formación, estudio, totalidad; frente a 2- “tú solo, tú, has suspendido” con la tensión, el desconcierto y el deseo que contrasta el conocimiento aprendido de la realidad vivenciada.

Antítesis, paradojas, paronomasias y retruécanos... 
Todo el lenguaje de Segismundo parece sacado de un manual retórico. No es casualidad que de estos versos se suelan proponer algunos ejemplos canónicos de figuras retóricas. Se trata de un lenguaje forzado, barroco, en el que aparentemente se dice algo profundo pero que apenas se asienta en auténticas ideas. Se trata de marear las palabras. Esto cuadra tanto con la situación de desconcierto del prisionero como con su formación teórica alejada de la realidad.
El único momento de retórica más clara es la estrofa central, en la que se ubica discursivamente el encuentro. Aquí domina el paralelismo, con quiasmos antes del encuentro, pero exacto justo después. En la enumeración primera encontramos una gradación ascendente, donde lo más bajo sería la política y lo más alto (merced al hipérbaton) las matemáticas. En la enumeración segunda, las tres frases pudieran considerarse prácticamente sinónimas, y resalta la sensación de armonía renacentista ofrecida por esta “donna angellicata”vestida de hombre en este discurso barroco.
Las dos últimas estrofas añaden la paronomasia al juego de paradojas y retruécanos. Los conceptos se confunden y unos cogen las connotaciones de otros. Así, la derivación “mirar/admirar”, las pulsiones “ver/beber”, el juego de rimas “verte/muerte”, “muerte/fuerte/suerte”, “fuera/fiera”.

Tópicos 
  • El prisionero: El prisionero entronca con la metáfora dual del alma dentro del cuerpo. 
  • Cuna-Sepultura: El cuerpo mismo es nuestra cuna y nuestra sepultura; el que nos permite vivir y el que nos lleva a la muerte. Pero también el conocimiento, la memoria, como segundo cuerpo, funciona de la misma manera: nos permite saber y nos impide aprender. Al mismo tiempo, cada encuentro, cada sorpresa, cada momento de incertidumbre en el descubrimiento es una suerte de nacimiento vivida como muerte. 
  • Deseo/goce: La misma dualidad entre alma y cuerpo podría hacerse entre los sentimientos y las sensaciones, entre las emociones y su biología. Es la misma. En el discurso general encontramos confundidas las referencias al deseo y al goce. El placer quiere imponerse como criterio. Lo vemos aquí en estas paronomasias. Pero aquí se ve cómo la estocada de deseo pone al goce en su lugar: balbuceando sentidos y quejas. El deseo queda en una puntual suspensión al borde de lo inexpresable.

Encabalgamientos:
  • "Quién eres aunque yo aquí": La identidad del sujeto, el yo, el ser, y el aquí como momentum físico y metafísico de la persona. Y la concesiva, prococando tensión.
  • "Si esto es nacer sólo advierto": La percepción como constante nacimiento. Fenomenología. 
  • "De cielo y tierra y aunque": Una nueva cosmogonía. La adversativa es una dimensión nueva, provocada por el encuentro. 



domingo, 28 de junio de 2015

Dostoyevski: MEMORIAS DEL SUBSUELO

Siendo así, díganme ustedes qué se puede esperar del hombre, de ese ser dotado de cualidades tan extrañas. Prueben a volcar sobre él todos los bienes de la Tierra; sumérjanlo en la felicidad tan profundamente que sólo se perciban en la superficie algunas burbujas; satisfagan sus necesidades económicas hasta el punto de que sus únicas ocupaciones sean dormir, comer pan de especias y pensar en el modo de prolongar la historia universal…; hagan todo esto, y verán como el hombre, por pura ingratitud, por necesidad de envilecerse, les corresponde cometiendo alguna villanía. Incluso correrá el riesgo de perder sus panes de especias y volverá a caer en las necedades más peligrosas, en los absurdos menos ventajosos, sólo por mezclar a esa sensatez positiva un elemento fantástico, pernicioso. Precisamente sus sueños más fantásticos y sus más vulgares tonterías es lo que pretenderá conservar, sólo para demostrarse a sí mismo (como si esto fuera necesario) que los hombres son hombres y no teclas de piano, aunque en verdad lo son para las leyes de la naturaleza, que las tocan, y con tal brío, que pronto no será posible desear nada sin antes consultar el calendario. Además, incluso si se comprobara que el hombre no es más que una tecla de piano y se le demostrase matemáticamente, el hombre no sentaría la cabeza: seguiría haciendo disparates, solamente para evidenciar su ingratitud y su conducta caprichosa. Y si los demás medios le fallan, se sumergirá en la destrucción, en el caos. Será capaz de provocar cualquier desastre únicamente para hacer lo que se le antoje. Lanzará maldiciones contra el mundo, y como sólo el hombre puede maldecir (éste es el privilegio que más claramente lo distingue de los demás animales), conseguirá sus fines, que son convencerse de que es un hombre y no una tuerca.

Fiódor Dostoyevski: Memorias del subsuelo, VIII (1864)

¿Alguien se tomará la molestia de recopilar ejemplos que corroboren esta fantasía? Nuestro no sé si añorado siglo XX, fértil en matices humanos. Nuestro aún adolescente siglo XXI. 
O bien nos basta con las últimas noticias (sean las últimas que sean).
Obsérvese que ese "lo que se le antoje" no está libre de determinismo natural; no pierde, aún así, un ápice de su contenido de libre albedrío. En su razón, el ser humano defiende el arbitrario absurdo de su sentido; no la lógica y caótica disposición de su sintaxis. Y sin embargo, por su naturaleza, ejecuta la compleja construcción de su estructura, independientemente del contenido de sus razonamientos.
¿A qué leer entonces el contenido de los textos?
¿A qué preocuparse por explicar su lógica ejecutante?
Lo dicho obedecerá a su lógica y no a su explicación. La lógica, explicada, no es explicada, sino pervertida al servicio de la otra lógica, que siempre se ejecuta.
¿Vamos a hablar del fracaso del ideal educativo?
¿Vamos a hablar de la poderosa máquina consumista del posmodernismo (o era de los antiguos imperios mediterráneos)?
¿Vamos a hablar de las supersticiones, las pseudociencias, los absurdos escepticismos fóbicos?
¿El fanatismo?
¿Las diminutas manías de nuestro cotidiano comportamiento?
¿A qué nivel? 
Vayan dejando (libremente) sus ejemplos aquí o repartidos por el mundo.

Ustedes pretenden librar al hombre de sus antiguos hábitos y corregir su voluntad adaptándola a las leyes de la ciencia y de acuerdo con el sentido común. Pero ¿están ustedes seguros de que es necesario corregir al hombre? ¿En qué se fundan ustedes para creer que la voluntad del hombre requiere una educación? ¿Por qué creen que esta educación ha de serle útil? Y, para decirlo todo, ¿por qué están ustedes tan convencidos de que siempre es ventajoso para el hombre no ir en contra de sus intereses normales, reales, garantizados por el razonamiento y la aritmética? Esto no es, en resumidas cuentas, más que una suposición de ustedes. Incluso aunque una sea la ley lógica, ¿es acaso la ley humana? Ustedes se dirán que estoy loco. Pero permítanme explicarme.

Fiódor Dostoyevski: Memorias del subsuelo, IX (1864)

domingo, 24 de mayo de 2015

Góngora: SOLEDAD I. El declinar de la ilusión.

Términos le da el sueño al regocijo,
mas el cansancio no, que el movimiento
verdugo de las fuerzas es prolijo.
Los fuegos, cuyas lenguas, ciento a ciento,
desmintieron la noche algunas horas,
cuyas luces, del sol competidoras,
fingieron día en la tiniebla oscura,
murieron, y en sí mismos sepultados
sus miembros, en cenizas desatados,
piedras son de su misma sepultura.

Luis de Gongora: Soledad I, vv. 677-686.

El Barroco no suele explicarse por sí mismo, sino como una derivación del arte renacentista. Aquí no se interpreta tanto como reacción en contra, sino como el esfuerzo asfixiado de mantener los valores estéticos éticos y estéticos del Renacimiento, cuando no se comprenden o simplemente no se cree en ellos. La belleza artística del molde clásico no se corresponde con el espectáculo brutal de la realidad moderna; siempre es necesario un adorno más, una simetría más. El hombre decepcionado y escéptico sólo ve confirmado una y otra vez que el discurso moral y estético está permanentemente frustrado. 
Este fragmento podría interpretarse como una alegoría de ese desplome del entusiasmo humanista en el siglo XVII. El antropocentrismo de la guerra, la miseria, el hambre y la enfermedad, de la corrupción política y el goce y el vicio. La ciencia, las matemáticas, el saber, no han hecho del ser humano algo mejor. El bien fue sólo un sueño. Esfumado el bien, todo se vuelve humo, y la verdad, ceniza.
  • "Términos le da el sueño al regocijo". Si Luis hubiera leído a Sigmund, diríamos que alude a la teoría del sueño como realización de deseos. Si hubiera leído a Jacques, diríamos que juega con la idea de sueño como cierre enunciativo. Siempre irónico: el sueño es el límite, la ley, donde se define el goce que despierto anda desbocado y sin forma.
  • "Mas el cansancio no, que el movimiento". Aún sigo preguntándome por qué es necesario el sueño. ¿Qué función biológica desarrolla, que no basta con tumbarse a descansar? Porque sabemos que no es que el cerebro deje de funcionar, ni mucho menos. Es como si la conciencia fuera un esfuerzo agotador, mientras que la conciencia misma no se siente cansada y seguiría pensando así, con su goce desmedido.
  • "Verdugo de las fuerzas es prolijo". Esto es un tópico: la idea de que el propio afán, el esfuerzo por mejorar, es el que va gestando nuestro cansancio y nuestra derrota. Son las ganas de vivir las que nos acaban. Irónicamente siempre: es tan minucioso el delirio, la ilusión del bien y del sentido, que jamás culmina. Si no fuera por el sueño se impondría sin límite. Y donde digo delirio pongo el Renacimiento y su minucioso afán por acotar el Bien, la Belleza, la Verdad. "Prolijo" es el movimiento; pero ¿es verdugo por ser movimiento o por ser prolijo?. El sentido nunca terminaría de no ser por el punto, tras el cual no hay realmente sentido, sino incertidumbre.
  • "Los fuegos, cuyas lenguas, ciento a ciento". Babel. Las artes. Las ciencias. Las palabras son a cientos lenguas de fuego. Y yo digo: el fuego robado. Y así seguiría encadenando delirantemente enunciados. Bla bla bla.
  • "Desmintieron la noche algunas horas". ¿La noche era falsa? Claro, la noche es símbolo de falsedad. El siglo del oscurantismo iba a terminar con el fuego de los sabios humanistas alumbrando los viejos y sabios textos grecolatinos. Pero dice que la ocuridad es falsa, y no es tal oscuridad. Y en cualquier caso, sólo algunas horas: tantos fuegos cientos para apenas algunas horas: "la luz brilla en la oscuridad, pero la oscuridad no se acaba". El Clasicismo era capaz de captar la transformación en bellas cápsulas ("carpe diem"); el Barroco está ofuscado por el devenir del tiempo ("tempus fugit")
  • "Cuyas luces, del sol competidoras". Aquí radica la clave de este arco barroco. La belleza del arte intentando competir con la belleza divina, a saber la naturaleza, la realidad. El número áureo traduce la escritura de Dios. El hombre renacentista cree que con sus matemáticas puede comprender la verdad de las cosas y plasmarla; para el hombre barroco todo eso no es más que soberbia. Aunque quisiera creer que sabe qué es la belleza y qué es el bien, el mundo bajo el sol es absurdo, ilusorio, feo y decadente.
  • "Fingieron día en la tiniebla oscura". Otra vez la misma idea pero vuelta del revés: ahora es la luz la claramente hipócrita, mientras que la auténtica realidad es epítetamente oscura. El discurso estético y moral, es como un baile que no quiere acabar, que no quiere asumir que no hay música que haga girar las esferas.
  • "Murieron, y en sí mismos sepultados". Otra vez esta idea del cuerpo como sepultura del alma. La vida es la auténtica muerte del alma. El delirio es narcisita y dándose rienda suelta construye su propia prisión y su ceguera, de la que jamás conseguiría salir. Y aquí está la muerte, finalmente, que es la auténtica verdad, inapelable, pero sólo visible desde fuera. A oscuras, porque la muerte es invisible a la luz del goce.
La paradoja de la transformación. Mi discurso ha desatado sus miebros de sentido transformando el final de un baile en la consumación (consumición) final del espíritu renacentista. Crea una realidad paralela que compite con el texto mismo que la origina y al que, tal es su soberbia, pretende explicar. Con prolijo esfuerzo podría refinar mi exposición e ir presentándola de forma bien creíble, suficientemente creíble. No sería sino ceniza. El texto, terminado, presentado como objeto, es el monumental epitafio de sí mismo. No es nada. Si fuera algo, sería, de hecho, algo muerto. Vivo como pretende mientras habla el que habla; pero su sentido es un baile de luz, apenas avistado en la implacable ensoñación de las tinieblas. 


domingo, 10 de mayo de 2015

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA. Gabriel García Márquez

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. «La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros», me dijo. Tenía una reputación muy bien ganada de interprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte.

Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada

Las grandes obras lo son desde su inicio. Desde este primer párrafo, ya se "anuncia" lo que va a ser recurrente a lo largo de la novela.
  • La muerte anunciada en la octava palabra del libro, podría haberse sospechado ya desde la misteriosa intimidad del propio Nasar. El Destino se deslizaba en sus sueños y un buen interpretador -como presumía ser su madre- podría haberlo leído. Precisamente la madre está ciega al íntimo destino de su hijo.
  • Interpretación fallida: nuestro pensamiento es literario en los sueños. El sueño es a Santiago como esta novela es a nosotros. ¿Sabremos interpretar lo que se desliza en el lenguaje literario de esta novela?, o con nuestros recurrentes fracasos demostramos lo difícil que es de aprender lección alguna.
  • Ingenuidad vs. impotencia. Todos los personajes de la novela dan la sensación de que se mueven cándidamente. Vuelan creyendo que jamás se toparán con los hermosos almendros que en invierno florecen. Sólo el lector sabe. Curiosamente el lector es cada personaje mismo, rememorándose, para luego narrárnoslo a nosotros. Y el proceso invertido comienza desde nosotros: hasta nuestra ingenuidad como lectores-vividores.
  • El almendral de las convicciones. En el bosque de la moral, al tropezar con un árbol, unos personajes vuelcan su caída sobre otros. Santiago acaba debajo y muere por asfixia. La presunción de inocencia, la virginidad, la venganza, el matrimonio, la visita del obispo, etc. Todos creen ejecutar su convicción como "debe ser"; pero uno mismo es su casa de herrero con cuchillo de palo y, en el momento del acto ideado, qué sino torpe frustración.
  • Ciertamente, el proceso de la ficción suele ser al revés. Aquí, en cambio, partimos desde la cagada de pájaro para recuperar el paraíso perdido de los higuerones. Porque nuestra historia, también una ficción, sigue la lógica implacable de un solo sentido. Cierto que, al terminar la lectura, hacemos otro rápido viaje de regreso, desde el símbolo de la muerte hasta la realidad inefable de nuestra rutina (o acaso ambos mundos -siendo que los sueños realmente no significan nada- estén separados por un χωρισμός)
Y si desmenuzamos, tal vez encontremos más. Cuando elegimos la mirada fractal, es fácil perderse en un bosque.


domingo, 26 de abril de 2015

Narcisismo. PESSOA

Si recuerdo quién fui, a otro veo.
y el pasado es un presente en el recuerdo.
Quien fui es alguien que amo,
aunque sea sólo en ese sueño.
La nostalgia que la mente aflige
no es mía ni del pasado visto,
sino de quien habito
tras de los ojos ciegos.
Nada, salvo el intante, me conoce.
Mi mismo recuerdo no es nada, y siento
que quien soy y quien fui
son sueños diferentes.

Ricardo Reis - Fernando Pessoa 

"Nadie nació tantas veces como
Fernando Pessoa" (Martín López-Vega
Fuera de la memoria no hay nada. Mientras podemos recordarlo, confiamos en que el suelo bajo nuestros pies seguirá dispuesto a nuestros pasos, incluso aunque mientras caminemos no pensemos en ello. Todos los seres y objetos del mundo que aún no ha sido descubierto, ahí están, actuando. Lo admitiré, recibo su influencia, ya que no aún su conocimiento. Pero asumámoslo: esa certeza es también una fantasía. Nada que no esté siendo elaborado en nuestro imaginario funciona en lo que conscientemente somos ni consideramos. Y, al revés, sólo con imaginarlo, ya funciona.
En la medida en la que uno mismo se desconoce, no sabe todo de sí, no recuerda todo de sí, ¿a quién recuerda, qué imagina? Conocemos al objeto; pero ¿cómo conocer al sujeto que conoce? Y si nos conocemos, ¿qué sabemos realmente del conocer mismo?, y acabaríamos por concluir que tampoco podemos conocer los objetos. Y llegados a este punto, pronto olvidamos, seguimos andando, obrando y opinando, seguros de no caer en error. Seguros de que sabemos.
No soy quien recuerdo, sino el que me recuerda; y, a ese, difícilmente puedo conocerlo. El que me recuerda piensa en mí como piensa en cualquier otra cosa. Piensa en mí pensando, y ese bosque de recuerdos quiero ser yo. Yo, su consencuencia, ni quiero ni recuerdo. Me imagino queriendo y recordando porque así me recuerda y así me imagina, tal como imagina y recuerda, y quién sabe si quiere, otras cosas.
Yo soy el objeto de otros, que me quieren y me recuerdan y me piensan. Yo, eso, lo he olvidado. Yo creo ser yo pensando, recordando, olvidando, queriendo. Pero, al olvidar, en mi, ya no queda lo olvidado. Lo olvidado es otra vez el suelo que confiamos en pisar sin querer acordarnos. Ese que piensa y quiere realmente, tal vez sí recuerde. ¿Cuántos olvidos puede estar recogiendo? Yo soy un olvido fundamental. ¿Cuántos más soy habiendo olvidado que somos olvido?
Así como de las paredes espumosas surgen a veces máscaras. Yo sea esa máscara, creyendo estar del lado de la autenticidad y no de la máscara. Quizá no sea la única y me crea la única máscara. Podría ser solo una de las muchas espumas emergentes que se creen la única máscara. Y detrás de la máscara no estoy yo, por supuesto, sino un mar no conocido, que ni pretende ser mar, ni máscara, ni nada.
Hoy no pienso, hoy parafraseo. Hoy mis pensamientos se escriben al dictado del día, al dictado de otro que piensa y escribía al dictado. Fantaseo con que es el instante quien dicta. Este instante imposible que es común a ambos. Ambos cruzamos por él un gesto, una marca, una puerta abierta a la ignorancia.

Se recordo quem fui, outrem me vejo,
e o passado é um presente na lembrança.
Quem fui é alguém que amo
porém  somente em sonho.
E a saudade que me aflige a mente
não é de mim nem do passado visto,
Senão de quem habito
por trás dos olhos cegos.
Nada, senão o instante, me conhece.
Minha mesma lembrança é nada, e sinto
que quem sou e quem fui
são sonhos diferentes.


Ricardo Reis - Fernando Pessoa

domingo, 19 de abril de 2015

ASESINATO y TABÚ. Patricia Highsmith: El talento de Mr. Ripley

    Tom se puso tenso. Era como un gramófono que estuviese sonando dentro de su cabeza, como un pequeño drama que se estuviera representando allí mismo, en la sala de estar, sin que él pudiera hacer nada para interrumpirlo. Podía verse a sí mismo de pie, junto a las enormes puertas que se abrían al vestíbulo principal, hablando con la policía y con míster Greenleaf. Podía oír su propia voz y ver que le creían.
    Pero lo que parecía aterrorizarle no era aquel diálogo, ni la alucinante creencia de haberlo hecho (porque sabía que no era así), sino el recordarse a sí mismo de pie ante Marge, con el zapato en la mano e imaginándose todo aquello de un modo frío y metódico. Y el hecho de que hubiese sido la tercera vez. Las otras dos veces eran hechos, no frutos de su imaginación. Podía decirse que no había querido hacerlo, pero lo había hecho, ésa era la verdad. No quería ser un asesino. A veces llegaba a olvidarse por completo de que había asesinado. Pero a veces, como le estaba sucediendo en aquellos momentos, le resultaba imposible olvidar. Sin duda, aquella noche lo había conseguido durante un rato, al pensar sobre el significado de las posesiones y sobre por qué le gustaba vivir en Europa.

Patricia Highsmith: El talento de Mr. Ripley, capítulo 26

Se dice "instinto asesino". Si realmente existieran los instintos, habría que asumir que todos los humanos estamos impregnados de ese impulso. Ejemplos a favor encontramos en la agresiva rivalidad sexual de los mamíferos masculinos o, sin más, la rutina depredadora que, como simios de mirada binocular, debiéramos comportar. Argumentos en contra debiera de proponer la ciencia genética, que daría dudosa viabilidad a la teoría de los instintos.
Si no es instinto, el impulso asesino y su represión queda a cargo de la educación o de la formación del individuo. Los niños no tienen compasión con sus juguetes, con moscas y lagartijas. Los celos infantiles tienen una fuerza mitológica. No pueden matar porque no tienen fuerza o habilidad suficiente; para cuando la tengan, posiblemente ya han interiorizado que su sociedad más cercana no lo permitiría fácilmente. 
La cultura no siempre ha tratado igual el asesinato. Pronto apareció, suponemos, un "no matarás"; sin embargo, tardaron en desaparecer los sacrificios, las ejecuciones, las guerras. Hay ciertas situaciones donde algunas culturas siguen tolerando el asesinato como acto. Hay contextos culturales donde se sigue recurriendo al asesinato como idea. En la ficción, parece un recurso imprescindible.
Así pues, en esas dimensiones múltiples que habita el ser humano, aún estamos en esa conquista del tabú ancestral: desde que nace, el asesinato forma parte de sus naturalezas.

En este fragmento de la novela se resalta la irrealidad del acto asesino. El personaje fantasea con la posibilidad de asesinar, además, recuerda haber asesinado. Por otro lado, comprueba que en esta ocasión no lo ha hecho, además fantasea con la sensación de haber olvidado y fantasea las convincentes explicaciones que daría para demostrar que no hubiera asesinado cuando lo hubiera hecho realmente. 
El confuso juego de realidad-ficción al que nos lleva el personaje se adereza con la sensación de frialdad o normalidad con la que Tom vive el asesinato. No hay rastro del pretendido tabú; sólo el peligro claro de ser descubierto. 
Un elemento aún más importante: "sin que él pudiera hacer nada para interrumpirlo". El asesinato hubiera sido en ese momento el recurso desesperado (tanto como lógico) de una secuencia de hechos que no puede controlar. Tampoco puede controlar su propia fantasía y emotividad (ahora podría delatarle), cuando su primer asesinato, el de Dickie, sí que fue impulsado por su emotividad. Llegado el momento, ¿qué detendría al asesino que sabe a ciencia cierta que puede salirse con la suya?¿El tabú nos controla acaso sin que podamos evitarlo? Si fuera así, ¿de dónde viene?, porque tabú no es instinto ni es exactamente razón. El tabú es una fantasía social o cultural que da al acto su carácter reprobable, criminal, prohibido, imposible.
Y lo más terrible -hoy me parece de este áspero asunto- ¿dónde situar al sujeto de la decisión? El que asesina cuando la lógica de los hechos se impone, ¿qué margen no le debe a la determinación de los hechos? El que se reprime tan sólo por la eficacia del tabú, ¿qué margen no le debe a la determinación del tabú?

    Con un gesto brusco, se volvió sobre un costado, y apoyó los dos pies en el sofá, sudando y temblando, preguntándose qué le estaba pasando, qué le había pasado; si al día siguiente, al ver a míster Greenleaf, empezaría a soltar una serie de incoherencias sobre Marge cayéndose en el canal y él gritando para pedir ayuda, luego tirándose al agua sin poder encontrarla. Aunque Marge estuviera allí con ellos, temía perder el control de sí mismo y delatarse como un maníaco.

Patricia Highsmith: El talento de Mr. Ripley, capítulo 26