lunes, 16 de julio de 2012

El saber: FRANKENSTEIN de Mary Shelley

..... Pero allí estaban los libros y allí los hombres que más profundamente habían penetrado en ella y que sabían más. Acepté todo lo que afirmaban y me convertí en su discípulo. Quizá parezca extraño que esto sucediese en pleno siglo XVIII, pero mientras seguía la rutina de los cursos en los colegios de Ginebra, adquirí por mi propia cuenta una sólida base en lo que se refería a mis estudios predilectos. Mi padre no poseía un espiritu científico, así que tuve que luchar a solas con mi sed estudiatil de conocimientos y la ceguera de un niño. Bajo la dirección de los nuevos prececptores que había elegido, me lancé con la mayor diligencia a la búsqueda de la piedra filosofal y el elixir de la vida; pero no tardó este último en acaparar todo mi interés. La riqueza era un objetivo inferior; en cambio, ¡qué gloria conseguiría si lograba desterrar la enfermedad del cuerpo humano, y volver al hombre invulnerable a todo, salvo a la muerte violenta!
..... Pero no eran éstos mis únicos proyectos. El poder de convocar espectros y demonios era algo que mis autores preferidos postulaban que era fácil de conseguir, y a ello me apliqué con la mayor ansiedad; y si mis conjuros no lograron su objetivo, atribuí el fracaso más a mi propia inexperiencia y a mis errores que a la falta de habilidad y de veracidad en las teorías de los maestros. Y así estuve un tiempo dedicado al estudio de sistemas superados, mezclando como un inepto mil teorías contradictorias y debatiéndome desesperadamente en un auténtico cenagal de conocimientos heterogéneos, guiado por una ardiente imaginación y un raciocinio infantil, hasta que un accidente cambió de nuevo el curso de mis ideas.

Mary W. Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo;
Capítulo I

Pues sí, a estas alturas del siglo XXI parece mentira que no nos hayamos alejado tanto de esa frontera nebulosa entre el saber científico y la superstición.
Porque la diferencia no está tanto en el contenido de ambos discursos, siempre saberes parciales; sino, creo yo, en la actitud. El científico es, además de un saber, un no-saber; y no suele olvidar esto. La superstición levanta sobre la excusa del no-saber, un saber, y olvida con facilidad su profunda ignorancia. En este sentido, el jovencito Víctor actúa más como un científico, a pesar de que levante su investigación en discursos esotéricos. Porque a fin de cuentas, ¿cómo distingue un niño entre un verdadero saber y un falso saber, cuando sólo tiene acceso a los discursos?
Y nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI ¿tenemos acceso a los hechos? Hace unas semanas dieron por descubierto el bosón de Higgs. ¿Es entonces un hecho? Como lo fue el átomo, el electrón, la energía misma, la masa ¿son hechos? La memoria del agua ¿es un hecho? La desmedida fe o el desmedido escepticismo con que nos entregamos a tales discursos ¿qué dice de nosotros?
Porque no sólo está el mundo físico. Al adentrarnos en la persona, en la palabra, en el discurso, proliferan los fantasmas. Leer es el arte de invocar a los espíritus. El que comenta textos vive "su tiempo dedicado al estudio de sistemas superados, mezclando como un inepto mil teorías contradictorias". ¿Hay otra manera que no sea ésta, debatiéndonos en un "auténtico" cenagal de conocimientos heterogéneos?
Para comprender ese sencillo objeto de lo que somos.
Al monstruoso ser tejido de retales de saber al que pretendemos dar por vivo.

miércoles, 4 de julio de 2012

El fantasma: FRANKENSTEIN de Mary Shelley

.....La noche fue avanzando durante esta charla, e incluso había pasado la hora de las brujas antes de que nos retirásemos a descansar. Cuando apoyé la cabeza sobre la almohada, no me pude dormir, aunque tampoco puedo decir qué pensaba. Mi imaginación, espontáneamente, me poseía y me guiaba, dotando a las sucesivas imágenes que surgían en mi mente de una viveza muy superior a los habituales límites de la ensoñación. Vi (con los ojos cerrados, pero con la aguda visión mental), vi al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al ser que había ensamblado. Vi al horrendo fantasma de un hombre tendido; y luego, por obra de algún ingenio poderoso, lo vi manifestar signos de vida y agitarse con movimiento torpe y semivital. Debía ser espantoso, pues supremamente espantoso sería el resultado de todo esfuerzo humano por imitar el prodigioso mecanimo del Creador del mundo. El éxito aterraría al propio artista; huiría horrorizado de su propia obra. Confiaría en que, abandonada a sí misma, se apagaría la leve chispa de la vida que había infundido; en que este ser que había recibido tan imperfecta animación se resolvería en materia inerte; y así pudo dormir, en la creencia de que el silencio de la tumba extinguiría para siempre la existencia efímera del horrendo cadáver al que había juzgado cuna de la vida. El estudiante está dormido, pero se despierta; abre los ojos; mira, y descubre al horrible ser junto a la cama; ha apartado las cortinas y le mira con sus ojos amarillentos, acuosos, pero pensativos.
.....Abrí los ojos con terror. La idea se apoderó de tal modo de mi mente que me recorrió un escalofrío de miedo, y quise cambiar la horrible imagen de mi fantasía por realidades de mi alrededor. Todavía las veo: la misma habitación, el parque oscuro, las contraventanas cerradas con la luna filtrándose a través, y la impresión que yo tenía de que el lago cristalino y los blancos Alpes estaban más allá. No pude librarme tan fácilmente de mi espantoso fantasma; seguía presente en mi imaginación. Debía tratar de pensar en otra cosa. Recurrí a mi historia de fantasmas... ¡mi tediosa, desafortunada historia de fantasmas! ¡Oh! ¡Si al menos lograra inventar una que asustase a mi lector como me había asustado yo esa noche!

Mary W. Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo,
"Introducción de la autora para la edición de 1831".

Muñecas rusas de lo real: Lo siento por mis queridos Borges o Cortázar; pero esta joven de 34 años os dio un buen repaso hace ciento ochenta años. Revive en el lector la concepción de un recuerdo en el que ella imagina a un estudiante reviviendo a un ser emulando el acto supremo del Creador. El estudiante despierta, ella despierta, nosotros ya despiertos, pero la criatura sigue allí (aquí).
Después de esto, temo pensar que es posible que la posteridad olvide a Borges, olvide a Cortázar, mientras siga caminando con paso firme la criatura del estudiante creado por Mary Shelly (esto es, nosotros, el futuro lector).

La creación artística: No olvidemos que este fragmento sigue casi inmediatamente a un párrafo que trata sobre el proceso creativo del autor. "La invención, hay que admitirlo humildemente, no consiste en crear del vacío, sino del caos" -dice Mary Shelley-. "La invención consite en esa capacidad de aprehender las posibilidades de un tema; y en poder moldear y formar ideas sugeridas por él". Nosotros diríamos alegremente: ¡la invención es un comentario de texto!
Pero aquí podría oponerse la creación artística a la creación natural. La diferencia entre ellas ¿cuál es? En ambos casos, se parte de una serie de elementos y materiales, más o menos al azar, y se "ensamblan" para formar un objeto nuevo. Un texto es un tejido de textos, cuyos hilos están hechos de textos. Todo objeto es en realidad un "palimpsesto". La diferencia está, parece ser, según nos lo muestra Mary Shelley en la actitud ante el objeto, actitud por parte del creador o por parte del receptor (¿hay diferencia?).
Mientras que en la creación natural, asumimos esta creación con "naturalidad", el objeto creado artificialmente tiene algo de monstruoso. Esto, sin embargo, es absurdo. Tan aterradores son los objetos de la naturaleza, que vemos como monstruos destructores, como naturales asumimos los objetos artificiales, casi prolongación de nuestro ser mismo. Así pues, ¿cuánto de creación es precisamente la "actitud" y no tanto cualquier otro hecho o relación?

La naturaleza del Creador: "Pues supremamente espantoso sería el resultado de todo esfuerzo humano por imitar el prodigioso mecanismo del Creador del mundo". ¿Y no es el Creador un personaje creado también por nuestra ancestralmente cultural imaginación? Porque, al Creador real ¿quién podría conocerlo? Por tanto, es realmente aterrador el fantasma del Creador. Volvemos pues al juego de muñecas rusas, en el que creación natural y artificial se encierran, un mundo creado dentro de otros. ¿Quién es creador de quién, personaje y autor?
¿Sobre quién recae la responsabilidad de lo real? Sobre el personaje autor o el personaje creado ¿quién es quién? Porque todo esto viene arrastrado desde los problemas de autoría del Lazarillo, del Quijote, de Góngora en mis últimos comentarios. Yo, como comentarista, soy responsable de que Mary nos haga responsables de su terror como lectores. El mismo terror que ella se hizo sentir a sí misma. ¿Es que el monstruo no tiene responsabilidad alguna sobre el terror que provoca; es que el monstruo no es, en sí mismo, real?
El mundo es el cadáver de un monstruo, hecho con trozos de otros cadáveres de monstruos, y al que, orgullosos de nuestro poder, queremos insuflar vida, para dar fe de que nosotros mismos, monstruos muertos al fin, estamos vivos.

Soñamos con que la muerte hará desvanecer nuestros sueños. Pero no es así, la muerte es un sueño más, y nuestros sueños, la vida, la muerte, al abrir los ojos, siguen ahí.

¿Pero quién es ese que abre los ojos y qué son realmente esos ojos, y ese abrir, en qué consiste?



domingo, 24 de junio de 2012

GÓNGORA: Responsabilidad y Cultura

Píramo fueron y Tisbe
los que en verso hizo culto
el licenciado Nasón,
bien romo, bien narigudo,
dejar el dulce candor
lastimosamente oscuro
al que túmulo de seda
fue de los dos casquilucios,
moral que los hospedó
y fue condenado al punto
si del Tigris no en raíces,
de los amantes en frutos.

Luis de Góngora: Fábula de Píramo y Tisbe.

Góngora y el Culteranimo. Góngora, el príncipe del estilo "lastimosamente oscuro", ¿es el responsable de su culteranismo? O más bien es la cultura, la que inevitablemente ha de dar fruto a un personaje como Góngora. ¿Quién es el resposable hipócrita lector último o primero de la realidad de una obra?
En este fragmento, merced al intrincado hipérbaton, a la ambigüedad sintáctica, a la salida de tono constante, Góngora nos enseña a leer. En este fragmento, ¿qué es sujeto de qué?, ¿cuál es el complemento de qué objeto? Quienes consideren que hay una respuesta correcta que sancione gramaticalmente este enunciado, serán "condenados al punto".
Pero no sólo eso. Este es el fragmento del romance que hilvana los elementos de autor, personajes y símbolo. La confusión de sujetos y objetos multiplica las posibilidades y nos lleva a plantearnos todas las posturas de responsabilidad, no ya en este poema, sino en la compartida realidad.

Píramo y Tisbe: Es la persona el responsable último o somos meros personajes al arbitrio de una responsabilidad más alta. Y lo que dijéramos de Píramo y Tisbe, habríamos de decirlo igualmente de Ovidio, de Góngora, de ti, de mí y del otro. ¿Somos autores o personajes? ¿Somos reales o ficticios? 

El autor: es el responsable de la muerte (y la vida) de sus personajes, tanto el autor original, como el primer traductor (Ovidio Nasón), como el último traductor (Góngora); si bien éste último ya denuncia con su ironía este asunto de la responsabilidad. Si Ovidio los hizo morir, el mismo Góngora los podría haber salvado, pero prefiere la denuncia. Y tú lector, puedes obedecer la lectura propuesta o traicionar con tu lectura alejada, el texto. Y yo explicarte el texto con ideas que no son fieles al texto. ¿Quién es el verdadero autor de un texto? ¿Y de nosotros como texto?

La sociedad: "bien romo, bien narigudo" hace alusión a la moral de la época que separaba a cristinanos viejos (romos) de los conversos (narigudos). Igual que ahora la moral sigue segregando tanta división de clases, de ideologías, de afectos. Cada cual toma partido, asume y defiende una posición, que en realidad no tendría por qué asumir, ni mucho menos defender. Y se teje al otro sin entrar en el Otro.

La ignorancia o la inocencia: ("dejar el dulce candor") Se dice que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Ciertamente, las piedras no saben nada de la Ley de Gravitación Universal cuando caen. He aquí un nada baladí debate entre el ser y el saber. ¿Somos lo que sabemos? o es que "ser" es ya "saber", y lo que llamamos "saber" es otra cosa. Y desde luego, no parece que (ni el ser ni el saber) sea la dulce felicidad.

La muerte: ¿Cuál es el lugar de la muerte de Píramo y Tisbe? Es acaso el suelo donde fallecieron, o la urna donde reposaron sus cenizas. O acaso el moral que creció en su lugar. Son Píramo y Tisbe los frutos del moral que es la muerte (o el árbol es la vida); o bien son meros alimentos del gusano (el poeta) que con su seda (el poema) teje la verdadera realidad de la persona y de la muerte. ¿Por qué existen hoy Píramo y Tisbe, porque vivieron, porque amaron o porque murieron?

El símbolo: La persona, decimos, toma partido por su símbolo. El símbolo es anterior. La cultura es anterior. Y lo que queda de la persona es un nuevo símbolo: su tumba, su nombre, su poema... Pero el símbolo no es exactamente esa actualización que hace la sociedad como partido, ni el pensamiento que actualiza el símbolo en la persona. El símbolo no es más que un significante, cuyo significado, no olvidemos, es arbitrario.

Y el perdón: Que a nadie se le escape que las aguas del Tigris mantienen sin culpa las raíces del moral.

lunes, 14 de mayo de 2012

EL QUIJOTE, Miguel de Cervantes

"¡Oh tú, bienaventurado sobre cuantos viven sobre la haz de la tierra, pues sin tener invidia ni ser invidiado, duermes con sosegado espíritu, ni te persiguen encantadores, ni sobresaltan encantamientos! Duerme, digo otra vez, y lo diré otras ciento, sin que te tengan en continua vigilia celos de tu dama, ni te desvelen pensamientos de pagar deudas que debas, ni de lo que has de hacer para comer otro día tú y tu pequeña y angustiada familia. Ni la ambición te inquieta, ni la pompa vana del mundo te fatiga, pues los límites de tus deseos no se estienden a más que a pensar en tu jumento; que el de tu persona sobre mis hombros le tienes puesto; contrapeso y carga que puso la naturaleza y la costumbre a los señores. Duerme el criado, y está velando el señor, pensando cómo le ha de sustentar, mejorar y hacer mercedes. La congoja de ver que el cielo se hace de bronce sin acudir a la tierra con el conveniente rocío, no aflige al criado, sino al señor, que ha de sustentar en la esterilidad y hambre al que le sirvió en la fertilidad y abundancia."

Miguel de Cervantes: El Quijote II, capítulo XX.

Se dice que hubo una vez un hombre que llegó a confundir discurso y realidad. Que el mundo entero, con enteros sus detalles, era como estaba narrado y descrito en los libros. Y así, quiso aplicar ese mundo y ese discurso a su propia persona, ponerlo, como suele decirse, en práctica.
Sólo fue ese hombre. Culpable él entre toda una humanidad de inocentes, ingenuos, ignorantes, que saben, que no han oído hablar jamás de las palabras, y no tienen más realidad, que la que pudieran nombrar delante de sus ojos, y actúan, lejos de la confusión.
Ese hombre no era nadie. Sólo un puro pensamiento, ya no contaminado por la acción. Pura acción, aún no contaminada por el pensamiento. Un hombre y su relato de amor. La ilusión de un instante sobre un mundo que se hunde.
Ese hombre es el amo de mi alma y el esclavo de mis ojos.

"Quién puede ser sino algún maligno encantador de los muchos invidiosos que me persiguen? Esta raza maldita, nacida en el mundo para oscurecer y aniquilar las hazañas de los buenos, y para dar luz y levantar los fechos de los malos. Perseguido me han encantadores, encantadores me persiguen, y encantadores me perseguirán hasta dar conmigo y con mis altas caballerías en el profundo abismo del olvido, y en aquella parte me dañan y hieren donde veen que más lo siento; porque quitarle a un caballero andante su dama es quitarle los ojos con que mira, y el sol con que se alumbra, y el sustento con que se mantiene. Otras muchas veces lo he dicho, y ahora lo vuelvo a decir: que el caballero andante sin su dama es como el árbol sin hojas, el edificio sin cimiento, y la sombra sin cuerpo de quien se cause."

Miguel de Cervantes: El Quijote II, capítulo XXXIII

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domingo, 6 de mayo de 2012

Lazarillo de Tormes: El buldero.

.....En el quinto por mi ventura di, que fue un buldero, el más desenvuelto y desvengonzado y el mayor echador dellas que jamás yo vi ni ver espero ni pienso que nadie vio; porque tenía y buscaba modos y maneras y muy sotiles invenciones.
.....En entrando en los lugares do habían de presentar la bula, primero presentaba a los clérigos o curas algunas cosillas, no tampoco de mucho valor ni substancia: una lechuga murciana, si era por el tiempo, un par de limas o naranjas, un melocotón, un par de duraznos, cada sendas peras verdiñales. Ansí procuraba tenerlos propicios porque favoreciesen su negocio y llamasen sus feligreses a tomar la bula.
.....Ofreciéndosele a él las gracias, informábase de la suficiencia dellos. Si decían que entendían, no hablaba palabra en latín por no dar tropezón; mas aprovechábase de un gentil y bien cortado romance y desenvoltísima lengua. Y si sabía que los dichos clérigos eran de los reverendos, digo que más con dineros que con letras y con reverendas se ordena, hacíase entre ellos un Santo Tomas y hablaba dos horas en latín: a lo menos, que lo parecía aunque no lo era.
.....Cuando por bien no le tomaban las bulas, buscaba como por mal se las tomasen, y para aquello hacía molestias al pueblo e otras veces con mañosos artificios. Y porque todos los que le veía hacer sería largo de contar, diré uno muy sotil y donoso, con el cual probaré bien su suficiencia.


ESTRUCTURA Y RECURSOS
  1. Presentación del buldero (párrafo primero). Esta parte está dominada por la hipérbole, apoyada por la enumeración, y una sintaxis acumulativa que, marcada por el polisíndeton, infla la aposición del buldero. Así, comienza con la misma pompa aparente con la que el propio buldero se presentaba a sí mismo. Esa exageración en el lenguaje está en sintonía con la religiosidad artificiosa e interesada que denuncia; es decir, en la denuncia de la bula, el propio Lázaro intenta vendernos su "bulo".
  2. Desarrollo metodológico (párrafos segundo y tercero). En contraste con la sintaxis acumulativa del párrafo anterior, aquí se despliega todo un organigrama lógico:
    -Primer paso (gerundio "En entrando"): el estímulo. Una vez más recurre a la enumeración. Se comprueba lo dicho anteriormente: esta enumeración de dádivas del buldero es como la enumeración de Lázaro al presentarlo. Y si en el primer párrafo predominaba la exageración, aquí se exagera el menosprecio de los dones: "cosillas", "no de mucho (litote)", "tampoco", "valor ni sustancia".
    -Segundo paso (gerundio "Ofreciéndosele"): la respuesta. Y ahora hay un análisis de las opciones:
    a) "Si decían que entendían"... la acción en castellano. Y una vez más nos ofrece una descripción basada en enumeración de rasgos. Con esto, podríamos deducir que Lázaro, quisiera asociarnos con unos lectores "que entienden" (utiliza al presentarnos al buldero también la enumeración).
    b) "Si sabía que los dichos clérigos" ... la acción en latín. Obsérvese además la perfecta oposición sintáctica entre las dos condicionales: en la primera, los clérigos saben y dicen, mientras que en la segunda, el buldero es el que sabe y los clérigos son dichos. En esta segunda opción, el recurso principal es la ironía ("reverendos", "un Santo Tomás"), en perfecta correspondencia con la estrategia del buldero, que habla un idioma que parece, pero no es.
  3. Acción práctica (párrafo cuarto). Si en el primer párrafo el buldero era el blanco de la mofa de Lázaro, y en el segundo los clérigos son las víctimas del propio buldero, ahora la manipulación tiene como objetivo a la gente del pueblo (y, desde luego, siempre al lector, pues este párrafo no hace sino prepararnos para el inmediato relato de la estafa del buldero).
    También aquí propone un planteamiento de alternativas; pero esta vez en torno a los conceptos de "bien" y "mal". De nuevo, la relación entre la forma de expresión y la crítica del contenido es perfecta, porque precisamente nos asocia con el discurso moral de la religiosidad económica de las bulas. Porque la bula es la gestión económica del castigo divino. Así, el castigo no es una consecuencia inherente del pecado, sino un "mañoso artificio" para vender el perdón del discurso económico-religioso.
    Igualmente, esto tenemos que ponerlo en situación con la acción misma de Lázaro: su propio relato es un "mañoso artificio", que al mismo tiempo que denuncia, nos hace desconfiar de la denuncia. Todo lo que Lázaro nos cuenta, y cómo nos lo cuenta, es como la historieta del buldero, buscando el perdón de "vuestra merced" (si el buldero vende el perdón de los demás, Lázaro está vendiendo su propio perdón).
APUNTES Y CONCLUSIONES
  • El buldero es un nuevo maestro de oratoria y retórica para el pregonero Lázaro. Por un lado, vemos la perfecta afinidad entre los recursos de expresión y las estrategias del buldero. Pero no olvidemos que lo que sabemos del buldero sólo es lo que deducimos de la expresión del propio Lázaro. La hipérbole inicial ya nos hace sospechar que la picardía de aquel estafador probablemente no llegue a la altura de su aventajado discípulo mientras la cuenta. La ironía constructiva es contundente.
  • Crítica al lenguaje superficial. Alguien vería aquí una crítica a la religiosidad falsa, pero en realidad, donde el narrador coloca a los clérigos, nosotros podríamos poner a cualquier oficio basado en su discurso: por supuesto la religión y sus profesionales, pero también los científicos, los psicólogos, los políticos, los profesores, y sobre todo los profesores de lengua y literatura, que no hacen sino vender un saber como si realmente supieran decir y dijeran un saber, cuando en realidad solo venden bulos sobre el decir y el saber de otros.
  • La ironía del ser/parecer. Es constante en la obra. Y empieza por Lázaro mismo y su "carta". En el anonimato de la novela, Lázaro parece una persona real sin serlo. El estilo del Lazarillo constantemente nos está haciendo desconfiar de alguien que no existe; pero nuestra desconfianza es tan real, que vuelve real a Lázaro. Nuestra constante lectura y relectura de su carta es una renovada resurrección de este personaje, del que no terminamos de saber si critica o si critica a los que critican, si denuncia a los personajes o denuncia al lector. Y si al final el lector acaba desconfiando de sí mismo y de su propia lectura... ¿cómo leer?
  • La sociedad mercantil. Alguien pensará que esto de mezclar cultura y economía es nuevo, reciente; pero vemos que es tan antiguo como el Lazarillo (yo diría que tan antiguo como el mester de clerecía o tanto como Homero). La bula es un soborno cultural, una trampa, un tropo del discurso. Es un chantaje emocional, que transforma el discurso ideológico en un recurso económico. Visto así, tampoco es algo exclusivo de la religión de aquellos siglos vaticanos; sino que ¿cuánta economía se vende al servicio de ideas peregrinas?
  • El dinero de lo irreal. Es otra manera de decir lo mismo de antes. Cuando la economía se basa en elementos "tangibles" parece que se comprende; pero cuando el dinero representa algo inmaterial, ¿qué? Y no olvidemos que este es el caso de Lázaro. Su primer amo le enseñó esta nueva relación con el dinero. El ciego, alejado de la economía material, subsiste vendiendo plegarias; pero curiosamente, esas plegarias no son terminadas, cuando el cliente desaparece, el ciego corta sus rezos. El primer oficio real de Lázaro fue el de aguador: "vender agua", hoy diríamos vender aire, porque el agua ya se vende, ya (en realidad, se le paga por transportarla, por distribuirla). Pero lo más importante: Lázaro es hoy y por siempre un publicista, un pregonero, alguien que no sólo vende información, sino que recibe dinero a cambio de darle valor a las cosas y a la información, y para colmo, para darle valor a la información del castigo de los delincuentes (para rematar la bula). No sólo es recibir dinero a cambio de información, sino recibir dinero a cambio de dar valor (sí, sí, como S&P).
  • "Cuando por bien no le tomaban las bulas, buscaba como por mal se las tomasen, y para aquello hacía molestias al pueblo e otras veces con mañosos artificios". ¿A qué nos suena esto? La enfermedad como remedio.

lunes, 30 de abril de 2012

Alí Babá y los cuarenta ladrones

 "¡Por Alah, ¡ya Alí Babá! he aquí que a tu destino se le pone el rostro blanco, y te transporta desde el lado de tus asnos y de tus haces hasta el centro de un baño de oro como no lo han visto más que el rey Soleimán e Iskandar el de los dos cuernos! Y de improviso aprendes las fórmulas mágicas y te sirves de sus virtudes y te haces abrir las puertas de roca y las cavernas fabulosas, ¡oh leñador bendito! Esa es una gran merced del Retribuidor, que así te hace dueño de las riquezas acumuladas por los crímenes de generaciones de ladrones y de bandidos. ¡Y si ha ocurrido todo eso, claro está que es para que en adelante puedas hallarte con tu familia al abrigo de la necesidad, utilizando de buena manera el oro del robo y del pillaje!"

Las mil y una noches; noche 852.

Y de repente, llega uno de estos textos, que no sólo reivindica la posición del analista, sino que es en sí mismo un comentario literario de la profesión. Si durante estos años me he dedicado a comentar textos literarios, he aquí que varios siglos antes ya hubo quien hizo literatura del comentario de textos (de los que hacemos leña del árbol caído).
¿Qué más voy a decir? ¿Acaso necesitan explicación los símbolos usados, a saber, los asnos, el oro, la abertura de la roca, la cueva, los ladrones? Tampoco tengo por qué hablar más del Destino, del Retribuidor, ni siquiera de la elección de Salomón y Alejandro.
Otras veces he hecho referencia a la complejidad de asumir la autoría de un texto, de una reflexión, de un comentario. Porque, como Alí Babá, cada lector se encuentra ante el tesoro recopilado por cuarenta o cuarenta veces cuarenta lectores, que, ladrones todos de un enorme saber, utilizan a su manera lo valioso del botín que puedan llevarse. Y el escritor, y el pensador, ¿no es un lector?
Autoría, responsabilidad, propiedad, deuda... son conceptos muy borrosos cuando se trata de cultura, y más de lenguaje, cuyas palabras son monedas de alto valor, que circulan sin ningún propietario pero levantan poderosas economías.
¿Y cómo dudar que nuestra economía y nuestra cultura se levantan sobre crímenes? Y sin embargo, eso no quita valor a lo bueno que podamos hacer con ello. Aunque sólo sea modificar la carga de nuestra estupidez.
Benditas las artes que nos enseñan la manera de decir: "ábrete texto".